(Viene de la primera parte)

Octavio Paz, Intermitencias del Oeste (3) [México: Olimpiada de 1968]

La limpidez

(quizá valga la pena

escribirlo sobre la limpieza

de esta hoja)

no es límpida:

es una rabia

(amarilla y negra

acumulación de bilis en español)

extendida sobre la página.

¿Por qué?

La vergüenza es ira

vuelta contra uno mismo:

                              si

una nación entera se avergüenza

es león que se agazapa

para saltar.

(Los empleados

municipales lavan la sangre

en la Plaza de los Sacrificios)

Mira ahora,

manchada

antes de haber dicho algo

que valga la pena,

la limpidez.

El poema de Paz es un clásico de la buena poesía comprometida. Para leerlo debemos atender al aspecto dramático del poema, sugerido por el uso de los paréntesis y las cursivas. Podríamos decir que estamos ante un poema a tres voces. Una primera que es el autor sentado a su mesa componiendo un poema, garabateando en el papel el primer verso. La primera voz nos dice que hay una limpidez falsa, una pureza impura o una tersura áspera, y la hay porque en realidad esa limpieza y pulcritud esconden una rabia. La primera voz se encuentra ante un hecho que, aunque quiere disimularse como limpio, es esencialmente vil. “¿Por qué?”, se pregunta desesperada, ¿cómo se llegó a ese engaño?

         La segunda voz, marcada por los primeros dos pares de paréntesis, es reflexiva. En primer lugar, el autor se dirige a sí mismo para convencerse a escribir, pues está ante un hecho que lo enfurece tanto que no considera que las palabras vayan a valer la pena. Después, se percata que sus palabras, que fluyen con dificultad, se entorpecen más por la acritud de la bilis. Ambas voces se encuentran impávidas ante un pasmo doloroso que sólo puede expulsar, imagino que con aquella fuerza exasperante de la indignada resignación, un “¿Por qué?”.

         Inmediatamente, ante la extenuación de las dos voces, aparece una tercera que habla en cursivas y como con sapiencia. En realidad no dice mucho, pues son frases generales que permiten interpretaciones varias. En realidad la tercera voz le recuerda a las otras dos algo leído con anterioridad: palabras de Marx que ponen a la vergüenza como principio de la revolución [Carta a Ruge, marzo de 1843].

         Mas la segunda voz, otra vez entre paréntesis, le recuerda a la primera que ahí están en la plaza los hombres contratados para limpiar la sangre, que la vergüenza revolucionaria no supera el pasmo ante la muerte, el pasmo ante la violencia. La revolución y el espíritu de los sacrificios, ambos banalizan la vida y quieren que la rabia se beba con sangre.

         Regresa la primera voz para darse cuenta de lo que ha pasado: tan sólo quería escribir sobre el pasmo de la muerte violenta en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968 y la sinrazón la llevó a una teoría que celebra la sangre.

Doble enseñanza del poeta: primero, que perdemos el camino si sacrificamos el pasmo ante la violencia en los altares de la revolución; segundo, que la ira y la violencia no se expresan necesariamente con más ira y más violencia ‒a veces el silencio puede ser más elocuente.

Námaste Heptákis

Ejecutómetro 2011. Hoy debo la cifra, pues los reportes de las narcofosas recientes presentan inconsistencias en algunos diarios.

Coletilla: A veces se olvida que Javier Sicilia no está derrocando gobiernos, ni pidiendo negociaciones ilegales; lo ha dicho, pide que recuperemos la posibilidad de vivir bien. Otra cosa es que las buenas intenciones de un hombre de bien y de fe sean manipuladas por los revoltosos de siempre.