Con el nuevo horario de verano podía caminar hacia la secundaria con la impresión de que las calles solitarias no eran peligrosas. En unas pocas semanas terminaríamos con esa etapa y pasaríamos a la siguiente. Pasaba por la casa de Montse cuando me gritó desde su ventana “¡Ey! ¿Subes? Mis papás no están. Ya mismo me cambio.” ¡Ella en camisón! Y entonces la puerta se abría con el mecate que le ingenió su padre. Subí los escalones de dos en dos por la espiral y pensé que se me hacía algo con ella como antes, cuando me topo con el montón de sonrisas burlonas de su séquito de amigas. Estoy seguro que mi reacción fue lo contrario a la suyas.

Melina con su voz de pito “ya mero sale es que… se va a poner cómoda” (risitas), Claudia “te grito porque te quiso invitar, nos vamos a ir de pinta ¿vienes con nosotras, no García?” bueno, era lo primero que me decía después de su hosquedad de semanas. Pero bueno las cosas se fueron por otro rumbo, llegaron otras tres de sus amigas. Arieta rajó, Manuel ni enterado estaba y no vivía por esos rumbos, cosa que también dejaba a Ángel fuera.

“Sí voy, pero no tengo un peso” (bueno, eso era la otra cosa por la que caminé esa mañana), Montse “ay, pero si nomás vamos a Chapultepec, tú ven con nosotras y los pasajes los pagamos, total, tenemos el abono, pasamos todos”. La cosa ya estaba relajada.  Cuyonombrenorecuerdo me dijo en voz muy baja y con una mirada bien de cuates “ay, no manches, acuérdate que me dejaste quedar en tu casa cuando me peleé con mi jefa, yo te pago lo que sea”

Ya en Chapultepec hicimos todo lo que el batallón de uniformados de verde hacía: vagar por el bosque, platicar, sorprendernos de las ardillas supervivientes ¡hasta remar en el lago verdoso! Bueno, yo me quedé platicando con Cuyonombrenorecuerdo, (y ya tampoco recuerdo de qué platicamos, solo que nos la estábamos pasando bien). Ya de regreso, ellas platicaban de lo que querían ser, de la escuela a la que iban. Las típicas promesas de frecuencia, de no dejar de hablar, parecía que pasaban revista a las firmas en la ropa y la foto anual. Melina quería ser rockstar, Claudia contadora, Arleth volver a modelar (hacía diez años que no lo hacía.) (y como dos que ya estaba bien difícil), Tania dedicarse a la tienda de su padre (que la quería de abogada). Montse entrar al CCH… A Cuyonombrenorecuerdo  y a mí nos daba flojera esa plática, e íbamos un poco más dispersos. Ella quería ser veterinaria, yo hacía tiempo que leía y salía con los amigos. Ahí sí, recuerdo que se azotaba por Octavio y por su novia, por lo que había pasado con ellos. Me preguntaba por Monserrat pero evadía tanto como podía, eso que ellas pensaban que apenas comenzaba ya llevaba bastante rato de podrido y un tanto más de secreto. Y de repente nos jala Tania de los hombros. Más pálida que lo habitual y con voz temblorosa “vengan acá” , “¿qué pasó?”, “v-v-v-vengan por favor”.

Un tipo gordo y ceboso. Gorra deslavada, encasquetada. Bigote como de cepillo dental. Actitud misteriosa, casi susurrando. Camisa a rayas amarillas en fondo blanco. Pelo cano. Cara de estúpido. Mis amigas lo rodeaban atentas. Les decía algo que no alcanzaba a escuchar, apenas un murmullo alcancé a oir “… pero por eso les digo, no nos complicamos y no pasa nada. Miren yo no trabajo solo (¡Pfft, “trabajo”!), allá en esos árboles –dijo con su dedo cambujo— ese que ven ahí nos está cuidando…—yo no ví a nadie pero tampoco traía lentes— …si ustedes nenitas hacen algun movimiento, se echan a correr, insinúan a un guardia… —¡Cuáles! ¡Estábamos en Chapultepec! —… yo apenas necesito hacer una señal y mi colega se los quiebra… –muchas amenazas más después— …Ustedes tranquilas, miren, así como su cuatito, ni se inmuta porque es todo un hombre ¿verdad, mano?(un golpe en el hombro como para probar lo que decía) —¡ay, viejo desgraciado! Tenía la mano pesada— bueno, miren tampoco crean que me gusta que pasen un tan mal rato. (a Tania) a ver amiga de una vez, así discretita ¿veme pasando esos aretitos, no? Y ustedes, bueno, ya mejor vamos a un lugar que les parezca más familiar. Síganme y cuidadito si hacen algo eh. Ustedes tranquilas y vayan haciendo como que platicamos. Hagan como que no se saltaron sus clases, y como que yo soy su profe, y así ladrón que roba a ladrón ¿no creen? Más risas burlonas de él. Risas nerviosas de ellas. Comenzamos a caminar.

Todavía nos pagó el boleto de metro y nos conducía hacia el fondo del andén. Yo intentaba calmar a quienes veía más nerviosas. Arleth ya estaba pálida, pero cuando quise hablar con ella él la tomó del brazo y le dijo “a ver vengache usted pa’ca, que se ve que ese gandalla me la está asustando, te voy a contar lo que hice ayer para que te calmes un poco, los demás háganse un poco más atrás. Melina y las demás iban bien, quien iba nerviosa era Cuyonombre…, (Melina y Montse iban tranquilas, Claudia cuya gama de sentimientos por lo general matizaban de la indiferencia a la cólera, ya iba más bien bastante emperrada). Me dijo que tenía miedo de morir, de que su mamá no supiera que en verdad la quería mucho, que esa mañana pelearon, que se había salido dando un portazo, ya la voz se le empezaba a quebrar y sus ojos color miel se humedecían. La tomé de la mano, le dije una sarta de cosas que, si tuviéramos tan bizarra costumbre, bien pudieran aparecer en tarjetas de felicitación sobre los asaltos. Frases que bien hubieran podido salir de nuestra maestra de orientación. Sólo quería tranquilizarla, que supiera que íbamos a estar bien, yo no creía nada de lo que decía el tipo, pero igual no podía decirle mucho. Ya en esas el tipo volteó y nos interrumpió. “¡OH! ¡Miren nomás qué lindo! ¡tenemos dos tortolitos!” ya ni ví si voltearon las demás, ya odiaba al tipo más que al Igor en esa pelea, cuando me desvió el tabique. Sentía cómo me hervía la sangre y lo peor es que no podía hacer nada, para esos momentos el gran cerdo tenía abrazada a Arleth por encima de los hombros y su otra mano estaba metida en la chamarra, como dando a entender que le estaba apuntando. Por si fuera poco el andén estaba lleno, las personas voltearon con su exclamación. Un trajeado miró la escena; retándole sin querer, miré al trajeado como pidiendo ayuda y de inmediato volteó a otro lado. Todos hacían lo mismo. En un instante, dijo bien alto “bueno, muchachos, pues vamos al fondo a sacar los apuntes de lo que vimos. Tu vienes conmigo Arnulfo y también Karla” (¿Arnulfo? ¿Karla?)

Ya casi al fondo nos dijo “¿llevan mucho juntos?”, “Pues somos amigos”, “ya desde hace rato”  concluyó ella. “¡Cómo galán! ¿Qué no le llegas a la nena o qué contigo?” ya estaba furioso, no tuve intención de responderle. “¡A qué Armando!”, “Arnulfo, idiota”, y él con un tono molesto “Y encima chistosito y con buena memoria”. Continuó ahora amenazante “pues como te llames me vale pito, lo que sí es que si te le ibas a lanzar, a lo mejor ya no te lanzaste, mano… Digo, uno no tiene la vida comprada y mucho menos en una ciudad donde cualquier i-dio-ta hace lo que quiere porque tiene armas y amigos ¿no crees?”.

Ya dirigiéndose al resto del grupo “bueno vamos a sentarnos en círculo ¿no? Ándenle, saquen cuadernos. Ustedes dos junto a mí. Uno de cada lado para que no anden de calientes. Qué bien, eso, hagan como que escriben y ¿platicamos no? Eso, también ríanse. No, no, no tan fingido. Eso como ella –señalando a melina—” “y mientras vayan poniendo aquí todo, relojitos, cadenas, sus carteras ¿ya saben como es esto no?”

Hacia Comoseaquesellame “Oye corazón ¿y si te digo que si me das un beso, ahí la dejamos y les devuelvo todo?” y ella con ojos fieros “que nel, que mejor nos quites las cosas” ya otras dos la habían apoyado. “bueno, pues eso está bien, que se midan. Pero bueno, yo creo que él sí se merece un beso ¿no crees?” a ver dense un beso ahora mismo, pásate junto a él” ¡y entonces de la nada sucedió! Pasó que era el beso más rico de todo el mundo y que todavía en esa situación era delicioso. Jamás me imaginé besar a una amiga. Digo, las amigas –como los amigos— están por encima de las novias, los frees y todas esas relaciones que se acaban, que pueden durar dos semanas. Por eso no se besan a las amigas, porque se echa a perder, pero todo eso parecía estar tan bien. Hasta que así a lo lejos, muy lejos escuché que el tipo decía “imaginen que eso es lo último que siente su cuate” y sentí que me encañonaba por el costado derecho.

“ni se te ocurra dejar de besar” ¡Ay, y así de repente todo ya todo era horrible de nuevo, y aún más! Pensé que todo acababa ahí, ya todo era silencio tenía los ojos y los puños bien apretados, pero cuando ví que no pasaba nada, y que sería complicado que él escapara a eso. Comencé a abrir los ojos. Lo primero que noté es que a Miriam le corrían las lágrimas (¡Miriam! ¡así se llamaba!), lo segundo, que era porque desde que me encañonó apreté la quijada y le estaba mordiendo la lengua a la pobre… extrañamente no me dieron ganas de soltarla. Mordí un poco más fuerte por un instante antes de aflojar la quijada y le noté el alivio.

El tipo tomó sus cosas, nos advirtió que alguien iba en el vagón y que no hiciéramos nada raro hasta llegar a nuestras casas. En el vagón todas iban en silencio y muy tensas. No los atosigo con los detalles del regreso, al salir del metro todas soltaron a llorar. La escuela ya estaba desierta, fuimos directo a casa de Monse y ellas comenzaron a llamar a sus casas. Aclaraciones: ya platicando las cosas resulta que el tipo me encañonó con el pret de Melina. Nadie vió caco alguno detrás de las hierbas. Otro de los cómplices a los que saludó camino al metro no le devolvió el saludo. Parece que nadie vio que trajera pistola, aunque a Tania le pareció haber visto algo. Miriam y yo quedamos como amigos, conservando nuestra sólida amistad por un par de meses después de que salimos. Y en lo que a mí respecta así fue mi primera y última ida de pinta (ir a jugar playstation a casa de Ángel, buscar pelea con los de la 96, y escapar con alguien más, no cuentan como pintas de secundaria), el asalto más largo y menos costoso que he padecido (menos un boleto de metro), así como mi primer acercamiento accidental al sadismo. Yo aún no conocía el nombre de las tres.