Su amor en la oración aquieta todo:
el cuerpo, el pensamiento, la memoria,
y en su vasta e infinita trayectoria
me sumerjo, me abismo, me acomodo.
Bajo más y su amor se hace desierto,
se hace quietud inmensa y desolada,
páramo de la luz, exacta nada,
silencio en el que a solas me despierto.
Luego cae el vacío, cae la noche,
cae de Dios el azul de su derroche
sobre la clara ausencia de mi ausencia,
y cuando al fin la muerte estoy rozando
desnudo me descubro en Él y amado.

Javier Sicilia

 

No puedo argüir ante la muerte. Tampoco podría hacerlo ante el asesinato o ante la pena de muerte -su eufemismo irresponsable-. Nada puede argumentarse ante quien prefiere la muerte, porque la diferencia entre lo pensado sobre el sentido de la vida no es argumentativa, sino que al parecer se acerca más a la forma de un sentimiento, una apreciación del buen gusto, que a una verdad taxonómica o inferencia posible. No podría argumentar a favor de asesinato alguno, porque veo en el asesinato un acto vil, despreciable y, ante todo, lamentable. Ante el asesinato me lamento: por mí, por ti y por el asesino; no por la víctima. Me lamento por mí, porque me descubro vil, porque al indignarme con ira ante el asesino, cuando quiero volver a llamarlo “hijo de puta”, me descubro incapaz para la caridad, me veo cerrando el puño antes de vislumbrar la posibilidad de poner la otra mejilla, me encuentro tan soez como el asesino mismo. Me lamento por ti, porque incapacitado para la caridad fallo en mi compromiso contigo, porque sin caridad no podemos vivir bien. Y me lamento, finalmente, por el asesino, porque recibirá improperios igual de injustos que los míos, porque los que no sabemos amar caritativamente lo juzgaremos con una crueldad tal que ninguna vileza lo merece. Ante el asesinato de Juan Francisco Sicilia, hijo de Javier Sicilia –infatigable buscador de Dios en la claridad furiosa de los versos, poeta inspirador de la necesidad de la fe cristiana-, me lamento, porque nada puedo argüir ante la muerte, porque –como dijo Iván Illich- yo también decidí observar el silencio.

 

Námaste Heptákis

 

Ejecutómetro 2011: 2991 ejecutados hasta el 30 de marzo.

Coletilla: Rápidas fueron las respuestas a la tontería del gobernador de Chihuahua sobre el reclutamiento forzoso de los ninis, pero en ningún lado se escuchó que buena parte de los aspavientos que generan los ninis en la conciencia de nuestros prohombres tiene por origen la criminalización del ocio.