Para Octavio.

Me gusta contemplar las posibilidad encerrada en  un objeto tan cotidiano como una hoja en blanco, cuando me siento frente a ella no siempre reparo en su belleza, su blanca e inmaculada tez, la virginidad con la que se presenta ante mí, el mundo de posibilidades que encierra y su capacidad para mover mi pensamiento, cual péndulo, de una idea hacia otra, movimiento oscilatorio, reflejo del carácter móvil de mi propio ser.

No siempre es fácil hacer la primera marca sobre un objeto como éste, tabula raza hecha con papel, frágil y única en su ser; la primera marca hecha sobre ella determinará para siempre su destino, pues una vez grabada, y aún cuando exista la posibilidad de borrar lo inicialmente dibujado, la hoja sobre la que trabajamos ya no volverá a ser la misma, nunca en su vida, y nunca en la nuestra.

El primer trazo es fundamental para que una hoja de papel, al igual que una vida, siga un curso determinado, nadie encuadra una lista de compras, ésta se va al basurero con harta facilidad, y pocos tiran los títulos y honores cuando mediante lo grabado en una hoja de papel se ve el resultado de algún esfuerzo que sea digno de ser encomiado, del mismo modo nadie, en sus cabales, pone como ejemplo a seguir a un hombre miserable y ruin, o señala como deshonroso un acto de valentía.

Quizá por ello, no siempre resulta fácil comenzar a trabajar sobre una hoja de papel, saber que lo marcado se quedará ahí, recordándonos que existe o que alguna vez estuvo, nos detiene y nos invita a actuar con cautela; no debemos grabar cualquier cosa, pues con lo dibujado se traza no sólo el destino de la hoja de papel, también nos jugamos el ser en tanto que en ella se va lago de lo que nosotros mismos somos.

Maigo.

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