LOS ORÍGENES

En el 2005, a casi diez años la aparición de la cinta Batman y Robin – última entrega de una tetralogía cinematográfica comenzada por Tim Burton y finalizada por Joel Schumacher en la que la trama y los personajes van degradándose poco a poco al punto de la idiotez –, se estrena en la pantalla grande la película Batman Inicia, primera parte de una duología dirigida por Christopher Nolan, y que pretende dar otra visión sobre el caballero nocturno – algunos dicen que se trata de una visión más “real”, otros de una visión más oscura y psicológica del personaje; nosotros consideramos que se trata de una visión más trágica.

Baman Inicia narra la génesis de nuestro héroe. Hijo de uno de los hombres más acaudalados y poderosos de Ciudad Gótica, Bruce Wayne presencia en su infancia un acontecimiento que habrá de marcar su vida profundamente: el asesinato de sus padres, Thomas y Martha Wayne, a manos de Joe Chill, un ladrón de poca monta que en un intento por asaltarlos termina arrancándoles la vida a sangre fría. Años más tarde, sintiéndose terriblemente culpable del homicidio, y tras haber fallado en su intento de venganza – pues el día que planeaba asesinar a Chill alguien se le adelanta – decide consagrar su vida entera a combatir el crimen y la injusticia, creándose una personalidad alterna y levantándose como un superhéroe, un “vigilante”, que cuida y protege Ciudad Gótica.

Esta primera película, tanto por su aspecto narrativo como por su carácter genético, puede ser considerada como una obra meramente épica, que sienta las bases para la segunda parte –Batman, el Caballero de la Noche- cuya naturaleza sería ya propiamente trágica. O, por lo menos, eso es lo que vamos a intentar averiguar.

Un primer elemento que quisiéramos considerar es el de la culpa trágica en el personaje de Bruce Wayne. A diferencia de lo que podría parecer a primera vista, Bruce no se construye a sí mismo como Batman de una manera absolutamente subjetiva. El día del asesinato, fue el miedo del pequeño Bruce el que llevó a su padre a tomar la decisión de abandonar el teatro de la Ópera en el que estaban y exponerse al terrible suceso. He aquí la ambigüedad de la culpa que durante toda su vida entenebrecerá el alma de nuestro héroe. Tal vez si no hubiera sentido miedo, sus padres seguirían vivos. Pero eso cómo podría saberlo un niño. En este primer momento surge la pena en la vida de Bruce Wayne. “El niño no es lo suficientemente reflexivo como para experimentar dolor, pero con todo su pena es infinitamente profunda.”[1] Aquí la pena aparece como algo sustancial, como algo que le es impuesto desde fuera, y la culpa se muestra como original, como proveniente del padre, pues fue éste en última instancia quien tomó la decisión de salir del teatro. Pero por un movimiento de herencia, por una complicidad que sella el pacto padre-hijo a la hora en que se da la decisión de Thomas en el teatro, ante el miedo de Bruce, es éste quien termina cargando con la culpa como una fatalidad.

El niño crece y poco a poco se va despertando en él la reflexividad. “Ahora bien, puesto que la culpa trágica debe poseer el carácter indeterminado que permita la aparición del apena, es evidente que la reflexión tendrá que cortar los vuelos de infinitud que le son característicos.” [2] La pena se va transformando en dolor. Cuando Bruce Wayne fracasa en su intento por vengar a sus padres aparece la angustia. La única oportunidad de expiar su culpa, de romper con el sello de la complicidad que lo ataba a la memoria de su padre se esfuma para siempre, y la reflexión lo inserta en el terreno del dolor, de la angustia. Ya no hay un presente, sólo está el pasado en el que la culpa lo lacera y la proyección hacia un futuro en el que tendrá que determinarse a sí mismo y construirse como un eterno justiciero – pero siempre honrando la memoria de sus padres, aferrándose a esa complicidad originaria y a “consagra su vida a llorar el destino del padre y el suyo propio.”[3]

Sin embargo, por mucho dolor y por mucha reflexividad que haya en la vida de Bruce Wayne, siempre parece que hay algo sustancial, externo, que lo ayuda a ir forjando su destino. No es él en su absoluta subjetividad el que se construye a sí mismo. En primer lugar se encuentra lo que literalmente es la herencia de los padres: una inconmensurable fortuna que le permitirá hacer y deshacer a su gusto – gracias a ella podrá costear todas las herramientas y armas necesarias para combatir el crimen. En segundo lugar está el “nombre”, la posición y toda la servidumbre que le ayudarán a lo largo de sus hazañas y aventuras – por ejemplo Alfred o el Sr. Fox, que es quien le diseña y le produce sus armas, e incluso él mismo es el “hijo predilecto de Ciudad Gótica”. Y por último se encuentra Ra´s Al Ghul, líder de la Liga de las Sombras quien le proporciona el entrenamiento y los conocimientos necesarios para sus fines justicieros. Bruce Wayne – por lo menos el de Christopher Nolan – se forja a sí mismo como Batman con gran ayuda externa. Empero, con lo que sí tiene que cargar él solo es con su secreto. El secreto de que Bruce Wayne es Batman y la secreta culpa que lo acosa sin tregua. Y, sobre todo, el hecho de que si algo llega a fallar será total y completamente su culpa, aunque en el fondo no lo sea, aunque siempre permanezca una huella de inocencia. Es curioso cómo, incluso en lo simbólico, Batman aparece como un personaje sombrío y lóbrego que nos recuerda las palabras de Kierkegaard al decir que “el auténtico dolor trágico (reclama) un elemento de cierta tenebrosidad.”[4]

LA TRAGEDIA

El Caballero de la Noche es la secuela de esta saga en la que consideramos que se da propiamente el conflicto trágico. Desde el principio del filme observamos una Ciudad Gótica inmersa en la desesperación. “Nuestra época, ciertamente, posee una peculiaridad típica sobre aquella época griega de que estamos hablando, a saber, la de ser más melancólica y, en consecuencia, más profundamente desesperada.”[5] Aquí el aislacionismo lo ha cobrado todo. Las asociaciones en forma de grandes corporaciones y del crimen organizado se están encargando de la putrefacción de la ciudad. Todo se ha roto. “Oh, criminals in this town used to believe in things. Honor… respect.”[6] Estas pequeñas asociaciones se levantan de tal forma que quieren imponerse como norma de valor. Esto para Kierkegaard es lo cómico. Y, curiosamente, éste es el sello característico de quien vendrá siendo el villano de esta película: El Guasón.

Desde su caracterización misma, este personaje no es más que un payaso. Sin embargo, trasciende la mera payasada para encarnar en sí mismo el concepto de lo cómico. No se sabe nada de su pasado, se le hecha la culpa de todo lo que ocurre en el drama, no hay herencia, no hay nada que lo ate – “You have nothing, nothing to threaten me with. Nothing to do with all your strength,”[7] le dice a Batman cuando trata de sacarle información – y ni siquiera asume la responsabilidad de sus acciones. “I try to show the schemers how pathetic their attempts to control things really are.”[8] Incluso la historia de cómo obtuvo sus cicatrices va cambiando dependiendo de la situación y de su humor. “La comedia, como dijimos, es reproducción imitativa de hombres viles o malos, y no de los que lo sean en cualquier especie de maldad, sino e la de maldad fea, que es dentro de la maldad, la parte correspondiente a lo ridículo.”[9] De esta forma, el Guasón representa la perversión y la maldad misma, que resulta ridícula desde el momento que quiere ser absoluto en toda esa relatividad.[10]

Por su parte, en esta secuela encontramos a un Bruce Wayne más reflexivo, “que siempre desea estar a solas consigo mismo y busca en esta soledad nuevos dolores.”[11] Y estos nuevos dolores se ven representados en su amor por Rachel. Por el tormento que es tener que guardar un secreto – aunque ella misma ya sabe que él es Batman –, ya que se sabe muy bien que no pueden estar juntos mientras no haya quien sustituya a nuestro trágico encapuchado en su labor justiciera. Y en torno a esto gira la tragedia, pues hay una esperanza de que su tormento termine y de que su amor por fin se realice: esta esperanza es Harvey Dent – “You´re the symbol of hope I could never be. Your stand against organized crime is the first legitimate ray of light in Gotham in decades,”[12] le dice Batman a Dent. Rachel es su esperanza de una vida normal, y todo pareciera como si estuviera próximo a cumplirse. Por eso en esta película vemos a un Batman totalmente entregado a la angustia, al dolor. La pena de estar separado de su amor se transforma en dolor y se vuelve angustia al proyectar su felicidad a un futuro que está próximo a llegar. La nulidad del presente lo tiene en constante tensión. Por un lado, la culpa originaria lo mantiene encadenado a su pasado, y por otro lado, la posibilidad de la felicidad se encuentra a la vuelta de la esquina, pero no llega. Y aquí es cuando tiene lugar el choque trágico: el Guasón hace de las suyas y destruye por completo cualquier posibilidad de una vida normal en Bruce Wayne, tanto por lado de Rachel – a quien asesina – como por el de Havery Dent – a quien corrompe al transformarlo en el Dos Caras.

Ahora bien, Batman aparece como una figura que, haga lo que haga, siempre va a terminar siendo culpable de algo – por muy inocente que pueda ser – y esto gracias a la perversión y malicia del Guasón, quien se alza como una terrible instancia sustancial, como un destino que provoca la fatalidad del héroe. Todo lo organiza de tal manera que, aunque es el Guasón quien comete los asesinatos, la gente de Ciudad Gótica le echa culpa a Batman – incluso él mismo se culpa de la muerte de Rachel, aunque en el fondo es inocente. La reflexividad con la que se constituye el Guasón es tal que pareciera encarnar una maldad sin límites. “This is what happens when an unstoppable force meets an immovable object.”[13] Nuestro héroe trágico se encuentra en un constante ir y venire entre actuar y padecer.

En oposición a nuestro héroe, que decide, que actúa, que padece y que está inmerso en lo trágico, tenemos a Harvey Dent quien, después de la muerte de Rachel, pareciera perder toda voluntad y decisión, dejando su vida y su destino al azar – no por nada termina simbolizado por la moneda y la fortuna del “volado.” Esta figura viene siendo como un puente que enlaza la total y absoluta maldad del Guasón con la impotencia de Batman ante el destino. Sin embargo, a diferencia del villano, nuestro héroe decide tomar la responsabilidad de todo lo sucedido y se echa la culpa de todos los asesinatos siendo inocente – aunque no del todo, pues no hay que olvidar las palabras de Alfred “You have inspired good. But you spat in the faces of Gotham´s criminals. Didn´t you think there might be some casualties?”[14]

Una vez muerta Rachel muere con ella nuestro héroe trágico, pues su vida “es una vida esencialmente acabada.”[15] Ya no pertenece al mundo ni de los vivos ni de los muertos. Sin embargo hay un cierto consuelo; el consuelo de su ideal, de aquello para lo que sacrificó toda su vida: honrar la memoria y el recuerdo de sus padres – y ahora el de Rachel. “Lo trágico contiene una cierta melancolía y una virtud curativa que en verdad no debiera despreciarse jamás.”[16] Porque nuestro querido Bruce sabe muy bien que, aunque él sea el justiciero, aunque sea él quien se juega el pellejo, no es por sí mismo que actúa, no es su absoluta subjetividad la que se hace patente sino todo un mundo que le circunda, toda una herencia que no puede negar y que en el fondo lo anima a seguir haciendo lo que hace. Su vida está acabada, pero con una fuerza vital que lo ilumina todo: la fuerza de la tragedia.

CONSIDERACIONES FINALES

Tal vez en el fondo esta segunda parte de la última saga cinematográfica de Batman no sea en sí una tragedia. Tal vez sea algo más, algo así como una reflexión sobre la tragedia misa, una reflexión visual. Podríamos, incluso, denominarla metatrágica, ya que no imita propiamente las acciones trágicas de los hombres, sino pone en juego categorías que, en su movimiento, constituyen una reflexión de lo trágico – al igual que el texto de Kierkegaard que no narra una tragedia, sino que la esboza.

Con un ojo de extrema agudeza, el filósofo danés observa el mal de su época, un mal que hasta nuestros días seguimos viviendo y que es el de “una época que según todos los indicios se encamina preferentemente por los derroteros de lo cómico.”[17] Sin embargo, tal vez nuestra época ya se cansó de la comedia; tal vez necesita algo más, y ese algo es la exigencia de lo trágico que denuncia en una obra que representa el auge de la cultura popular y de masas, una obra de superhéroes como lo es la de Batman, quien aparece como lo trágico que lucha contra lo cómico, contra el mal de toda una época, contra el aislacionismo. Sin embargo, al final, ninguno de los dos gana, el conflicto permanece y todo parece quedar subordinado a un cierto azar – por eso la importancia de la figura de Harvey Dos Caras.

La obra, en sí misma, no es trágica. Lo trágico se encarna en la figura de Batman y su alter ego Bruce Wayne. Lo interesante es que, de acuerdo a nuestra interpretación, en la lucha de lo trágico contra lo cómico, aquello aparezca en varias ocasiones revestido de comicidad pues “resultaría enormemente cómico el que a un individuo cualquiera se le atribuyese como suya la idea general de ser el salvador del mundo entero.”[18] Esto pone de manifiesto que la época misma no es trágica, que el conflicto es entre la necesidad de lo trágico y la facticidad de la comicidad, pues creemos que el filme pone de manifiesto, hasta cierto punto, el sentir y el parecer de nuestros tiempos.

Por último, quisiéramos detenernos un momento en el hecho de que el conflicto entre lo cómico y lo trágico parece ser un conflicto irresoluble. En unas épocas la tendencia será hacia lo trágico y en otras hacia lo cómico, pero dichas categorías siempre estarán presentes de un modo u otro. Es interesante que la misma película parezca ser conciente de esto en las últimas palabras del Guasón a Batman: “You won´t kill me our of some misplaced sense of self-righteousness. And I won´t kill you because you´re just too much fun. I think you and I are destined to do this forever.”[19] Lo cómico y lo trágico parecen encontrarse en una perpetua tensión; tensión que asemeja la relación de conflicto que apartados arriba mencionábamos entre la cultura popular y la alta cultura. De una manera un tanto reduccionista, ¿no caracteriza a la cultura popular cierta facilidad que se contrapone a una complejidad propia de la alta cultura? ¿No se muestra en esta cinta un Batman oscuro, conflictuado, indeciso, frente a un Guasón sin reservas, concreto que sabe exactamente lo que hace y lo que quiere? En este punto la figura de Harvey Dos Caras cobra todavía más importancia, pues viene representando ese azar, esa discontinuidad entre ambas culturas que sólo puede ser franqueada por un salto de la fortuna, por un golpe de suerte… o por un milagro.

BIBLIOGRAFÍA

Aristóteles, Poética, Trad. Juan David García Bacca, México, D. F., Ed. UNAM, 2000, 47 págs.

Coma, Javier, Los Comics un Arte del Siglo XX, Madrid, Ediciones Guadarrama, 1978, 204 págs.

Frattini, Eric, Guía Básicas del Comic, Madrid, Ed. Nuer, 1999, 205 págs.

Grave, Crescenciano, Metafísica y tragedia: un ensayo sobre Schelling, México, Ediciones Sin Nombre UNAM, 2008, 317 págs.

Kierkegaard, Sören, Estudios Estéticos, Trad. Demetrio Gutiérrez Rivero, Madrid, Ediciones Guadarrama, 1969, 260 págs.

Pardo, José Luis, Esto no es música, Barcelona, Galaxia-Gutenberg, 2007, 490 págs.

VIDEOGRAFÍA

Batman Inicia, dirigida por Christopher Nolan, Warner Bros. 2005

Batman, El Caballero de la Noche, dirigida por Christopher Nolan, Warner Bros. 2008


[1] Kierkegaard, Sören, Op. Cit., p. 26-27

[2] Ibid, p. 36

[3] Ibid, p. 43

[4] Ibid, p. 32

[5] Ibid, p. 17

[6] Batman, El Caballero de la Noche, dirigida por Christopher Nolan, Warner Bros. 2008

[7] Ibid

[8] Ibid

[9] Aristóteles, Poética, Trad. Juan David García Bacca, México, D. F., Ed. UNAM, 2000, p. 7

[10] Kierkegaard, Sören, Op. Cit., p. 22

[11] Kierkegaard, Sören, Op. Cit., p. 31

[12] Batman, El Caballero de la Noche, dirigida por Christopher Nolan, Warner Bros. 2008.

[13] Ibid.

[14] Ibid.

[15] Kierkegaard, Sören, Op. Cit., p. 41

[16] Ibid, p. 22

[17] Ibid, p. 16

[18] Ibid, p. 18

[19] Batman,  El Caballero de la Noche, dirigida por Christopher Nolan, Warner Bros. 2008.