Meras ciencias de hechos hacen meros hombres de hechos.

Husserl.

A partir del momento en que comenzamos a ver a la Naturaleza como aquello que es ajeno a nosotros mismos, es decir, como eso otro que no soy yo, el estudio de la misma ha quedado relegado a un olvido relativo, por una parte parece que sí nos preocupamos por saber lo que es la misma, pero esa preocupación se desprende más del deseo de dominarla que del apetito de contemplarla y comprenderla.

Esto hace que el estudio de la Naturaleza llevado a cabo por la física clásica quede en manos de hombres que más bien podrían  perfilarse como técnicos, es decir, como sujetos que desarrollan mediante determinado arte los instrumentos mediante los cuales después se pueden obtener resultados benéficos para la humanidad, tales como la prolongación de la vida, o abrir la posibilidad de que ésta sea lo más cómoda posible.

La búsqueda de tales beneficios puede resultar deseable sólo cuando consideramos que lo que le da sentido a la vida es la obtención de aquel bien que lleva a Gilgamesh a encontrarse con Utnapishtim, o cuando vemos a la comodidad como lo mejor por sobre todas las cosas, es decir, cuando apreciamos a la vida eterna y al bienestar físico como la expresión máxima de lo que somos, seres libres y sumamente poderosos.

Pero, por otra parte, el estudio de la Naturaleza, es al mismo tiempo visto como algo en lo que no vale la pena ocupar el tiempo, en especial cuando el sentido de nuestra existencia no se fundamenta en la obtención de poder y junto con ello en la posibilidad de hacer lo que nos venga en gana en cualquier instante. Este desinterés respecto a lo que se diga sobre física parece más ubicable en aquellos sujetos que pretenden ocuparse de lo que corresponde solamente al hombre.

De lo anterior, se colige que el olvido relativo en el que se encuentra el estudio de la Naturaleza se desprende de una tajante separación entre lo natural y lo humano, misma que supone que el hombre no es un ser que sea gobernado por principios, por mucho superiores a él. No hay nada que limite o que sujete a ciertas leyes al ser que se ubica en la corona del mundo.

Además, hay que considerar que al pensarnos como seres separados por completo de la Naturaleza irremediablemente vemos que el conocimiento de la misma no afecta en nada la imagen que sobre nosotros mismos podemos formarnos, lo cual incluye a nuestra vida en comunidad, es decir, hacemos una tajante separación entre la física y la vida ética y política, de modo que nos resulta más claro que a nadie le afecten los últimas hipótesis sobre el comportamiento de las partículas subatómicas, a menos que esté trabajando en un laboratorio.

Que en lo referente a la vida cotidiana ya no nos interese reflexionar sobre aquello a lo que llamamos Naturaleza, es completamente comprensible cuando el físico queda relegado a un laboratorio, y cuando lo único que puede comunicar al político es que el resultado de sus últimas investigaciones se puede ver en la facturación de algún instrumento capaz de brindarle más poder, ya sea sobre el medio que lo rodea o sobre aquellos a los que gobierna, e incluso sobre sí mismo, si es que éste aspira a regir sobre la totalidad de sus actos.

Bien se me podría objetar que estoy satanizando a la ciencia moderna, a quienes consideren tal cosa, sólo les puedo dar la razón, pues en última instancia lo que nos hace vernos como seres separados de la Naturaleza, es el hecho de pensarnos como supremos gobernantes de aquello que nos rodea, es decir, como seres omnipotentes; y como entiendo que satanizar es poner a algo como enemigo de lo divino, y que considerar que no hay nada más poderoso que el hombre -y ante lo cual éste deba responder por sus actos- es un acto impío, entonces doy la razón a quienes justamente señalan que pienso a dicha separación entre natural y humano como un acto de soberbia más que como una necesidad que conduce al ser humano hacia los cielos.

Así pues, tal pareciera que lo único que nos puede conducir a pensarnos como seres naturales y a ocuparnos de la reflexión sobre lo que sea la Naturaleza, más que un deseo por retornar a viejos tiempos o por dejar de afectar a la comodidad que supone vivir en un planeta estable, es la piedad, el problema radica en que ésta ya no tiene lugar en este mundo, pues ha sido desterrada en beneficio de la humanidad.

Maigo.

Anuncios