Por Perro de llama

La primera vez que abordé un barco como tripulación –continuó diciéndonos el capitán— tendría su edad, la mirada que ahora tienen, las ropas rasgadas y sucias que tienen, y ese semblante poco entusiasta. Aunque, a diferencia de ustedes, jamás pensé que esta vida en altamar pudiera resolver mis problemas. Desde el principio supe que me estaba evadiendo; como siempre hice en tierra firme, solo que ahora, al fin, de manera definitiva…

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Concuerdo con ustedes, solo mírenme ahora, todo ha cambiado. Mi amor por el mar y su agrio aroma es todo lo que necesito. Aquí los misterios del mar sustituyen a los de las mujeres; las dulces puestas de sol, a los jugueteos de los niños, incluso las noches de tormenta son más bellas y dignas que todas las lides que cualquier digno rival pudiera presentar…

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¡Pero claro que sí! En una nave de estas proporciones siempre falta tripulación, amigos. Y si este viejo constantemente anda corto en algo es en equipo. Solo que ustedes parecen de la clase turista, además, no se ofendan, muchachos, pero no creo que tengan lo necesario para aguantar siquiera un recorrido completo…

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Después de platicar por cuarenta minutos, el capitán terminó por horrorizarse con nosotros. Ahí donde pensó que había una pareja encontró nada que fuera ajeno a su propia índole. Rechazando nuestro ofrecimiento ordenó a dos de sus hombres que nos bajara en el siguiente puerto. Antes de entrar nerviosamente a su camarote, nos dirigió una mirada turbada y las siguientes palabras: “Como verán, chicos, a quien nada me pide, nada le doy”

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Desembarcábamos en un puerto desconocido pero es obvio que poco nos importaba, si algo no deseaba ese capitán era una compañía verdadera; compañía de gente de su condición. Ese miedo largo tiempo hacía que ella y yo lo conocíamos, y aun con eso convivíamos. Uno junto al otro, hemos caminado kilómetros sin tomarnos las manos. Desde lejos, entre el tumulto de lenguas extranjeras me pareció ver que indecisa, se dibujaba la silueta de un capitán en la proa de un barco justo antes de saltar.