Saboreaba tus labios desde lejos, parecía que nuestros encuentros no eran tan casuales, como solía pensarlo, tal vez nos poníamos de acuerdo con cada mirada en el justo momento, en la misma dirección. Desde pequeños nos gustábamos, recuerdo que hacía todo lo posible por acercarme a ti, me escondía tras los arbustos que yacían en tu ventana, esperando que ante el sigiloso andar de mis paso tu rostro dejaras ver. Mis amigos lo sabían, gritaban tu nombre cerca de tu casa, jugaban a los cazadores para que pudiéramos encontrarnos a solas. Todo parecía otro juego de niños, cuando el amor es tan efímero como los días de navidad.  Tu cabello era largo y obscuro, generalmente lo peinabas hacía atrás, tus ojos hacían el contraste con tu piel, eran gris pálido, resaltaban por las noches cuál si fueras un gato, eso a veces me asustaba, sí, pero a la vez me embrutecía. Tus tardes eran de risas, caídas y ensueños, cuando mi ánimo me postraba en la ventana, solo te observaba desde lejos ansioso porque me regalaras una mirada. Llegabas de la escuela, un rato en tu casa y al caer la noche mi hermana te esperaba afuera de tu casa. Francamente no sé qué evento fortuito las reunió, Alicia era más pequeña que tú, sus juegos estaban empezando, los tuyos pronto terminarían, sin embargo, eran felices juntas; ella te invitaba a entrar, era mi cómplice en ocasiones, tú te negabas, pretextabas cualquier cosa y regresabas a tu casa. Me gustaba pensar que te apenabas tanto como yo.

Las niñas de la cuadra se juntaban todas las tardes frente al parque, bicicletas, patines y patinetas se escuchaban ya a las siete, todas listas para emprender nuevas travesuras, de nuevo, risas y perfumes joviales acompañaban tus tardes. En contadas ocasiones me disparaba hacía la calle deseando encontrarte, buscaba un momento a solas contigo, rara vez tenía suerte, y cuando por fin estábamos solos, la timidez se apoderaba de ambos, la primera vez, supe que era sentirse fracasado. Mis cómplices prepararon un encuentro fugaz entre tú y yo, cruzamos unas breves palabras, reímos de tonterías que nos afligían en la escuela, supe tu nombre y tú el mío, ese día, maravillosa tarde,  en la que tu sonrisa me sonrojaba, en la que mis manos parecían hechas de agua; nos quedamos un rato en silencio, ¿de qué más podíamos hablar? Tu padre gritó tu nombre, sobresaltada y nerviosa me besaste en la mejilla, un abrazo y adiós. Al verte partir, sentí que mi cara ardía, mi corazón me daba vuelcos por dentro, tuve que poner mis manos en el pecho, pensaba que saldría de mí. Ramiro y los otros, que nos observaban desde la otra calle, presurosos se acercaron, vitorearon, me abrazaban, gritaban eufóricos, silbidos, risas, lo único que hice fue mantener mi corazón dentro de mí. Pasaron tres o cuatro días antes de que mi sonrisa pudiera abandonar mis labios, tus ojos los tenía clavados en la memoria, tanta fue mi alegría que hasta olvidé salir a buscarte, hablarte de nuevo, quizá esta vez, yo abrazarte. Dios sabe por qué desapareciste, fueron uno o dos meses en los que no supe nada de ti, pasaba los días y las noches tras mi ventana esperando que aparecieras, Alicia tampoco sabía de ti, las luces de tu casa siempre estaban apagadas, el auto de tu padre lo veía salir a toda prisa por las mañanas y de ti…nada. No era que dejara de pensarte, pero, otras cosas fueron distrayendo mi juvenil mente. Salí una tarde de mi casa, ya sin ánimos de buscarte, frente a tu casa dejé caer-no intencionalmente-las monedas para comprar los encargos de mi madre. Te apareciste por fin, me paralicé, casi eras la misma, excepto por tu mirada, era ausente, triste, me congelaste, hiciste un gesto de rareza -algo fingida, por cierto- ni una palabra dejaste escapar. Me varé como un imbécil mientras te alejabas, todo era tan confuso, dos meses te cambiaron para siempre. Olvidando por completo las compras, corrí a casa, mi hermana estaba en su cuarto, abruptamente abrí la puerta y casi sin aire le pregunté por ti; asustada por el exabrupto, me sorprendió que Alicia parecía haberte olvidado, tu nombre le fue extraño, pero con detalles fue recordándote, y con medias palabras sólo me pudo decir los rumores que le habían llegado: -“Fulanita dice que le tocó la muerte y que desde ese día ensombreció-. Aún mas confundido, me encerré en mi cuarto, contemplé la quietud ya nocturna de la cuadra. Silencio durante algunos años, desde mi ventana, observo la sombra de lo que alguna vez fuiste. Y no termina…