La angustia de no saber qué se es.  Un suspiro desesperado, la luz del mar solo incrementaba el sinsabor de los labios que habían sido. Era esclava en la orilla de la vida humana, recordé el sonido, el aire, la ambiguedad de una solitaria canción de cuna… y su amor.

Mi vida era el temor constante de no saber dónde ir, de reflejarme en las desolaciones de otros. Entre el abismo y mis sueños solo había un paso, del mar, a la luz, de sus labios a la locura, de mi locura a su imagen, del recuerdo a la orilla, desde sus manos hasta mis ojos. Vivaz, corriendo desde el suspiro hasta la sangre.

Si el miedo no es locura, entonces, estoy viviendo de manera incomprensible, me empiezo a hundir, sin control, te grito al fin. El temor al miedo, la gracia que no me alcanzaría, el fin que cazaba; recordaste el grito, mientras yo aguzaba los sentidos por cada alarido, mi acto favorito, tu intento de huir, para qué, solo fue uno de mis malos días. ¿Acaso no deseabas ver lo mejor de mí?

Anuncios