A.- Respuesta:

 

Saludos a La Cigarra y a todos los demás. Como la publicación de nuestra querida Cigarra es un relato, me veré forzado a comentar un poco mi parecer acerca del mismo. Lo forzado no viene de platicar con la Cigarra, sino de que no quiero caer en meramente criticar su relato desde lejos, pero a ver si esto se puede

.

Para empezar hay que atender que el título quiere decir una de dos cosas “allá afuera en el Mictlán” o “Allá, donde se hace la ofrenda, en el Mictlán”, lo cual podría sugerirnos que la intención era evidenciar que el personaje de la lectura va y se ofrenda ante el señor de la región de los muertos, Mictlantecuhtli. Habremos de esperar a la autora para que nos haga la aclaración.

 

En general me pareció una narración entretenida y bien hecha para ilustrar una de las imágenes míticas más difundidas en nuestros días del inframundo concebido por la cultura mexica. También siento que le dá ambiente el que haya conservado las expresiones que se encuentran en las fuentes. Sobre el Tlalocan y el Ilhuacac, son la primera y la más remota región de las regiones que podríamos llamar “celestes”, o supraterrenas, pero como creo que ya estoy cayendo en lo que quería evitar, en ponerme a dar notas, se me ocurre que mejor la autora nos lo vaya explicando, o ya si se sienten con ánimos de buscar, encuentren los lexicones que hay en internet sobre los códices. A diferencia de los diccionarios en línea, que muchas veces resultan muy abstractos, los lexicones y vocabularios de códices, muestran la relación de las palabras originales con las derivadas.

 

B.- Notas sueltas.

I.

Antes de comenzar a hablar por la muerte en el mundo prehispánico, me gustaría que nos preguntáramos por la posibilidad de hablar de esto. Para empezar hay que tomar en cuenta que hablar de pueblos, ciudades y culturas desaparecidas lleva muchísimo de riesgo en cuanto a referir verdades se refiere. Si bien, no pretendo adentrarme en cuestiones historiográficas de fondo, creo que no será muy difícil que admitamos que para lograr aunque sea una somera comprensión de los usos y costumbres de un pueblo, así como de comprender las ideas que rigieron la vida de una sociedad y su moral, es necesario tener fuentes más o menos ricas.

 

Arte, arquitectura, textiles, son buenas fuentes, pero insuficientes para levantar la comprensión de una cuestión como la vida y la muerte (pues ambas se implican)  en el mundo prehispánico. Pocas son las culturas que desarrollaron y conservan testimonios por escrito alrededor de la llegada de los europeos: nahuatlatos en la zona norte y centro de Mesoamérica, mayas en Yucatán, Campeche, Quintana Roo y parte de Tabasco, así como en El salvador, Belice, Guatemala, etc., los pueblos Mixtecos Asentados en Oaxaca, Puebla y Guerrero, Y los Incas cuya capital estuvo en el Perú, pero cuyo dominio imperial se extendió de costa a costa todavía una década después de la caída de Tenochtitlán.

 

La llegada del europeo a América tuvo consecuencias que lo mismo propiciaron que impidieron la libertad en la palabra escrita. Por una parte, tras el sometimiento de los pueblos y pequeñas naciones nativas, fueron surgiendo numerosos cronistas e historiadores improvisados que, gracias a la adopción del abecedario, dieron cuenta tanto de la vida de su tiempo, como de las tradiciones que formaron a sus padres y abuelos, ya sea en español o portugués; si bien muchas de estas aún se toman por visiones románticas, hasta en esto se trasluce algo de verdadero, puesto que tales ensoñaciones y consecuentes idealizaciones guardan en sí mismas los deseos, faltas y sueños de quienes fueran obligados a adoptar otros usos. Por otra parte, tenemos los recuentos de testimonios orales, solo por recordar a los principales tenemos a Fray Bernardino de Sahagún y a Fray Bartolomé de las Casas en Nueva España, Pedro Cieza Juan Betanzos y, en particular, un Inca Garcilazo de la Vega en Perú, entre otros escritores.

 

Así pues, es necesario tomar dos cosas en cuenta: primera, que aunque todas nuestras monedas muestren un águila de tipo mexica, es un reduccionismo terrible tomar por “mundo prehispánico” a la civilización predominante en la cuenca del Valle de México. Segunda, que al hablar de usos y costumbres prehispánicos, nos movemos en un terreno endeble e impreciso.

 

En las siguientes dos partes del apunte (que de momento les debo), veremos qué hay de la muerte para los Incas…

 

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