Quizá fue lo snob de mi vida, poco a poco me alejé de un mundo que, al parecer, no me servía…

Escuchaba la radio por las mañanas, a cada noticia, una punzada, el dolor ajeno del que tanto me hablaban, apenas sentía las tiernas caricias de aquel gato negro que me saludaba, cada día una pena más, las nuevas tragedias retumbaban por todos los medios. Me cansé de escuchar eso también. Retomé viejas lecturas, ideas de otros, imágenes confusas, sueños cristalizados en esferas de altas categorías; finalmente nada de eso componía mi espíritu. Me puse andar por las calles de lo que siempre había visto, desde hace tanto que no contemplaba aquellos colores, ahora marchitos, gente nueva con las mismas costumbres, nuevas familias y los mismos desencantos. Pasaban caras conocidas, agrietadas por la edad, por el tiempo, a todos los carcome. Y de nuevo me asaltaron aquellos recuerdos de lo que solía pensar, sentir, y hablar. ¡Ah! La nostalgia me embriaga, una sensación de hastío y tristeza, ninguna de las cosas que había deseado en ese entonces era realidad ahora.

Sé que han pasado los años, que el tiempo quizá si me consume, pero nunca me he dejado atormentar con eso, realmente, la vida no me gusta tanto, al menos eso es lo que he sentido desde hace ya algún tiempo. Ni siquiera sé con certeza si andamos persiguiendo hacia lados opuestos. Con frecuencia suelo imaginarme otros modos de vida, quizá si me sumerjo en la rutina que la mayoría añora, con un horario poco flexible, pero un futuro asegurado. Dicen que opciones hay muchas, distintos tipos de vida a escoger, entre más las pienso es peor…

Todo, al final termina escurriéndoseme de las manos…