El infierno soy yo.

Jhon Milton.

No hay nada tan desagradable como sentirse decepcionado, no importa si de alguien, de algo o de uno mismo, la sensación de cargar con un peso insoportable está siempre ahí, haciéndose presente en el alma y en el cuerpo de quien se ha convertido en presa de la decepción. El hombre decepcionado siente que no puede moverse, se sofoca bajo su propio peso al encorvar tanto la espalda y no ve con claridad lo que hay en torno suyo en tanto que enfoca su mirada en aquello que le causa tanto pesar.

Pero, a pesar de esto hay quienes consideran a la decepción como algo bueno, en tanto que evita que el alma se pierda tal como ocurre con un caballo desbocado corriendo hacia un abismo. El peso que trae consigo la verdad descubierta en el desengaño del que nace la decepción evita en última instancia que el hombre que sufre padezca un mal mayor a causa de aquellos actos que ha realizado sin poder juzgar con claridad lo que hace.

Partiendo del supuesto de que la decepción es efectivamente el pesar que encarcela al alma una vez que la verdad ha salido a la luz, podemos decir de esta que es un dulce carcelero en tanto que impide al hombre falto de juicio continuar con aquellos actos que lo perderían aún más de lo que ya se siente al estar decepcionado.

Con lo hasta ahora dicho, parece que no hay más que señalar sobre la decepción, empero aún falta dirigir la mirada al otro lado de la celda y fijar la atención un momento más en el ser que es capaz de padecer decepciones. Me refiero al hombre falto de juicio, pero capaz de sincerarse consigo mismo y de aceptar que se ha equivocado al juzgar a otro, al pensar en alguna situación o al juzgarse a sí mismo.

Se dice que la mejor manera para evitar las decepciones es evitando las esperanzas, lo cual indica que sólo puede sentirse apesadumbrado aquel que actúa conforme a una finalidad, quien simplemente va por la vida perdiéndose en lo efímero del presente no puede decepcionarse pues la decepción cae sólo sobre aquellos que se piensan a sí mismos en un tiempo posterior o que consideran lo que ha venido siendo de una forma errónea.

Habrá quien diga ante esto último que vivir sin esperanzas es vivir en la realidad, pero la única manera de vivir con los pies en la tierra sin perderse en el carácter efímero de lo presente es teniendo una visión clara de todo lo que pasa en el corazón del hombre, visión que es propia de la divinidad y a la que no pueden acceder ni los más grandes entre los hombres.

Así pues, en tanto que la decepción sólo se hace presente en el alma humana, podemos pensar de ésta que es aquello que por dolorosa que sea permite a quien se decepciona detenerse un instante para poder reflexionar sobre el camino que lleva, y decidir continuar o cambiar de rumbo.

Maigoalida.