Destroza mis oídos, inunda mis ojos, corroe mi piel como si fuera la espuma del jabón siendo diluida por el agua, me aguijonea la lengua con el sabor de centavos viejos. No puedo cercar mis sentidos, como tampoco puedo evitarte. Al encerrarme en mí solo empeora: como si desde dentro martillaran mis sienes hacia fuera, sin bajar un pie de la cama el mundo me da vueltas y las estrellas metrallan su luz desde la comodidad de sus casas hasta la hostilidad de la mía y sus neuróticas habitantes. ¡Yo no tengo migraña, ella me tiene a mí!