ESTRAGON: Didi.

VLADIMIR: Sí.

ESTRAGON: No puedo seguir así.

VLADIMIR: Eso es un decir.

ESTRAGON: ¿Y si nos separásemos? Quizá sería lo mejor.

VLADIMIR: Nos ahorcaremos mañana. A menos de que venga Godot.

ESTRAGON: ¿Y si viene?

VLADIMIR: Nos habremos salvado. 

Esperando a Godot. Samuel Beckett 

 

Todos, osaría sostener que siempre, estamos en espera de algo. El DRAE define el verbo esperar como la esperanza que se tiene de conseguir lo que se desea y, a su vez, a la esperanza como ese estado anímico donde parece posible alcanzar lo que se desea. El ser humano es un ente que parece tener ínsito a su ethos la imperante carencia de algo –de hecho es viable pensar en esta idea de incompletitud en el humano debido a que éste se encuentra en un peldaño intermedio entre el acto puro y el no ser absoluto. Es decir que es pero no completamente, por lo que estas privaciones lo llevan a buscar su perfección–, carencia que lo ha orillado a estar siempre deseando algo nuevo. Indistintamente de si hablamos de carros, viajes, Dios, amor o cualquier otro objeto, cada día se conforma una lista nueva de cosas, materiales o no, que se anhelan o apetecen.

La espera a la que pretendo referir ahora, es a esa espera seria de algo serio, que provoca ansiedad, que perturba el ánimo y que se torna insoportable, sin distinguir entre una llamada telefónica, la llegada de alguien o un resultado médico, supongo que la seriedad dada a la cosa que se espera depende del sujeto, las circunstancias, la urgencia o la ilusión sobre ello; así que decidir entre qué es algo digno de esperarse y qué no, es totalmente subjetivo. En cualquiera de los casos, la espera es un estado de recogimiento que parece encontrar lugar para que el individuo se reconozca en expectativa de querer ver realizado lo ajeno a su voluntad, este punto es medular en la definición de espera, ya que cuando no se puede injerir de alguna manera en lo que se quiere o desea no queda mas que precisamente esperar. Aunque claro que eso coloca al individuo a merced de lo que pase de acuerdo a la espera, lo cual implica cosas muy deprimentes; pues si aceptamos que esperamos siempre, siempre se está en incertidumbre acerca de muchas cosas y se vive de acuerdo a la esperanza solamente, lo cual hallo yo, poco y desconfiable. Ahora bien, si lo vemos por otro lado, estar esperando lo que sea es en realidad un complejo modo de vida, ya que nos dicta la experiencia que lo que podemos tomar por cierto en nuestra ínfima vida, nos aburre y termina en el hastío. Construir la nueva lista todos los días y estar pensando en eso que puede acaecer, puede proporcionar la sensación de búsqueda, lucha o entretenimiento al menos; salvo que la lista permanentemente esté encabezada o, peor aún, constituida por los mismos elementos, en cuyo caso se esperará lo mismo y se permanecerá en el mismo ahogante estadio de espera fallida o desesperación por lo obtenido.

Ya lo he dicho, la espera insensata asfixia y la esperanza no suele ofrecer un consuelo vasto. Cuando no suscitan las cosas como uno quisiera, sólo nos queda impotentemente sentarnos a esperar, con ganas de ahorcarnos, el maldito resultado, la cruel llamada o a que llegue el mezquino Godot.

 La cigarra

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