El silencio se volcaba en aquella mirada, recordaste las viejas batallas y los viejos espacios, el cuerpo torpe que se tambaleaba a cada paso, nunca antes te viste así. De rodillas, derrotado, abatido, desgarrado, buscaste en tus manos el motivo, desesperado, la furia nuevamente se apoderó de ti, los gritos, las farsas, las bulas, las memorias que una y otra vez te atormentaban. Y ahí estabas, bajo aquella luna nueva, y gritaste por dentro, era aquella necesidad de destruir algo hermoso. La obsesión que encaminó a la locura, todos estaba hecho y escrito bajo tu silencio. …

…Aquél eras antes, mucho antes de perderte en aquellos ojos, todas las noches salías a su encuentro, le veías pasar, te armaste de valor y buscaste su mirada, te topaste con sus labios, te hundiste entre sus brazos, todo en cada noche. Por las mañanas despertabas olfateando entre su pelo, como si quisieras entender lo que era; su piel nueva y fresca, volteaba y te sonreía, y entre abrazos su aroma se impregnaba en tu piel y viceversa…

…Tomaste su mano, temías romperla, sus ojos se clavaron fielmente en ti, deseabas tanto amarla, hurgabas entre todos tus sentidos, pero te dejaste cautivar por el pelo que caía sobre la cara; no era suficiente, tu rostro se transformó tras su sonrisa, ella se sonrojó equívocamente, y de ahí, la necesidad y la desesperación tomaron las riendas…

Fue todo, aquel rostro plácido, desapareció, su sonrisa cubierta de rojos, su cuerpo maltratado fue tomado por última vez, posado en una mullida cama, el eco de gritos no cesaba, susurraste que todo pudo más que tú, regresaste a tu casa vacía sin el amor que alguna vez anhelaste…

Lo último que recuerdas son sus ojos, el último parpadeo, la última mirada que por fin te desenmascaró…

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