La única manera de ser provechosamente

nacional es ser generosamente universal.

Alfonso Reyes

Ni la Ilíada, ni el Mahabharata, ni la Eneida, ni el Libro Primero de los Reyes, aunque compuestos de hechos pasados, son libros de historia, mucho menos literatura histórica. La preocupación por la historia, el nacimiento de la literatura histórica, sólo es posible a partir de ese hecho literario conocido como Modernidad, pues la literatura histórica nace como necesidad legitimante de los estados-nación, como expresión de la novedosa relación entre la teoría y la práctica que inaugura nuestros tiempos.

El nacionalismo es un ideal moderno nacido en medio de las rebatingas políticas al final del Medioevo: lo mismo aparece en los discursos florentinos del siglo XV, que en el prólogo de la gramática castellana de Nebrija. El nacionalismo nace para disolver el sentido de la comunidad política. Los intelectuales de la época predican el advenimiento de un nuevo hombre, ahora educado en la libertad y ya no más en los estrechos goznes del trivium y el quadrivium, un hombre que dejará de lado sus vanas preocupaciones celestiales y volverá la mirada al piso en que se posa para trabajar la tierra con sus manos en libertad nacionalista. Jacobinos de primera época, los primeros intelectuales modernos reconocieron que la posibilidad de éxito de su proyecto se fundaba en la posibilidad de exterminio de la comunidad religiosa: aquí nace la literatura histórica. Había que dejar de lado los modelos de virtud de la literatura tradicional y había que formar identidad nacional a partir de nuevos modelos. Entonces, nació la necesidad de revolucionar la lectura. Ahora, al leer la Eneida, lo importante no era la piedad de Eneas, sino su prometeico carácter de fundador de pueblos, el lector no debía hacer hincapié en lo virtuoso de la piedad, sino en la poderosa manifestación de la fuerza activa. Ahora, ya no cabía leer por sabiduría, sino a fin de obtener el conocimiento necesario para actuar de un modo determinado. Así, la finalidad de la lectura podía dejar de ser lo kalós y podría comenzar a ser el placer estético. Fundada la conciencia de individualidad, pues el placer estético además de individual es inefable, sólo había que generar mitos nacionales: crear un pasado común que nos permita identificarnos como individuos semejantes. Luego, el arte nacionalista fue necesario. –Otra cosa es que las musas se dejen envolver en las banderas nacionales antes de abandonarnos para siempre-. Con el arte nacionalista, los primeros ilustrados comenzaron a criar al hombre que ahora conocemos como nacional.

Es problema del lector ir a leer la Ilíada para comprender el ser del hombre griego, pues por una parte estará buscando una quimera, y por la otra se perderá de la cumbre de la poesía humana. Asimismo, leer cualquier obra poética con esa finalidad es negarle su posibilidad universal, degradarla a propaganda, y negarse a uno mismo como lector la posibilidad de vivir más allá del escritorio del analista profesional.

Námaste Heptákis

Coletilla: Seguimos pidiendo la liberación del auditorio Justo Sierra.

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