La preocupación es un estado que parece propio y exclusivo del hombre, en tanto que no aparece en los demás entes -no vemos perros o gatos preocupados por algo, a menos que interpretemos sus actos como humanizados-   podríamos pensar a la preocupación como un rasgo distintivo del hombre, lo que implicaría, a su vez, que podríamos definir al animal que habla también como el animal que se preocupa por algo.

Una persona que se piense a sí misma como alguien tranquilo y libre de preocupaciones, desearía con justa razón refutar la posibilidad de pensar al ser humano como aquel ente que posee como rasgo distintivo su capacidad para preocuparse; sin embargo no hemos de afirmar o negar nada respecto a la veracidad de la tesis con la que cierra el párrafo anterior si antes no nos ocupamos en ver con algo de claridad lo que sea la preocupación y lo que significaría que pensemos al hombre como el animal que se preocupa.

Si nos ocupamos un instante en pensar el término preocupación, nos percatamos que éste es un término que proviene a su vez del término latino praeoccupatio, el cual nos da la idea de una ocuparse previa o anticipadamente de algo, es decir, que la primera raíz de la preocupación radicaría en la capacidad que tiene el hombre para prever lo que sucederá en el tiempo, ya sea éste próximo o alejado de la situación espacio-temporal del pensante. Hasta aquí parecería que el ser humano puede definirse como el animal que se preocupa en tanto que es un ente que piensa temporalmente, no sólo ve lo que ha venido siendo o lo que es en el momento presente, también se anticipa a lo que sucederá con él y en ocasiones trabaja y se mueve con miras en ello.

Pero, si bien la preocupación encierra la capacidad de pensar y actuar conforme a la conciencia de ser seres temporales, ésta no se limita a la misma, también implica apoderarse de algo de una manera sorpresiva para ese algo, es decir, anticipando los movimientos que realizaría aquello que se nos escapa constantemente de las manos cuando pretendemos atraparlo sin ciertas consideraciones previas, que resultan necesarias una vez que nos estamos enfrentando a eso que pretendemos atrapar. Alguien que limite la preocupación a esta cualidad distintiva de la misma, puede pensar que un animal cualquiera en tanto que logra sorprender a sus presas porque logra anticipar de alguna manera sus movimientos no está considerando que el acto de cazar llevado a cabo por tal animal no supone necesariamente la conciencia temporal que supone la capacidad de preocuparse, hay que recordar que los animales que cazan aprenden a sorprender a sus presas de tal manera que aquello que pueda pensarse como preocupación deje de ser inmediatamente tal, sólo se presenta en el momento de la cacería y no supone consideración previa alguna.

La idea de que preocupación encierre el deseo de apoderarse de algo mediante consideraciones previas, nos permite pensar en que ésta no se limita a los quehaceres prácticos de los que depende la vida del hombre, como la obtención de aquello que necesita para mantenerse con vida, la anticipación de la escases de alimentos lleva a la hombre a sembrar y guardar una parte en una era,  también se encuentra, y quizá con mayor fuerza, entre los quehaceres teóricos, el deseo por conocer ciertas cosas conducen al teórico a pensar en un primer momento en otras tantas que le ayudarán a aprehender aquello que está buscando, antes de ver con claridad si son posibles los juicios sintéticos a priori, es necesario pensar la posibilidad de intuiciones puras a priori como el espacio y el tiempo, para adelantarse a un escurridizo sofista hace falta reflexionar con anterioridad respecto un necesario parricidio, los ejemplos son variados y si al lector no le gustan los aquí citados, puede poner aquí el que más le guste.

Así pues, conforme a estas breves consideraciones previas en torno a lo que es la preocupación, podemos decir que al afirmar que el hombre es un animal que se preocupa, afirmamos que es un ser que se piensa a sí mismo en el tiempo, de modo que antes de actuar o de ocuparse en algo ve lo que necesita para lograr lo que pretende, ya sea esto mantenerse con vida, ya sea salir bien librado de aquello que persigue la razón sin descanso; a la inversa podemos decir que debido a que el hombre piensa, le resulta inherente el preocuparse, de modo que alguien sin preocupación alguna que de sentido o dirección a su actuar diario es un ser que vive conforme al momento presente, es decir, que no se piensa en el tiempo o que no se interesa por los asuntos como aquellos que parecen aguijonear constantemente a la razón, de modo que ni siquiera se ocupa por tratar de decir satisfactoriamente lo que ese mismo ser despreocupado es.

Maigo

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