Advertencia, justificación y agradecimientos.

Gracias a la gente de este noble blog que me da la oportunidad de escribir de algo que disfruto mucho como es el fútbol, sé que el lector de este blog está habituado a leer sobre los grandes temas, por grandes plumas, con palabras grandilocuentes y graves, me temo que mis letras están lejos de poseer tan estimables cualidades, yo sólo escribo de la manera en que puedo y quiero, no intento descubrir la quinta esencia del fútbol, a lo mucho busco expresar algo que me ha atormentado cada cuatro años, que me ha hecho gritar como loco frente a un televisor, quizás por eso gran parte de lo que digo sólo es el ruido propio de un partido fútbol. Gracias por su atención.

El hábito de la derrota

In the time of chimpanzees I was a monkey
Butane in my veins and I’m out to cut the junkie
With the plastic eyeballs, spray-paint the vegetables
Dog food stalls with the beefcake pantyhose

Soy un perdedor
I’m a loser baby, so why don’t you kill me?

Beck

Cada vez que rueda un balón de fútbol en partido común hay tres resultados posibles, ganar, perder y empatar, en un mundial en sus etapas infantiles existen estas tres posibilidades, cuando el evento empieza a exigir a hombres no niños sólo hay dos posibilidades o ganar o perder, los equipos de fútbol al igual que los ejércitos se afanan en ganar. Sé que esto puede ser medianamente aceptable, porque precisamente de aquello de lo que más tenemos experiencia es de la derrota, lo digo esto pensando en el tema que nos atañe que es el mundial, que es la pugna más popular del mundo moderno. Pocos son los países que han experimentado la dicha de la victoria, México como país no está entre ellos, de hecho concebir que la representación “azteca” gane algo parece ser una historia digna de una utopía que por necesidad reconsidere la manera en la que el ser humano está siendo lo que es.

La derrota es inclusiva, no aparta a nadie, en primera, aquellos que detestan escuchar cosa alguna de fútbol les será prácticamente imposible, tanto por comerciales, comentarios en la calle, en la comida con los amigos, en el blog que se juró salvaguardar de banalidades, etc. En segunda oportunidad están aquellos que esperan cuatro años para ver el fútbol de mayor intensidad, el más emocionante y es decepcionante porque eso pasa en Europa y se llama Eurocopa. El mundial sólo manifiesta cómo las mismas potencias siempre juegan entre sí, cómo sólo unos son invitados o ambientadores y otros son los verdaderos contendientes. Otro aspecto que no podemos olvidar cómo el gran negocio se come al deporte, por ejemplo: un jugador no puede festejar al anotar un gol de cierta manera, lo lógico sería pensar que se debe a que se tiene que ajustar a cierto código ético que le impide humillar al rival, que le impide burlarse de alguien, pero esta reglamentación tiene que ver más con el aspecto cumplirle a los grandes mecenas que tiene el balompié, que sus marcas aparezcan como cicatrices, realmente esto no es alarmante, debido a que ya existe poca espontaneidad en el futbol, todos juegan a la “segura”.

Una tercera derrota viene de gente que se encarga de joder todos los malditos días con la cantaleta o mantra de que el fútbol enajena, que es parte de un complot para que el gobierno haga de los suyas, que “distraiga” al estúpido pueblo para joderlos, si eso pasa sin mundial, imaginen cuando lo hay, lo insoportable que son. No dejemos de recordar que este argumento prolífico tiene sus peculiaridades, en instancia primera se tiene la falsa certeza de que uno no es parte de esa “estúpida masa enajenada”, debido a que quien lo a firma es lo suficientemente sapiente para no pertenecer masa alguna o que se conocen los hilos negros de lo que es el fútbol, la cultura, la vida el todo.

Y es que justamente ahora que está de moda, que está más presente es cuando el soccer se vuelve interesante a los ojos de cualquiera que se estime como un gran “intelectual”, nada tiene que ver que sea un tema de “moda”, todo es por amor a la palabra. Y es que se hace una conjunción de intereses, ya que los comentaristas deportivos suelen aspirar a mostrarse menos prosaicos y prefieren mostrarse como pedantes, la simbiosis da como resultado una serie de comentarios ininteligibles y pretenciosos a más no poder[1], nos da un programa culto. Y es que hoy en día se prefiere tener la erudición propia de los diccionarios que no se comunican con nadie a ser un dialogante que intenta hablar de manera óptima (esto es tan pedante como los entrenadores que todo lo quieren justificar con estadísticas).

Una cuarta derrota es para aquellos que aman a la selección mexicana, a esta no se le sobrevive, ni se sobrelleva, se tiene, el fútbol en este sentido es como los Beatles o se crece y se forma uno con ellos o simplemente no se le lleva consigo. En ese sentido la selección mexicana es coleccionista de derrotas las ha buscado todas, la imperdible (contra Túnez en el Argentina 78), la imperdonable (en Corea-Japón 2002), la digna (contra Argentina en Alemania 2006) y así un gran número  de derrotas, cada amante de la selección tiene una en particular, una que le duele y padece de manera especial, en este sentido la selección trasciende generaciones y les otorga una nueva gama de derrotas. El amante de  la selección necesita estar preparado para la derrota, para la victoria no se puede preparar, pues nunca ha ganado algo que los hombres estimen y quizás este mundial no sea la excepción, tan pronto México sea eliminado, el mundial se vuelve lúdico y se aprecia al fútbol por venganza o por búsqueda de la excelencia en el dominio de la pelota.

Y es que la pelota favorece siempre a los más aptos, a los más gallardos, quizás ya no lo veamos tan claro porque ahora los jugadores de fútbol suelen ser más cobardes y más aburguesados que un alumno de filosofía, los hombres ya no juegan, ya no podrían con los nuevos reglamentos Beckenbuaer tendría que haber salido del partido contra Italia en 1970, no podría jugar con hombro dislocado una semifinal del mundo y no obstante gracias a Dios lo hizo. No debemos dejar que el pesimismo nos gane, aún quedan hombres que apuestan por la gloria más que por el negocio, sólo dejemos que la pelota lo decida en su rodar (Gracias a Cruyff, Pelé, Maradona, Zidane y Baggio).


[1] Sólo miren a Mauricio Mejía de Ludens que tratar de juntar a cosas como la filosofía y los deportes, esto para mostrarlos como “más” valiosos, como si las emociones o la excelencia demostrada dentro de cada cancha, de cada estadio, por cada atleta no es suficiente, se necesita un ornamento, y hoy no hay nada que se venda al mejor postor que las letras de hombres “ilustres”. No es que todo lo que hagan sea desdeñables sólo que en este aspecto lo son.

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