No he podido escribir ni el título, no puedo llenar un párrafo, ni siquiera componer con coherencia más de una docena de líneas. Ni hablar de la sintáxis, hoy no hay rima, no puntualidad y mucho menos profundidad.

Que no se me exija lógica, que no me pidan claridad ni validez, que no me pidan rigor ni tampoco gravedad, mucho menos originalidad.

No sé de qué hablar, siquiera si tiene sentido comenzar a hacerlo o, peor aún, si de veras lo hago. No quiero comenzar a escribir y no quiero porque no puedo. Que no se me pida autenticidad ni franqueza, hoy no quiero ser intelectual. Hoy no me soliciten ser yo, no quiero y ya dije por qué.

Sin ganas cuando menos de oír, ni de dormir o comer o escribir o leer, ni estar acostada, parada, sentada, hincada ni nada. No quiero saber de gramática, ni retórica, ni de espacios ni tiempos. No he sabido idear ideas, no imagino imágenes ni concibo conceptos. No puedo mantenerme creativa, hoy no hay ni poco.

Que no me pidan seguir reglas, que me adhiera a lo ordenado, que sume los patrones ni que adopte los caracteres. No quiero presionarme a pensar, a sostener firmemente mi cabeza, no puedo ni revisarme (cómo saber qué he dicho), por ahora no quiero mentar, nombrar ni de menos evocar.

No entiendo de naturaleza ni de apariencia, no sé qué es lo que asemeja ni lo que diferencia. Nada sé de lo común y poco noto de lo normal.

Hoy no puedo ni componer, ni andar, ni descansar. Qué me queda por hacer, nada sino llanamente estar.

La cigarra