Después de mucho pensarlo, he decidido que el día de hoy tan sólo diré que hoy no voy a decir nada. Lo que sucede es que estoy cansado, y en esas condiciones lo mejor parece ser callar, para no decir incoherencias. Lo más curioso es que para callar de verdad también es necesario pensar, pues el que calla sin pensar no calla de verdad; tan sólo calla el que piensa algo acerca de algo más y está en posibilidad de decir su pensamiento, pero no lo hace por alguna razón.

 

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