De lo que tengo miedo es de tu miedo.

 

Hay quienes descuidadamente se atreven a afirmar que la vida es miedo, quizá indicando con ello que el miedo es lo que mueve al hombre. Por miedo se reúne un individuo débil con otros tantos, igual o más débiles que el primero, al menos eso dicen algunos defensores del miedo; hay otros más temerarios que sin tapujo alguno afirman que es debido al miedo que deseamos haya paz sobre la faz de la Tierra.

Decir que la vida es miedo, es decir que nos movemos debido al miedo, el deseo de protegernos de todo aquello que nos atemoriza nos hace huir de lo temido, armar fuertes y encerrarnos en ellos con tal de que lo temido no pueda alcanzarnos nunca.

La atemorizada carrera que se emprende ante lo temido, da mucho para considerar que el miedo es lo que nos mueve, que es lo que nos guía en la vida. Sin embargo, hay un aspecto del miedo que parece no haber sido experimentado por aquellos valientes que consideran a sentimiento tan poderoso como el hacedor del mundo, me refiero al miedo que paraliza.

Ese miedo que paraliza me parece más genuino que aquel que mueve al hombre para huir de lo que lo amenaza, quien busca escapar aún ve una esperanza de sobrevivir, quien se queda paralizado ha sido tomado completamente por el miedo, y si acaso se mueve su cuerpo es debido a que éste ya no puede contener el temblor que ha invadido a su alma, debido a que ya no encuentra esperanza o posibilidad alguna de salir airosa una vez que se he enfrentado a lo que le teme.

Considerando al miedo como un sentimiento que se apodera del alma y, no le permite moverse como para siquiera ver la posibilidad de sobrevivir ante aquello a lo que se está enfrentando, me parece bastante absurdo que haya quien considere a tal sentimiento paralizante como el origen y fuente del movimiento que caracteriza a la vida.

Quizá quienes ven en el miedo la causa de lo que somos nunca lo han sentido realmente.

 

 

Maigoalida.

 

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