“Lo que quiero decir es que antes me gustaba ver gente,

pero ahora no lo puedo soportar”

Hoy estoy molesto. A decir verdad no sé por qué. Supongo que es ese maldito resfriado y el ardor que siento en la garganta desde el sábado, pero eso me gano por rehusarme a tomar medicinas, o bien por no quedarme en casa a descansar; por la cerveza fría el día que comenzó la enfermedad. Ahora que lo pienso mejor, no estoy tan molesto. De hecho fue un buen fin de semana: el viernes en la noche terminé de leer el libro de Dickens en el que había estado ocupado últimamente, el sábado en la noche salí a caminar y terminé bebiendo en el lugar de siempre hasta muy tarde, mientras veía el partido de basquetbol entre los Soles de Phoenix y el Jazz de Utah (¿quién diría que los de Utah jugaran tan mal, después de tantas temporadas tan buenas, en tiempos de Stockton y de Malone), así como a algunas mujeres desnudarse y bailar en mi regazo; y el domingo, por su parte dormí todo el día. Buen fin de semana, aunque, insisto, quizás no debí beber tantas cervezas tan frías. Es muy probable que por eso sea tan grande la congestión de mis vías respiratorias y el susodicho ardor. Y no es sólo eso. Esta maldita tos y los estornudos. Siento como si una combustión incontrolable se propagara por el interior de mi caja torácica cada que un estornudo me sobreviene, y la tos no es menos insoportable. Además, apenas puedo mantener los ojos abiertos, y aún tengo que tomar el transporte público hasta mi casa. El contacto con las ráfagas de aire frío sólo empeora todo. Debí ponerme la bufanda que me obsequiaron la semana pasada, pero el sol de mediodía, cuando estoy en el Colegio, es intolerable. ¡Maldita sea! ¡Y todavía tengo que estudiar para el seminario de mañana! No creo que lo logre. Con el malestar que siento me voy a quedar dormido. Lo peor de todo es que tendré que soportar a los demás asistentes al seminario el día de mañana, puro erudito fastidioso que lo único que busca es la aprobación del profesor. Muchos dirían que soy antipático, lo sé, pero francamente no me importa. Yo ya no quiero seguir jugando al académico. Ya estoy harto de tanta mentira. Todos se la pasan fingiendo ser lo que lo son (aunque sabiendo decir y haciendo creer que lo son), pero únicamente para alimentar más y más el ego y, con ello, seguir impresionando estudiantes, señoras, señores, compañeros y colegas, para pasearnos por las aulas y por los patios pregonando falsedades y traicionando amistades: ¡pura basura!

No importa. Como dije, hoy estoy molesto, así que no vale la pena hacer caso a lo que estoy diciendo. Mejor me callo y ya. De cualquier manera las cosas seguirán como hasta ahora, me queje o no me queje, y las quejas me hacen parecer antipático. Mejor será seguir con el juego de siempre, feliz con todo; feliz con todos. Ya mañana será otro día.