(Viene de la cuarta parte)

 

Alfonso Reyes, a E.G.M.

El alma en soledad está indefensa,

la ruta desconoce todavía:

todavía me pierdo en tan inmensa

desolación y en la quietud tan fría.

Amanezco a cantar, y la suspensa

canción se ahoga como en agonía:

yo no sabía que el dolor dispensa

de cantar y llorar, no lo sabía.

Si ayer me hacían las palabras fiesta,

y el ruido de la gente, compañía,

hoy pregunto sin voz, y no hay respuesta.

Enrique, pon tu mano con la mía.

Tú dijiste: ‒Callar, la ley es ésta.

¡Cuánta razón tu corazón tenía!

Estamos ante un poema compuesto por Reyes para Enrique González Martínez, a razón de la muerte del hijo del segundo. A primera vista queda claro que estamos ante un soneto con rima regular. Formalmente, además, llaman la atención sus encabalgamientos: “inmensa desolación”, “suspensa canción” y “dispensa de cantar y llorar”; pues los dos primeros mantienen un esquema rítmico no respetado por el tercero, lo que ha de situar nuestra atención en ese cambio de ritmo, pues al parecer algo hace el “dolor” en el poema que lo modifica completamente. Sigamos los versos.

         “El alma en soledad está indefensa”. Verso que nada nos dice en tanto no preguntemos de qué está sola el alma, o indefensa ante qué. El alma está sola porque ninguna otra alma la acompaña en la indefensa situación en que se encuentra. ¿Cuál indefensión? La de quien no encuentra camino. La ruta se ha perdido y el poeta explica por qué, de ahí el uso de los dos puntos: algo lo ha desolado tan profundamente que ni en los momentos en que regularmente creyese salir del pasmo ha podido salir, al contrario, ha permanecido desolado en una quietud fría. La quietud fría no es un ocio cualquiera, no es que nada quede por hacer, sino que señala aquella situación en la que atónitos miramos lo que no podemos creer sin que la siempre persuasiva realidad pueda convencernos. El poeta está desolado por un pasmo terrible, como a quien no calienta ni el sol, y ante la desolación está indefenso. No está en las manos del poeta salir de la desolación.

         “Amanezco a cantar”, dice el poeta. De alguna manera el inicio del verso sería un alegre anuncio de la mañana que por fin llega, como si ahora ya pudiese salir de la desolación. Sin embargo, el primer encabalgamiento es elocuente: la alegre mañana que comienza a cantar se ahoga agónica. Agonía es lucha, encuentro de contrarios: la alegría se ensombrece ante la tristeza de la desolación original. Retractado, el poeta reconoce “yo no sabía que el dolor dispensa de cantar y llorar”. El dolor ahoga la alegría al tiempo que ahoga las lágrimas mismas. La desolación, la indefensión, nacen del dolor, de un dolor tan grande que ni llorar, ni lamentarse cantando, es posible. Dolor que todo lo ahoga, dolor que todo se lleva, dolor que todo lo cubre, dolor de muerte. El poeta, como nosotros, no sabía todo eso del dolor.

         Don Alfonso compara su vida cotidiana con las letras, la fiesta poética que es el caer de los días de la vida de los hombres armoniosos, con la desolación de la vida marcada por el dolor; la algarabía tumultuosa de los chismorreos usuales, el jocoso sentimiento de compañía en las palabras de todos los días, con la indefensión solitaria del dolido. El dolor nos arranca de la fiesta de la vida y nos arrincona en la suspirante soledad del pesar. El poeta pregunta sin voz, porque sólo piensa, nada puede hacer para preguntar; y pensando, no encuentra respuestas, perdido en el dolor se pierde todo sentido.

         Al final, el poeta sólo encuentra un camino para soportar el dolor: pide al dolido amigo su tierna compañía. Amistad que contempla el dolor en el silencio, amistad que se hace fuerte para superar la desolación, amistad que calla admirada de descubrir que al final el corazón guardaba razones, o bien que el sentimiento es racional, vital y verdadero.

         Dos enseñanzas del poeta: primero, que sólo la compañía amistosa nos permite superar el pasmo ante la muerte; segundo, que más allá de las razones, la superación se inicia en el corazón.

Námaste Heptákis

 

Ejecutómetro 2011: 5784 ejecutados hasta el 7 de junio.

 

Ideas en marcha: Comparto algunas ideas notables de la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad.

“Si no nos servimos, si no nos amamos, si protegemos intereses, si el punto fundamental de la vida como lo han planteado tanto los políticos como los criminales es el poder por el poder y el haiga sido como haiga sido, y el dinero a costa de lo que sea, vamos a perder nuestra dignidad”. Javier Sicilia, 4 de junio.

“La violencia empieza con las mentadas de madre […] No hay que golpear al hombre malo, hay que golpear al mal”. Javier Sicilia, 5 de junio.

“Los pacíficos no tienen más patria que sus muertos y más futuro que sus hijos”. Organizador zacatecano de la caravana, 6 de junio.

“¿Dónde estaba el miedo anoche? La guerra se fue a dormir durante algunas horas. Al dolor ya le podemos agregar alegría”. Julián Le Barón, 8 de junio.

“Cuando el cansancio llega al corazón, la voluntad queda paralizada. Pero más allá del cansancio, hay que emprender el camino con un paso nuevo. No hay triunfo sin renuncia”. Norma Ledezma, madre de una de las jóvenes (16 años) ejecutadas en la protesta de la calle Aldama, Chihuahua. 9 de junio.

Coletilla: El pasado lunes fue beatificado don Juan de Palafox y Mendoza, de quien suelo recordar los siguientes versos:

¿Para qué quieres tener

si todo lo has de perder?

No tienes lo que retienes

sino cuando lo haces bienes;

pero entonces lo tendrás,

cuando lo repartirás.