El Cristo, muriendo en la Cruz para salvar

al mundo, no es lo mismo que el mundo

crucificando al Cristo para salvarse.

Juan de Mairena

I

Es difícil permanecer incólume ante la violencia. En el exceso de la abstracción académica es sencillo llegar a reconocer la naturalidad de la violencia, es casi fácil comenzar a enaltecerla, e incluso es posible aceptar –con el menor de los pesares- que el hombre es violento por naturaleza. Pero eso es un exceso, es insalubridad, patología espiritual. Por otra lado, entre los escasos hombres que enarbolan dogmáticamente la esperanza en la hermandad humana es cosa cualquiera desechar la violencia como posibilidad, es vano considerar que ese pequeño y destructor yerro humano puede dar mínima cuenta de lo que el hombre es. Mas eso es defecto, podredumbre anímica, vileza ética. Lo realmente difícil es pensar la violencia, la violencia de nuestros días, la de los miles de ejecutados, sin caer en los extremos.

Me desconcierta la violencia. Y me desconciertan más las explicaciones que abundan sobre nuestra violencia. Por eso quiero hablar de la violencia. Hablar de la violencia pero sin detenerme en descripciones vergonzosas, pusilánimes; que ya de ello colman nuestra vida los periódicos. Hablaré hoy de la violencia buscando comprenderla, saber de ella, explicarme este pasmo ante la brutal degradación de nuestros días. Me gustaría entender el pasmo ante la violencia sin olvidarme de él, sin dejarlo de lado, sin que la teoría se vuelva ensalmo. Para ello seguiré la indicación de un pasmado. Ha dicho recientemente Javier Sicilia, tocado por la violencia tras el asesinato de su hijo hace dos semanas, que él cree que es tiempo de más poesía, de leer poemas de dolor para que la sapiencia poética nos ayude a comprender nuestro pasmo ante la violencia. Leeré, pues, poemas del dolor, esperando que la sapiencia poética me permita comprender el pasmo ante la violencia y su denso marasmo de muerte.

Námaste Heptákis

Ejecutómetro 2011: 3620 ejecutados hasta el 13 de abril.

Coletilla: ¡El país tiene solución! Según declaró algún senador panista, la nueva sede del Senado cambiará las costumbres de los legisladores y ahora sí se pondrán a trabajar. ¡Eureka! ¿Vendrá ahora el alud de nuevos edificios públicos?