Obsesiva  búsqueda de tu figura iluminada,

imposible de ser nuevamente alcanzada.

Delicioso desenfreno por los flujos de tu sexo,

al yacer tú recostada frente a la imaginación mía.

El recuerdo de la desnudez de tu persona

revestida de mil lujos naturales,

descubiertos todos ellos por mis besos,

reflejos de tu inocencia tan deseada

alguna vez por mí tenida y robada.

De tus labios el anhelo y de tus muslos

en que antaño sacié mis apetitos más violentos.

Yo, ardiente y apasionado devoto tuyo,

te poseo una y otra vez con cada nueva amante.

A ti, lujuria mía, mi mayor e inmerecido fausto,

condena eterna de mi alma desgraciada,

dedico mis placeres todos, aunque nunca más estés conmigo.

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