¿Y si hoy no lo hago? ¿Y si hoy finjo que lo olvidé y no lo hago? Estoy cansado de hacerlo día y noche, no he podido parar desde hace tanto tiempo que ya ni recuerdo cómo era yo antes de comenzar a hacerlo. Pensé que podría dejarlo rápidamente o en poco tiempo, pero  –siendo honesto– eso fue sólo un pretexto para alentarme, para poder soñar con poderlo abandonar pronto. Y sigo aquí sin poder detenerme. ¿Cuándo se me volvió necesario?

Incesante es la faena, lo hago porque así debe ser, porque así me lo advirtieron desde siempre, porque no puedo recordar un sólo día en que nadie lo haya hecho, porque, como se nota, así debe ser simplemente. ¿Qué es lo que me dijeron que pasaría si no lo hacía? ¡Ah! Ya ni lo recuerdo, ni recuerdo tampoco cuándo lo olvidé. Sólo sé que no me gustaría que dejara de pasar lo que pasa mientras se siga haciendo.

Pero ¿Y si no pasa nada? ¿Si sólo es así por una razón vaga? Momento, ¿Y si en verdad un día, descuidadamente, lo dejara pasar? No, no podría dejarlo pasar, no puedo desconocer repentinamente toda mi vida. Nadie podría desatender ello. No podría. Así que aquí seguiré, sin poder cesar. Aquí seguiré y es todo.

Maldigo tres veces el momento en que Ser se volvió vital.

La cigarra

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