Por fiesta se entiende un rito social en el cual las personas marcan cierto acontecimiento o alguna ocasión especial, como un cumpleaños, agasajo, boda, aniversario, etc… reuniéndose y desinhibiéndose o adoptando un rol para la ocasión.

Como rito que es, implica seguir un patrón determinado, en el caso de las fiestas suele estar acompañado de baile, música y comida para la ocasión. Junto con algún ritual más específico según la fiesta de que se trate.

Las personas implicadas en el rito pueden variar considerablemente, desde una familia o grupo social hasta toda una localidad o incluso una nación. Pueden ser periódicas o anecdóticas.

La fiesta es una celebración o conmemoración de un acontecimiento importante para un determinado grupo humano, o glorificación de un individuo o de una categoría de personas, de un héroe, de un santo o de un dios. Aunque sin duda en su origen son mágicas, las fiestas pueden ser religiosas o civiles, nacionales o privadas, publicas o individuales, fijas o móviles, repetidas o únicas. La combinación de algunos de estos elementos genera un gran numero de fiestas diversas.

La fiesta tradicional, y a veces otras fiestas, reviste con frecuencia dos aspectos sucesivos: una ceremonia ritual seguida de diversiones mas o menos paganas. La fiesta fija destaca el tiempo, el paso de las estaciones. Es jornada de descanso, reposo inhabitual que rompe la monotonía de los días. Requiere unas disposiciones mentales que a veces faltan, sobre todo en nuestro tiempo. En la fiesta hay mas alegría en la preparación, elaboración de las hermosas cosas que la constituirán, en el trabajo común. Porque cualquiera que sea la fiesta, debe ser lo más bella posible, pero también la más sorprendente. Es ante todo, fuente de sorpresa. En la fiesta el individuo sale de sí mismo, se libera, caen los tabúes, se olvidan las inhibiciones.  Para facilitar la transformación del individuo, todo debe transformarse a su alrededor.

La fiesta, pues, se opone a lo cotidiano, no esta hecha para durar un día o un lapso muy breve de tiempo. El lujo que exige puede ser real: salen de los armarios colgaduras, bordados, orfebrería, joyas. No obstante también es permitido el artificio; es el reino del papel crespón, de la purpurina, del cartón piedra, los vestidos femeninos no están mas que hilvanados y las telas brillantes palidecerán en breve. Todo se hace para el brillo del instante, y todo se concibe para ser desmontado y quizá destruido.

No obstante para las fiestas pueden hacerse obras duraderas. Se vuelven a escuchar los himnos, los cánticos y las canciones, sin cambiarlos, pero con nuevo sabor, y por otra parte, los mecenas hacen encargos. La fiesta libera al hombre no sólo en el orden psicológico, sino también en sus facultades de iniciativa y de invención creadora. La fiesta se pone en contacto con el arte, aunque el arte sea irrisorio, frágil y engañoso. El tema de la fiesta a su vez ha fecundado a las artes (Fragonard), y algunos artistas han querido fijar su fugacidad, mientras que otros poetas la han aprovechado para mostrar su melancolía.

Estas ideas se plasman en la arquitectura y en la escultura con la aplicación de los conceptos de orden arquitectónico y canon de belleza, en ambos casos la armonía, la belleza, se entiende como la proporción numérica entre las partes (de un edificio o del cuerpo) con el todo.

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