Enfrentarse, estar cara a cara con el otro, ver desde distintos ángulos un mismo campo, común, en tanto que ambos queremos tomarlo, diverso en tanto que lo visto por uno y por otro es diferente, mientras que uno puede contemplar el bosque que hay tras su oponente, el otro puede ver con claridad el poderoso río que hay tras el suyo. Ninguno de los dos está ahí para pelear, o para imponer al otro mediante movimientos ofensivos su particular visión sobre un mismo campo; ambos desean lo mismo, ambos quieren ganar una visión más amplia sobre el suelo que pisan, ninguno, quiere morir en el intento.

Escribir en un ejercicio de mano a mano, a mi modo de ver, es algo parecido, no es un ejercicio ofensivo, no se trata de mostrar el poderío que se tiene respecto a un asunto, es ponerse cara a cara, contemplar lo que se tiene en frente, que regularmente es al otro, y escuchar lo que el otro puede decirme sobre aquello que tiene frente a sí, que regularmente soy yo. Me conozco por lo que el otro puede decirme sobre mi pensamiento una vez que ya lo he expuesto, y conozco al otro en medida en que va desplegando su explicación sobre lo que tiene frente a sí, de igual manera cuando soy yo quien responde a lo que el otro señala, me conozco como dialogante y como observadora de lo que el otro es, al tiempo que supongo sirvo como espejo en el que ese otro puede verse, a veces con claridad, a veces distorsionado.

Escribir pensando en otro, en otro que no se quedará con lo que piense una vez que haya recorrido con sus ojos los trazos dibujados por mi mano, es gesticular frente a un espejo capaz de devolver una imagen que no siempre vemos de nosotros mismos, en ocasiones ésta puede gustarnos, en otras puede causarnos horror, pues el reflejo que vemos en los ojos del otro puede estar lleno de defectos o virtudes, mismos que por muy distorsionados que estén no dejan de mostrarnos algo de lo que somos.

Estar frente a otro, tomar su mano y conversar es saber que lo dicho en medio de ese campo sobre el que ambos estamos parados no son palabras al vacío, es confiar en la sinceridad y en el interés que tiene el otro sobre aquello que como buenos amigos buscamos juntos, con miradas opuestas, pero por lo mismo complementarias.

Maigo.

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