“Pero, quiero que me digas amor, que no todo fue naufragar,

Por haber creído que amar era el verbo más bello,

Dímelo, me va la vida en ello.”

 

Luis Eduardo Aute

 

Si de necedades se trata, ¿qué necedad más grande que aquella que afirma el amor? Últimamente escucho que todos lo desprecian, lo condenan, y cargan contra el pequeño dios con una pistola, desplegando todo su arsenal porque algunos bellacos – y juraría que más de dos en este blog hablarían de bellacas – les rompieron el corazón… pobres niños. ¿Los compadecemos? ¿Les creemos? ¿Los ignoramos? O mejor los mandamos a leer El Banquete, porque ciertamente alguien que se expresa de tal manera no lo ha leído. Y no es que yo afirme un romanticismo pedante y afeminadamente ciego que lleva como bandera este “amor” acartonado y comercial – infantilmente burlesco y de-cuentos-de-hadas -, este “love” que suena como un globo de esos que venden en el Valentine´s Day y que se desinflan con el paso de los días. Es más, no afirmo, sólo contradigo la cobardía y la pusilanimidad de aquellos que ante una fractura de corazón no pueden – no tienen las agallas – recoger todos los pedazos y reconstruirse uno nuevo, reconstruirse de nuevo ellos mismos y terminan autocompadeciéndose y “resignándose” a una situación que ni les agrada, ni verdaderamente asumen. Eso es mediocridad.

 

Si el amor no existe, ha sido la inspiración y fuente de las obras más bellas de que es capaz el hombre.

 

Punto fecha y firma… así lo dejo escrito.

 

Gazmogno

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