the lion roaring behind the door of the closet turned out,

when that door was opened, to be a little, domesticated cat.

Libertad, igualdad y fraternidad fueron las promesas de la revolución ilustrada, y con ella los objetivos de la vida política moderna. El éxito paulatino en la realización de los ideales modernos ha modificado insospechadamente nuestra vida política, pues ahora parece que estamos pendiendo de un hilo mientras intentamos conservar la unidad social. Mucho se dice, sobre todo en los círculos conservadores, que nuestro problema es de valores, y con ello se sugiere que nuestra solución está en la educación. Mucho se dice, sobre todo en los círculos progresistas, que nuestro problema es de hechos, y con ello se sugiere que nuestra solución está en la implementación de programas adecuados de acción. De uno y otro lado se dice que lo indispensable es contar con un grupo de expertos que nos sepa guiar. Sin embargo, lo que se oculta hablando así es que se espera manejar la vida privada desde la esfera pública. Por mi parte, yo creo que sus argumentos tienen una carencia esencial: creen que lo público se puede medir con la misma tasa que lo privado, o lo que es lo mismo que la familia es cuestión de política pública así como un estado es una representación en letras grandes de un hogar.

Es cierto, por un lado, que la familia es un núcleo que permite discernir entre lo público y lo privado, pero también es cierto, por otro lado, que la distinción primaria de entrambos es anterior a la familia. Basta recordar, al menos, aquel eslabón de la dialéctica erótica de la historia relatado por Heródoto en el libro primero de las Historias, donde se muestra la desmesura ineluctable de Candaules al divulgar los secretos del propio lecho: la intimidad, el primer estrato de lo privado, se determina a partir de eros. Nótese, además, que el rasgo primero de lo privado no funda familia, pues no toda relación erótica es reproductiva. O dicho de otra manera, la familia no ha de tener necesariamente un sustrato erótico.

Obviamente, para todo lector de los clásicos ha de ser evidente que es precisamente eros lo que más hace tambalear a la vida pública, que eros es el mayor peligro político. Piénsese, por ejemplo, que los problemas maritales entre Agamemnón y Clitemnestra, así como sus respectivos idilios con Casandra y Egisto, dejan al pueblo argólico en vilo al final del primer tanto de la Orestíada. Eros no funda familias, pero sí las disuelve, y disueltas la comunidad languidece. Otra cosa es preguntar qué pasa cuando eros sí da forma al núcleo familiar.

La volatilidad de la sociedad en las manos de eros moduló la configuración contemporánea de lo privado. El ideal ilustrado de la libertad, libertad ineludible a la condición de todo sujeto moderno, se esgrimió como la bandera de batalla durante la revolución sexual del siglo XX. La esperanza de libertad de los revolucionarios sexuales se orientó a eliminar las diferencias entre lo público y lo privado en cuanto al erotismo, inoculando la vida pública de una saturación obsesiva por el sexo, que es tan indiferente, instantáneo y pasajero como para distribuirse en grandes cantidades bajo la forma de una necesaria e indispensable liberación mecánica de energía (libido) asequible como derecho para todo ser humano. De ahí vienen las políticas de salud pública, la educación sexual y la exposexo.

Disuelto el primer estrato de la privacidad mediante la publicación de la vida sexual, queda el núcleo familiar como remanente de la distinción entre lo público y lo privado. Sin embargo, envuelto en la bandera del segundo principio ilustrado, el feminismo vino a instaurar la igualdad entre los seres humanos y con ello a disolver en la familia misma los límites mentados. Transfigurando en roles las diferencias, la nueva igualdad entre los sexos garantiza un socialismo de colchón en el que la madre contribuye al progreso familiar como workhouse, el padre participa de las tareas domésticas preparando botana para los invitados, jugando con el bebé o lagrimeando con la telenovela del horario estelar, mientras ambos se enfundan en jeans para llevar los pantalones en casa.

A mi modo de ver, sólo queda otro estrato de la privacidad que puede fundar comunidad ―pues fundando todo en la familia, la comunidad sería indistinguible del clan o la tribu―: la amistad. Sin embargo, es sencillo ver que con el establecimiento gradual del tercer ideal ilustrado muy pronto la amistad podrá ser substituida por la filantropía científica que lo mismo modifica secuencias genéticas para beneficiar a tal grupo poblacional, que recauda víveres para los caídos en desgracia. Eros banalizado, la philía amenazada, y disipándose el raro punto medio entre ellos que da esencia a la relación familiar, los revolucionados cada vez tenemos menos por que vivir, aunque más aparatos, prerrogativas y entretenimientos para displicentemente pasar el rato inventando la felicidad.

Námaste Heptákis

Coletilla: ¿Y dónde están los prohombres de izquierda enlistados en la defensoría de los derechos humanos ante el caso de Orlando Zapata Tamayo? ¿Y dónde estarán cuando nos sea impuesto nuevamente un paro de labores en la UNAM el próximo día 16 de marzo? Además seguimos pidiendo la liberación del auditorio Justo Sierra.

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