Están los que dicen mentiras. Están los que dicen verdades. Están los que se sienten encargados de resolver todos los problemas, y los que creen que pueden hacerlo. Están los que se asumen como los responsables velar por el futuro de los demás, y los que piensan que eso es imposible. Están los que creen que son los únicos que piensan, aunque no piensen más que los demás. Están los que son dogmáticos. Están los que se entregan al libertinaje. Están los que sostienen que no tienen nada que ver con nadie y que mientras ellos no se metan en nada, nadie tiene que meterse con ellos. Están los que sólo buscan que les pongan estrellitas en la frente porque son muy inteligentes. Están los que creen que son los primeros en darse cuenta de que hay muchas cosas que están mal, cuando eso no es nada nuevo. Hay quienes son tan ingenuos que creen que pueden maquinar las cosas en beneficio del prójimo, y hay quienes lo intentan sin ver que son parte de otra maquinación. Hay los que se presentan como algo que no son, pero les conviene parecer. Hay los que se presentan tal cual son, pero son conocidos como algo que ellos no son. Están los que son felices con todo el mundo y los que hacen creer que lo son sin serlo. Están los que no están a gusto en ningún lado. Están los que confunden todo con todo, y están los que confunden algunas cosas con algunas otras, y los que no confunden nada nunca.

También hay quienes creen que tan sólo por juntarse con algunas personas ya son tan inteligentes como esas personas con las que se juntan. Están los escapistas y están los comprometidos. Están los que dicen que se involucran con todo, aunque en realidad nada más se involucran con algunos asuntos, o con ninguno. Hay quienes, sin querer involucrarse en nada, están involucrados con todo. Están los chingones, y están los pendejos. Están, por supuesto, los que son unos borrachos y ya, además de los que, aunque también son borrachos y ya, dicen que son los únicos que no siguen modas para pensar al mundo en el que todos vivimos. Están los que profesan y quieren profesar. Están los que profesan sin darse cuenta de que lo hacen. Están los que se mueren por que alguien les haga caso. Y están aquellos a los que todos les hacen caso. De estos últimos, están unos a los que les hacen caso por algo por lo que no deberían hacerles caso, y otros a los que les hacen caso por lo que sí deberían hacerles caso. Están a los que de plano nadie debería hacerles caso. Por supuesto están los que buscan a quién hacer caso, y los que no quieren hacer caso a nadie. Están los que siguen a los ídolos de antaño, y están los que han sido maravillados por las novedades. Están los que hacen discursos apegados a lo que creen. Están los que hacen discursos sobre lo que no creen. Hay los que creen que el mundo puede mejorar. Y están los que creen que no. Hay los que confían en los que ya estaban allí antes. Hay los que sospechan de aquéllos antes de cualquier otra cosa.

Están, pues, todos ellos aquí. Están los unos viviendo junto a los otros, a veces discutiendo, a veces platicando. Algunas veces están celebrando juntos, otras veces amenazándose unos a otros. Seguro habrá quienes piensen que todos ellos son lo mismo que han sido por generaciones. Yo, por mi parte, prefiero pensar que no es así, pues eso se llama conformismo, del cual no se derivaría otra cosa que una actitud apática e indiferente, y todos sabemos que la cosa no es así y que eso no es lo que yo quiero. En fin, que estén bien todos, estén o no estén.