Lo privado es el ámbito propio del chisme. Nos reunimos en grupos pequeños, privados, zurcidos por la puntada del tiempo con el hilo de la confianza, y contamos a voz baja los vislumbres de intimidad que llegamos a tener sobre alguien, sobre algún conocido en común. El desconocido no da buen chisme, pues nada hay en su vida que tenga raíces en la nuestra. Para tener un buen chisme, lo chismeado deber sernos importante en algún sentido. El sabor del chisme se encuentra en aquel cuya vida sí nos interesa, en la vida que nos interesa para bien: nunca se chismea para mal, pues eso se llama intrigar, denostar, y persigue intereses viles. En cambio, el chisme es una preocupación genuina por la vida del otro, del chismeado en su doble sentido: del que se cuenta y al que se le cuenta. El chisme es una especialidad de la ciencia política.

El buen chismoso, especialista en los detalles de la legislación de la vida privada, es, además, un buen poeta. Para contar un buen chisme, el chismoso debe producir un discurso completo y verosímil; si incompleto, no puede ser seguido por los compañeros de chisme, si inverosímil, el chismoso pierde credibilidad y posibilidad de éxito en sus producciones. Porque el buen chismoso no sólo cuenta chismes por el mero hecho de contarlos, sino que chismea para educar: para poner como modelo los hechos vergonzosos de los compañeros de la vida. Si el poeta de lo público educa las pasiones, el poeta de lo privado que es el chismoso educa los pudores; por eso, la vida del desvergonzado no es interesante para el chismoso: de él se espera cualquier bajeza. Lo bajo nunca es modelo, excepto cuando ello puede redefinir las expectativas. Y en esto último radica la importancia del chisme para la vida: es antídoto para la soberbia. Por ello, además, en una sociedad de información y transparencia, como la nuestra, el chisme tiene tan mala nota como la soberbia gallardía: aspiramos a la fama como propia producción, quisiéramos tener el control del muro de mensajes de nuestra vida, quisiéramos ser sólo un avatar reconfigurable que decide de su pasado y de su entorno. El buen chisme está abandonando nuestras vidas.

Námaste Heptákis

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