I

La antropología, aunque disciplina científica más o menos reciente, tiene una honda relación con la forma de conocer el mundo para el ser humano. Por un lado, el conocimiento de lo propio ha estado acompañado del “encuentro” inevitable con lo ajeno, con la diferencia materializada por la distancia y la proximidad entre pueblos y sus tiempos, con aquello que rebasa su horizonte conocido; por el otro, la visión “propia” se encuentra tensionada frente a aquello que se le diferencia, la seguridad y certeza que le imprime un cuadro de la realidad, “su realidad”, se ve amenazado o cuestionado por aquellas diferencias encarnadas por iguales, o por lo menos congéneres. Tanto el encuentro como el asombro, sientan las bases de la formulación de la alteridad entendida como categoría, es decir, como “elemento de clasificación”[1] reconocible en diferentes momentos de la historia.

La alteridad centra la vocación del antropólogo en una pregunta antropológica vinculado a la traducción entre la identidad y la diferencia, relación dialéctica y posibilidad dialógica donde el encuentro y el asombro se recrean a través de la puesta en acción del proceso de investigación donde acontece una relación recíproca de asombro, entre quienes se avocan a investigar y los individuos a quienes se les estudia. Para el investigador como para informante o colaborador, el asombro puede entenderse como “cierta dimensión de incomprensibilidad e ininteligibilidad de lo otro en primera y última instancias” [Krotz,1987:299] para iluminar las posibilidades de explicarnos el mundo en conjunto y desde ambos polos del encuentro.  

Si bien la antropología ha luchado buena parte de su historia para ser reconocida como ciencia, ello no ha evitado que reconozcamos en el vasto acervo literario las bases teórico-metodológicas de nuestro quehacer, ya fuese en los clásicos griegos, los diarios de viajes o en la literatura utópica. Allí, se reafirma la presencia del asombro y la alteridad cuando la pregunta antropológica las revisa. Aún en la ficción es posible percatarnos de las posibilidades de pasar por alto el asombro y reducirlo a una tensión donde sólo uno de los polos se autoriza a discernir la diferencia sin compartir en forma mutua el asombro. Más aún cuando los códigos implican referentes significativos para ámbitos distintos e interés encontrados.    

II

La antropología está en un lugar preferente para dar cuenta de los distintos modos de ver al mundo. Su aproximación empírica y de orientación dialógica, expresada en el proceso del trabajo sobre terreno y con personas con afinidades y diferencias, le permite una ventaja frente a las conjeturas previstas por la experimentación inductiva y los encuadres rígidos y totales de las nociones teóricas tomadas como “regímenes de verdad” [Foucault, 1973:88].

Si bien el aspecto científico de la antropología difiere metodológicamente de otras disciplinas sociales, sobre todo por su carácter etnográfico principalmente, es él mismo que le ha llevado a enfrentar múltiples críticas sobre su estatus de ciencia. Yo no seré quien defienda ni quien entierre dicho status, sólo sugiero que el producto básico con el que trabaja la etnología o la antropología social, es aquel que recaba un etnógrafo a través de sus herramientas primarias, su cuerpo y sus ojos entrenados, ello implica que la información que se obtiene contenga, en gran medida, la experiencia de un individuo diferenciado pero también participante de alguna colectividad que le reconoce. Ello no desmerece la calidad de dicha información, la enriquece al momento de producir el producto etnográfico, cuando explicite el productor etnográfico sus limitaciones personales, su contexto y la conexión con la selección de estrategias, técnicas y fuentes usadas durante la investigación, así como las especificidades metodológicas a las que se adecuó la investigación, dados los imprevistos de campo y la voluntad de los actores.

Cuando la investigación antropológica carece de la posibilidad de vínculo entre la etnografía y otras ramas del conocimiento disciplinado por procesos históricos, en los amplios parámetros de la llamada ciencia, se pierde la oportunidad de contextualizar situaciones significativas que en las estadísticas no aparecen. Que por cierto en la historia tampoco han figurado, sino como secundarios o exóticos, enfermos o transgresores. Sensibles en inmersiones contextualizadas, ubicadas desde un observador, las “otras realidades”, significativas por quienes las hacen conocimiento y práctica, pertenecen al orden de quienes las llevan a cabo, las producen y participan de ellas, en entornos marcados por el continuo cambio y en frente a condiciones económicas y sociales específicas, o por lo menos predominantes.

Hacer obvias las preconcepciones de las llamadas “ciencias duras” (física, química, biología) y los contextos que los significan, venga al caso de la representación bidimensional y sus diversas prácticas y percepciones en las distintas convenciones culturales [Viqueira,1977:104] como ejemplo, y aquellas que predominan entre actores políticos en conflicto, -ojo, que no de ideas solamente- son algunos de los retos que debe de librar  de la etnografía en específico, pero de la antropología como un deber para mostrase clara y seria en sus intentos de colaborara con conceptos que revitalicen las reflexiones sociales.  

Pseudoconcluciones

El lugar de la antropología lo delimita el propio contexto social y cultural de los que interactúan en el proceso del conocimiento. Moverse en él, implica moverse entre diferentes realidades, experiencias vividas por sujetos concretos que conforman colectividades y a la vez, éstas los recrean. Su tarea se podría enmarcar en la aprehensión de dichas experiencias y ubicar las expresiones cualitativas de la alteridad donde se reformule la posibilidad del asombro, por donde se asome la posibilidad utópica tanto de aquellos que las conciben como posibilidades de acción como para aquellos que las estudian.

 

Bibliografía

 

K. Le Guin, Ursula.

1979. El nombre del mundo es bosque. Minotauro. Buenos Aires.

 

Krotz, Esteban.

1987. Utopia, asombro, alteridad: Consideraciones metateóricas acerca de la investigación antropológica. En Estudios Sociológicos, vol. 5, num. 14 mayo-agosto.

 

Viqueira, Carmen.

1977. Percepción y cultura. Un enfoque ecológico. Ediciones de la Casa Chata. Distrito Federal.

 

Watzlawic, Paul y otros.

1993. La realidad inventada: ¿Cómo sabemos lo que creemos saber? Gedisa. Barcelona.

 

Foucault, Michel.

2001. Un Dialogo Sobre El Poder Y Otras Conversaciones. Alianza editores. Madrid. 


[1]3. f. Uno de los diferentes elementos de clasificación que suelen emplearse en las ciencias.

 Real Academia Española. Vigésima segunda edición.  http://www.wordreference.com/es/en/frames.asp?es=categoría.

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