Por A. Cortés:

Imaginen una conversación que tienen dos hombres. Ya tiene un tiempo de que fue iniciada:

-Claro que somos viejos amigos, llevamos conociéndonos por más de treinta años, y pocas personas saben tanto de nosotros como sabemos el uno del otro. De hecho, creo que nadie más que tú me conoce tan bien. No entiendo lo que quieres decirme con esto.

-Es que no es lo mismo decir que nadie te conoce tan bien a decir que nadie te conoce tanto. En eso estaría de acuerdo, te conozco de hace mucho más tiempo que cualquier otra persona; pero de eso a admitir que te conozco muy bien… no estoy tan seguro.

-¿Vas a decir que ya no te acuerdas de cuándo nos conocimos, de lo que hemos hecho, de los lugares que frecuentábamos?

-Por supuesto que no, si te digo que admito conocerte mucho. Lo que no admito es conocerte bien, por eso digo que no podemos ser viejos amigos. Tal vez sería ese el caso si te refirieses a que ya son viejos los recuerdos en los que te veo como amigo. De ellos hay un enorme salto al día de hoy, como de diez años, en los que nada supe de ti. Y luego esta carta.

-¡La bendita carta! Ya déjala en paz. Ya me disculpé por eso: cuando la escribí y mandé saludos no sabía que… pues no sabía lo de tu hija. Cualquiera que sea un poquito educado manda saludos a la familia, ¿no? No era para que lo tomaras como ofensa personal.

-Yo sé que no tenías ni idea, y a eso me refiero: mi hija lleva dos años de muerta, y tú no tenías idea. ¿Piensas tú que un amigo es lo mismo que un conocido de hace mucho tiempo?

-No que cualquiera, pero sí que un conocido de mucho tiempo con el que viviste tanto como tú conmigo.

-No te salgas del tema, estoy tratando de hablar del tiempo. Pero bueno, dices que es amigo entonces con quien vives mucho, ¿no es así?

-Pues claro.

-¿Entonces cómo es que no es amigo tuyo tu padre, si has compartido con él la vida desde que eras niño? ¿Cómo es que no tienes por amigos a otros que conociste a la par que a mí, y con los que has tenido más o menos el mismo “número” de experiencias?

-Ay, no estoy hablando de números de experiencias, sino de lo buenas que fueron. No seas amargado; si lo que quieres es echarme en cara que te abandoné cuando me fui de México dímelo y ya, no tienes por qué darle tantas vueltas al asunto y lastimarme diciéndome mal amigo. Si sabes que no te dejé aquí por ganas de botarte, yo tenía que crecer y no podía quedándome. Eso tú lo sabes bien.

-No me entiendes.

-¡Pues explícate entonces!

-Lo intento. No creo que me hayas abandonado. Creo que te fuiste porque era tu rumbo desde el principio.

-Sí, sabes que desde chico quise huir de este muladar. ¿Entonces por qué me…

-Este muladar es mi casa. Yo fui hecho para quedarme aquí y crecer aquí. Seguramente es este sitio el mismo en el que moriré. Y esta casa es la misma que te vio entrar por primera vez cuando éramos sólo unos muchachos. Desde entonces estaban ya elegidos nuestros destinos, y era obvio para las vistas más agudas que no seguiríamos juntos, pero nadie hubo más miope que tú y que yo.

-Pues si, como si fuéramos niños, me estás diciendo que no quieres ser mi amigo, mejor me voy de una vez, porque nunca he soportado cuando empiezas a darle vueltas innecesarias a las cosas. Sé directo por una maldita vez.

-Es que yo quiero ser tu amigo, y eso es lo que más me duele de saber que no lo soy. Hace muchos años leí en algún lugar que la amistad verdadera necesita mucho tiempo para engendrarse, mientras que el deseo de amistad nace muy pronto.

-No sé para qué me molesté en pasar a visitarte. Debí de dejarlo todo como estaba. Vengo hasta tu casa: yo te busqué a ti, yo te quise reencontrar. Yo soy quien ha intentado que recuperemos el contacto de tanto tiempo perdido, ¿crees que quien hace eso no es amigo tuyo?, ¿crees que no me preocupo por cómo estás?

-Perdona, mi intención no era molestarte ni insultarte. Claro que sé que te preocupas, yo mismo me preocupo por mucha gente también, no creas que soy de piedra. No sé por qué visitarme te resultó molesto. Pero vaya, ya estás aquí, y no tenemos por qué pasar un mal rato juntos.

-Sí.

-Bueno, pues no dejaré que te vayas sin antes contarme qué ha sido de ti desde entonces. Quiero escucharlo todo desde el primer año de vida fuera del país. ¿Cómo fue que…

Dejen ahora de imaginarla. Yo la concebí mientras me preguntaba en qué se basaría la comprensión que dos conocidos tendrían de su amistad tras una separación de muchos años. ¿Con cuál de los dos están de acuerdo?