Para un amigo


Guardarse las cosas para evitar el daño a otros es soberbio y optimista. De inicio uno juzga comprender las reacciones futuras del otro, y en seguida se asume lo suficientemente poderoso como para cambiar favorablemente las guisas del destino. Que por un lado sea pecado y por otro ingenuidad no hace menos grave esta debilidad, sino al contrario, la dota de un halo de inocuidad tentador para la mayoría. Esto es tan absurdo como si un médico tuviera que reservarse el diagnóstico de un paciente con miras a un bien aun mayor que su salud.

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Aun si considerásemos por separado ambas desorientaciones, tenemos que el optimismo es peor que dicha soberbia sobreprotectora; pues mientras que ésta es fácil de descubrir por su asociación con el deseo de fama, aquél es por sí, silencioso fundamento de una visión del mundo, solo que bastante más aliñada, acicalada y hasta con los perfumes de Pandora. Numerosas veces se ha visto que un hombre que es llevado por sus deseos es menos dañino que otro que lleva sus principios implacablemente hasta sus últimas consecuencias.

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Perro de llama

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