Mis manos se aferraban, en vano, nada podían distinguir…lo que una vez fue un arma, ahora es una desesperada realidad…lo que una vez fue mirada, ahora es huecos vacíos…

Mi sonrisa, apenas la recuerdo, se desvanece tras la faz que alguna vez fue esporádica, mi cielo ha sido robado…

Ya no hay diferencia, dónde comienza la máscara es tan difuso como el tratar de encontrar dónde terminaba el rostro, me advertía en secreto que algún día me perdería en ella, susurraba cuando mentía…

La desesperación me asfixia, mi voz se pierde en este contorno que ya no es ajeno, lo que pude ser, lo que soy se revela ante el espejo que no soy yo, o que tal vez, queriéndolo omitir, terminé siendo…

Me han alcanzado los terrores que tanto rehusaba a sentir, me he fundido con ella, los gritos se ahogan, nada puede escucharlos, lo que conocía se ha alejado junto con lo que pudo ser, la comodidad estuvo en el esconderse…

Imagíname sin ella, tan vacía como la primera vez, tan confusa como todos los días, gestos forzados, forjados a la conveniencia del convivir, rodeada de todo aquello que tampoco es distinguible…

He dejado de sentir cansancio al fingir, ni siquiera puedo acertar a que realmente esté fingiendo, tantas veces se ha hecho costumbre, sonrisa, frases diseñadas para momentos específicos…

He aquí una letanía de eternos sucesos, de instantes que se han desvanecido cuando se trata de ser lo que no se es, o quizá lo que no se pretendía ser, pero que, por fin se ha alcanzado…

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