Lo siguió por todo el parque. El sendero se hacía eterno. Reparó en un anuncio de esquina. La distancia era la regla. Los pasos secundaban otros pasos.

Puso fin al su camino. Entró en su edificio. La puerta quedó abierta. Un vecino saluda indiferente. Las escaleras se hiceron livianas. Las llaves sonaron por el pasillo. La distancia se acortaba. Uno abría la puerta, el otro preparaba la embestida. Sin barullo ambos entraron. Se encararon.

Y el resagado murmuro el reclamo: “Regresame mi sombra”.