Bueno, para el reto de esta semana, imaginaré que estoy en algo así como un grupo de autoayuda; imaginaré que somos adictos a la lectura: que, del mismo modo que algunos comienzan a beber para olvidar, otros para divertirse, otros más porque solo así se expresan a un tiempo con la honestidad que desean y con un pretexto para retractarse, y la gran mayoría para embrutecerse, estoy entre gente que lee con tales miras.

A pesar de que será mi primer –y espero que último– acercamiento a un grupo de tal naturaleza, veré a muchas caras conocidas. Antes de que me cuenten su historia ya sabré que éste perseguía honores, aquél encontraba placentero ostentar su refinado paladar al captar las más sutiles notas de un autor en otro ¡inclusive con siglos de diferencia, caray!, este otro solo leía a tal porque sino se sentía inseguro. Y aquél otro que buscaba lo más exótico con la secreta esperanza de ser único al menos en eso ¡Y cómo olvidarse de aquél que prefiere no sacar nada de su boca que no haya salido de un libro! Hay algunos otros personajes coloridos aunque, como es de esperarse, la mayoría son opacos, quienes no se ocultan tras el gris de la ropa o la actitud, preferirán revestirse de color. No es de asustarse, siendo el disimulo aquél vicio cardinal de los escritores y lectores de tal grupo.

De igual forma, conocidos o no, toca que me presente y diga por qué me encuentro entre ellos. Si bien, las justificaciones son lo que sobran, esta vez hay que presentarse con el protocolo de la reunión: nombre, problema que identifico en mi adicción o indiferencia a la lectura. Comenzaré diciendo mi nombre, aceptando que tengo algún vicio con la lectura y finalmente indicando en qué me ha cambiado la lectura.

Les hablaré tanto de cosas malas como buenas a partir de la lectura. Les diré que es un absurdo pensar en la lectura como fuente de bienes o males, ya que, en tanto que es un accidente de la comunicación oral, todo beneficio o perjuicio está más en nosotros que en algún misterioso poder en los libros. Como en la mayoría de cosas plenamente humanas no hay una propensión o inclinación al bien o al mal por sí, y en el caso de la expresión mucho menos.

Después les diré que la mejor cosa que se puede sacar de la lectura es conversar con personas distantes, de una manera más cabal que si tomáramos el teléfono. Que me ha permitido conocer las formas de pensar de personas de otros tiempos y lugares para enriquecer mis propias ideas. Que

Alguien me detendrá, me dirás que estoy equivocado; que la pregunta era qué había hecho la lectura de mi vida, no qué es en general. Eso cambia la cosa, hasta parecerá por un momento que podremos hablar. Con ese pequeño giro no tendré más que compartirte mis impresiones, sin habar en general, y tendré más cosas buenas que malas por mencionar, pero ya sin la necesidad del podio. Ni de los mirones, ni de la congregación a la que temporalmente pertenecemos. Te diré que las cosas buenas

El grupo de autoayuda se desintegrará por varias razones. Para empezar porque si necesitamos ayuda de otros ya no es auto, y si es muy auto ¿a que viene la ayuda? En segunda, y fuera de estas obviedades, porque todos ahí éramos unos farsantes, nada hay que alguien quisiera enmendar en ese lugar. Como en la gran mayoría de asociaciones de ese tipo, ellos van más a revivir y rememorar sus vicios en la piel de otros, que a buscar una solución a lo que identifican como problemas.

Por todo lo anterior, yo no tendré nada que escribir y tú no tendrás nada que leer.