Mi amado es para mí

bolsita de mirra

cuando reposa

entre mis pechos.

Mi amado es para mí

racimo de uva

de las viñas de Engadí.

Cant. 1, 13

Hoy me siento triste y con enojo, siento que en unos pocos instantes he perdido todo, he perdido la seguridad y la confianza, tanto en él como en mí, cómo se atrevió a darme su palabra, a jurar que me seguiría hasta el fin del mundo de ser necesario, peor aún, cómo es que le creí, definitivamente me equivoqué al pensar que le conocía y que podía dejar lo más valioso de mi hacer y de mi tiempo en sus manos.

Ahora no comprendo por qué prometió cosas que no pudo o que no estaba dispuesto a cumplir, yo nunca le pedí tales promesas o juramentos, hasta donde recuerdo éstos nacieron de él, salieron del vallar de sus dientes cuando conversábamos en medio de ese hermoso jardín.

¡Ah! Aquél jardín, cómo olvidar ese jardín, cómo sacar de mi mente que yo lo arreglaba todos los días con esmero a fin de que él fuera feliz rodeado de tantas bellezas y milagros, cómo olvidaré que mis brazos siempre estaban abiertos y dispuestos a rodearlo cuando él se acercaba a mí, ya fuera cansado, aburrido, o fastidiado por la soledad que decía lo acongojaba tanto, soledad que, me decía, se disipaba en cuanto nos sentábamos uno al lado del otro, nos mirábamos a los ojos y conversábamos.

En estos momentos me duele recordar su mirada, me duele recordar mi reflejo en sus ojos y cómo él se veía reflejado en los míos, y más me duele que a pesar de la distancia que ya existe entre nosotros no puedo dejar de verlo, no sé por qué cuando lo miro siento que a pesar de su infidelidad no es justo que me enoje con él, me duele tanta confusión, me duele ya no poder creerle aunque vuelva a mirarme a los ojos, me duele que su palabra ya no valga nada.

Esta horrible confusión no me deja en paz, no sé en qué me equivoqué, quizá no debí darle tanto, es probable que al tener todo se haya fastidiado y decidiera marcharse, pero, porqué provocar mi enojo antes de irse. No, no creo que sea eso lo que lo llevó a incumplir con lo prometido, tal vez haya sido esa prohibición la que lo alejó de mí, acaso no vio que yo pretendía que siempre fuera él mismo, que así lo amaba y lo bendecía siempre desde el fondo de mi corazón…

Ya que importa que piense todo eso, él ahora está lejos de mí, y quizá nunca vuelva, ¡prefirió la compañía de esa víbora maldita!, por ella aprendió a mentirme, a ocultarme su rostro cuando lo llamaba; todavía recuerdo que ni siquiera se atrevió a darme la cara cuando le pregunté lo que pasaba, simplemente se alejó de mí y dejó que yo descubriera su engaño y que lo echara de mi lado para siempre.

Ahora, él vive trabajosamente al lado de su inseparable cómplice, ahora él ve el mundo a través de sus envenenados ojos, mientras que yo me quedo en la soledad de mi jardín, pensando qué estará haciendo, mirando desde lejos cómo se hunde cada día más por la invalidez de su palabra, y sabiendo que nada podrá sustituir a mi amado Adán.

Maigo.