Ayer se ha conmemorado el centenario de la Revolución Mexicana. Pero antes de precipitarnos a ajustar una perspectiva dentro de la historia, de la que nosotros nos sentimos partícipes, sería preferible estudiarla. Para nuestra comodidad tenemos una página que nos brinda un recuento de la misma: http://www.bicentenario.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=468&Itemid=83

Las ventajas de tener un recuento de la historia es que por medio de ella le damos fundamentos a una cultura, pero más concretamente legitimamos una nación. Defino Nación como: Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. Tres elementos se derivan de esa definición: Origen, Idioma, Tradición, todo ello es común, es decir Dicho de una cosa: Que, no siendo privativamente de nadie, pertenece o se extiende a varios. Partiendo del hecho de que esa “cosa” a la que se refiere nuestra definición son los tres elementos anteriores, podemos dar el siguiente paso.

De los tres elementos fundamentales podemos decir que cada uno puede poseer una visión objetiva y otra subjetiva. En teoría, la subjetividad nos permitiría un rango de libertad de desarrollo cultural que se manifiesta en la objetividad de esa cultura. Sólo la objetividad puede garantizarnos la verdadera comunicación, pero sólo la subjetividad puede asegurarnos nuestra libertad individual. De ello se desprende la posibilidad de que la cultura se nos imponga objetivamente, es decir, por medio de las manifestaciones objetivas de la cultura es posible condicionar la subjetividad.

Localizada dentro del campo de la tradición, la “historia oficial” es un ejemplo de imposición objetivista de la cultura. El afán principal es el de plantear los fundamentos objetivos para considerar una visión homogénea de la cultura mexicana y con ello de la nación. Una vez planteada una visión teórica homogénea de la nación mexicana es posible reclamar una hegemonía de estado, con ello un Estado-Nación.

La historia manifiesta que toda Nación se formaliza por medio de una constitución política. Históricamente son dos las constituciones de mayor reconocimiento en México: La constitución federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1857 (que desató las guerras de reforma) y la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos de 1917 (que, en teoría, formaliza el cese del conflicto bélico acontecido desde su estallido en 1910), misma que representa el fundamento por el que hoy en día nos regimos (http://www.cdhecamp.org/Constitucion_Mexicana.pdf ).

La primera se origina en pleno auge del pensamiento liberal  mexicano; representa una tentativa de consolidación nacional. La segunda se presenta ante un manifiesto desgaste de la voluntad belicosa, que no obstante, consolida el pensamiento liberal de la primera constitución por medio del establecimiento de las garantías individuales. Una de ellas, por las cuales se remarca su importancia histórica, es el artículo 3º, relativo a la educación: laica, científica, democrática, nacional, y social. Por medio de éste artículo y no por una lucha armada, es por lo que, en lo personal, considero que hay que conmemorar. La educación es condición de posibilidad para la reflexión de nuestra historia, de nuestra educación histórica.

El último paso es éste, para poder ejercer nuestra libertad individual, me refiero a un verdadero ejercicio de nuestra libertad de pensamiento, no condicionado por la educación de la “historia oficial”, no debemos permitir que nuestra subjetividad sea condicionada a festejar eventos, ni símbolos, ni héroes que pretendan forzar la homogeneidad cultural, cuya cifra de analfabetismo asciende a 5.9 millones, así como 7.5 millones de jóvenes entre 12 y 29 años que ni estudian ni trabajan. (http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=544635) La nación debe emplear los recursos no en forzar la homogeneidad, conmemorando revoluciones armadas cuyos objetivos se perdieron hace mucho tiempo, la verdadera Revolución Mexicana acontece en el ámbito educativo. Una revolución no anquilosada por la oficialidad ni radicalizada por la lucha armada. Sólo así podremos conmemorar algo.

PseudoLevi Areopaguita