Realmente ya creía en el amor a primera vista, pero nunca  me había pasado algo digno de ser tomado como tal. Ese día había sido uno como cualquier otro, pensaba que era tarde y que el tráfico cada vez era menos soportable, sin duda había perdido ya la mitad de mi primera clase, estaba fastidiado y un poco aburrido, desesperado quizá.

De pronto por la ventana vi a una chica, no me resultaba como cualquier otra pues ésta en realidad atrajo mi ánimo. Vestía un pantalón azul marino, una blusa rosa, tenis y traía su cabello suelto, el movimiento que acontecía a cada paso que daba atraía decisivamente la mirada hacia ella; fue imposible no verla, sus pasos, su cuerpo, toda ella parecía dejar una estela luminosa o aromática que perseguía su desplazamiento. Cada palpitación en su trayectoria era sensual, llamativa. Su cara, vi sus ojos y me relajé, no podía decir más. Fue algo realmente extraño, algo que me impactó. Sólo atiné en dejar el transporte público en el que venía y por el momento no pensé en otra cosa además de hablarle.  Me dejó estupefacto, no podía creer que alguien pudiera causar eso en mí,  de esta manera, tan prontamente.

Su imagen la hacía lucir como alguien engreída mas ignoré el detalle, confié en que eso sólo era la apariencia. La alcancé pues su andar había rebasado al mío, pero cuando estuve a unos cuantos pasos de ella entré en razón: qué le diría, cómo abordarla sin asustarla, qué si no me hacía caso; me asaltaron las dudas y ya no supe qué hacer, estaba nervioso, sin embargo decidí decirle algo, después de todo qué era lo peor que podía pasar. Escuchaba música y sus audífonos se me habían convertido en un serio impedimento, así que comencé a caminar a su lado, me volteó a ver y creo que se perturbó un tanto, así que levanté mi mano izquierda saludándola. Me miró ahora con más detenimiento, me sonrió y se quitó los audífonos, lo había logrado, tenía ya su atención. Le pregunté su nombre, creo que eso le causó cierta desazón por lo que me devolvió la pregunta, así que le dije el mío. Cruzamos algunas otras palabras que siendo honesto no recuerdo del todo, me habló de su carrera y de las cosas que le gustaban, con eso hallé cierta afinidad en nosotros. Me pareció alguien interesante, incluso divertida.

Ese día la acompañé a hacer otras cosas. Acordamos buscarnos pronto pues moría de ganas por verla de nuevo y, según yo, ella también estaba un tanto interesada.

Ahora salimos a menudo, me parece una linda chica, tierna y cariñosa. Y me resulta contrastante que le guste reprimir esas cualidades a fin de hacerse como muy fría o analítica en el aspecto amoroso. Creo que es una obstinada con eso del amor. Ella dice no estar muy segura de que lo desarrollado a partir de ese día sea amor, quizá sólo sea simple atracción, entiende sin embargo, que todo lo que pude darse en una relación tiene su génesis en una llana mirada. Pero no, no hace más. Si algo no quiero que me acontezca es ser el único enamorado en esto, eso de apostarle a la suerte o al tiempo no me parece muy verosímil pues me toma la duda si en verdad ella vale la pena. Es posible que sí pero es igual de posible que no.

 La cigarra

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