Nunca me quites ese embrujo tuyo

Ya es de noche otra vez. Esperaba que no volviera a llegar. ¡Pero siempre llega! La noche… Todo muere de noche. Todo muere. ¡Hermoso! Amo la noche. Amo la muerte de todo. Pero no dura nada. No es interminable y, por ello, su duración es insignificante. Como la de todo. Como la de todos. Pero ella muere también, como muere el amor, y eso es injusto. ¡Es insoportable! Ella no debía morir nunca. Ellos no deberían morir nunca. Deberían ser eternos.

La hermosa noche. La amorosa noche, la muerte del día. La muerte de todo. La contraparte del día. El aspecto verdadero del día, como la muerte es el verdadero aspecto de la vida. Pero, si la muerte del día, la noche, muere también, y por causa del día, entonces la muerte también ha de terminar en algún momento, gracias a la vida. Pero la vida no tiene sentido más que por la muerte, por esa noche eterna, esa obscuridad absoluta y mortal; entonces el sentido de la muerte de la noche es la noche misma. Y el sentido de la muerte de la muerte, que es la vida, es la muerte misma. Debería ser así. Debería ser siempre de noche. Deberíamos vivir muriendo siempre, no creyendo que vivimos, pues si vivimos es porque morimos, es por la muerte misma. Pero la muerte nunca llega cuando se la espera, y la noche siempre llega. ¿Para que llega, si ha de terminar? No debería ser así. Simplemente nos anima, nos hace pensar, cada ocasión nueva que llega, que ahora sí se ha de quedar, que ha de permanecer, abarcándolo todo… Pero no es así. Nunca es así. Es como la amante que se va, que llega por unos instantes, nos lleva a la plenitud, y se va al alba. Siempre desaparece con las primeras luces. Siempre. Mejor sería que no llegara, para no hacernos creer que ahora sí se ha de quedar. Por eso siempre que amanece, vivo esperanzado por que no regrese nunca, por que sea siempre de día, de ese mediocre día con apariencia de plenitud, al que ya estoy acostumbrado, pero que no me da ilusiones falsas. La noche, la hermosa noche, mi amada noche, es sólo una mentira, una amorosa y pasajera mentira, pues vivo y no muero, vivo y no amo, al igual que todo vive, y no ama, en vez de morir, como debería ser, si el mundo fuera justo.