Ahora que trato de escribir algo me percato de que las palabras no acuden en mi auxilio; el silencio impone su presencia en mi cabeza, en mi lengua y en mis dedos, los cuales no responden a mis mandatos por atender a lo dictaminado por él.

Me quedo perpleja ante la hoja de papel en blanco, y aún antes de haber dibujado un trazo le veo como si ésta ya estuviera llena, ya no hay nada que pueda dibujar sin mancharla, el silencio se impone y me deslumbra como lo hace la blancura del papel cuando lo coloco en la ventana y un rayo de sol es reflejado hacia mis ojos.

El cegador reflejo del papel me deja ciega, ya no veo con claridad aquello que me rodea, y el silencio se impone ahora más que nunca, no puedo articular palabra, no veo bien y eso me impide desatar los cordeles con los que el silencio me mantiene quieta.

De momento siento mi mente vacía, pero me percato de que estoy pensando en el vacío que siento que me invade y de que quizá podría escribir al respecto, pero de momento no veo con claridad como para que mis palabras puedan corresponder con justicia.

Por más que intento aclarar mi mente el silencio se impone me deja pasmada y alejada de la amable mano de la musa que me asistió antaño.

Maigo