Es complicado abordar un texto, independientemente del tipo que sea, y pretender que con una llana lectura se puede abstraer la totalidad del mismo. El texto por naturaleza propia implica un ejercicio de interpretación –lo cual ya entromete problemas de subjetivismo o del estilo de la captación del noúmeno a la Kant– pero descifrar signos gráficos para tenerlos como fonemas quedándose con las ideas superficiales parece no bastar para rescatar lo que quiso decir el autor en su totalidad –apelando a que la comunicación de una idea individual basada en el conocimiento experimental en tanto la idea amplia de experiencia, puede hacerse incomunicable y todavía más sumándole los problemas de la estrechez de la palabra. Respecto a lo primero ahondaré más adelante–. Puede esbozarse una respuesta afirmativa si el autor de un texto cualquiera, al escribir, ha sabido expresar clara y concienzudamente lo que quiso decir; la idea sería fácil de tomar y por ende de entender. De hecho, esta posibilidad se ve más viable en las ciencias donde lo que se explica es así sin más, donde no hay mucho por cuestionarse y lo que se tiene por conocimiento es algo exento del autor, único y por tanto, verdadero.

La poesía contraria a un estudio del tipo exacto, habla sobre variados e inclasificables –debido a la heterogeneidad de lo que abarca– temas, lo que dificulta no sólo la manera en que debe ser divulgada por el autor sino al tiempo, la manera en que debe ser asida por el lector. Además de que al versar sobre temas indefinibles de sí –pensando que la poesía tiende a inclinarse por temáticas sobre el Amor, libertad, Naturaleza y otros por el estilo– el modo en que se habla de ellas, lejos de facilitar la comprensión de dichas locuciones parece dificultarla, en tanto el problema atañido al lenguaje y aún empeorándolo en el lenguaje poético. Salta a la vista que entonces algo que parece caracterizar a los escritos que hemos denominado poéticos es que no pueden develarse de otra forma, además de poéticamente, puesto que se componen de elementos indescifrables y confusos; como si el único modo de expresión que tuvieran ciertos temas fueran poéticos necesariamente. Por lenguaje poético entiendo la conjunción perfecta, armónica y bien aplicada de lo que creemos constituye la poesía, palabras características del arte, metáforas según el modo de escribir y las reglas que obedece –porque un poeta por más que alardeé su libertad o innovación de técnicas se atiene a un modelo medidor que finalmente lo definirá como tal–. De tal modo, que el lenguaje poético además de soportar sus menoscabos –lo cual ya es decir bastante– soportará a la vez, los del lenguaje mismo: convencionalidad y arbitrariedad, de acuerdo a un contexto histórico-social. Asunto aparte.

Ahora bien, de acuerdo a lo que hemos creído que se interesa en hablar el poeta y retomando aquello que decíamos de que sus escritos ínsitamente llevarán cierta expresión de una experiencia personal –palabra que hace que suene redundante pero puntual la expresión– a través de lo que ellos entienden por Amor y demás, queda disconforme la posibilidad de comunicar aquello que tiene interiorizado como visión personal. Es decir, con qué certeza o de qué manera hace ver a otros lo mismo que él desde un punto de vista particularmente suyo.

Razón que agrava la situación, ya que si el poeta no logrará expresar la idea que él tenía acerca del tema en cuestión, o, si él logra hacerlo pero no de manera tal que otros lo entiendan, cuál es la intención o la finalidad de la poesía. Un tema comentado con personas similares en una situación no tan similar en donde, si no mal recuerdo, se llegó a especular acerca de las posibles intenciones: ¿catarsis? ¿ocio? ¿presunción?.

No me queda resuelto el problema suscitado, empero, eso no nos arranca el placer de tomar a Paz y entregarnos por Libertad bajo palabra.

La cigarra

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