Han pasado los años y todo sigue igual. Yo pensé que la vida nos enseñaría. Pensé que aprenderíamos la lección y cada quien seguiría su camino. Pensé que eso nos ayudaría a ver lo equivocados que estábamos. Cada quien en su mundo, aferrados a cosas imaginarias, amando al vacío, deseando cosas imposibles. Deseándolas con todo el corazón pues, en nuestra ingenuidad, pensamos que eso era lo único que importaba. Que podíamos ser felices. Pensé que todo sería diferente, después de tanto tiempo. Sin embargo, los días siguen transcurriendo. La vida se esfuma, poco a poco. Instante a instante. Se nos va escapando. Y tú sigues siendo la misma. Y yo sigo siendo el mismo. Un par de desdichados. Destinados a la soledad, como siempre, hasta ahora.

Ya es hora de asumir las consecuencias de los propios actos, me han dicho algunas personas. Ya es hora de dejar ir las fantasías que sólo daño traen consigo. Tienen razón, toda la razón. Aunque se equivocan en lo que creen que hay que asumir. Veo, ahora, que lo que hay que ir asumiendo es que siempre viviremos solos, separados uno del otro. Tú amándolo a él, sin que por su parte te corresponda, y yo amándote a ti, a pesar de todo.