“… quiero que me digas, amor,

que no todo fue naufragar

por haber creído que amar

era el verbo más bello…

dímelo…

me va la vida en ello”

Mis ojos se cierran. Creo que sólo es cuestión de minutos para que me quede dormido… Pero tengo que acabar esto. Será mejor que acabe. No puedo posponerlo pues hoy es el día acordado, y las consecuencias de no terminarlo serían nefastas,  desde el punto de vista de los compromisos adquiridos y de la confianza o responsabilidad que están detrás de dichos compromisos. Después de todo, son tus amigos, y quedaste con ellos que lo tendrías listo hoy. La fecha fue fijada desde tiempo atrás, cuando todo comenzó. Ahora no puedo salir con que no lo tengo listo.

Alguien podría pensar que para qué me preocupo por terminar esto en este momento, que apenas son las cuatro de la tarde con dieciséis minutos. Todavía faltan cerca de ocho horas para que el día llegue a su fin. Podría tomar una siesta, pero estoy tan cansado que me quedaría dormido hasta mañana muy seguramente, cuando ya no tendrá importancia si lo termino o no. Otra posibilidad es que con la satisfacción de mi deseo (más bien necesidad) de dormir, se me olvide que tengo que terminar esto hoy. En cualquiera de los casos, pienso que será mejor que termine, pero no se cómo. Además, antes de que el cansancio y el sueño la desplazaran de mi ánimo, una gran alegría me invadía, y creo que si me duermo en este momento, lo que resulte ya no será lo mismo. El de hoy ha sido un día lleno de eventos desacostumbrados, debido a la interrupción involuntaria de mi vida los últimos meses debido a que ya me había acostumbrado a otras cotidianidades.

Estoy tan cansado, porque el sol estaba insoportable cuando caminé desde la avenida hasta la facultad, y es un gran tramo el que debo recorrer para llegar a ella. El calor por poco me hizo desfallecer. Tuve que comprarme otra botella de agua al llegar, pues estaba sediento, sudoroso y profundamente cansado y ya me había terminado la que me compré por la mañana. Eso indica que sí estuvo pesado mi andar bajo el calor del sol, pues hay pocas cosas que me disgusten más que el agua. ¡Caracoles!

Después, ya en la facultad, fue bueno volver a ver a tantas personas conocidas, pero yo estaba muy cansado como para disfrutarlo plenamente. Además, la incertidumbre que me provocaba el motivo que me hizo ir el día de hoy a ese lugar, antaño visitado con tanta frecuencia, no me abandonaba. ¿Qué sucedería, después de tanto tiempo? No sabía que esperar, pero tenía que descubrirlo hoy, forzosamente. Ya la semana pasada lo hube pospuesto, por causas que me excedían, pero ya no podía prorrogarlo un día más. Tenía que averiguar cómo estaban las cosas, después de los desafortunados acontecimientos del año pasado, y si era capaz de actuar apropiadamente al enfrentar la situación. Lo que más me desconcertaba era que eso no dependía sólo de mí, lo cual me ponía nervioso.

Finalmente sucedió, la volví a encontrar y eso me produjo una inmensa alegría. Platicamos largamente de muchísimas cosas, nos pusimos al tanto de lo que estaba sucediendo en nuestras vidas en estos momentos, tan diferentes de los que vivíamos cuando nos conocimos, hace alrededor de dos años y medio. Con todo, creo que ella sigue siendo la misma, y yo sigo siendo el mismo, si bien quizás eso es parte del problema. Nada que no sea accidental ha cambiado (aunque en efecto son accidentes de mucho peso e influencia en las circunstancias vitales, pero eso no importa). Ahora que nos hemos reencontrado, no quisiera dejarla ir. Quisiera poder decirle lo que siento y lo que sentí, pero no puedo. No quisiera que hubiera otro alejamiento tan grande, aunque quién sabe en qué medida no podemos dejar de estar alejados.

Ha sido un día extraño hasta ahora. Perdón que lo repita, pero es que, aunque ignoro la explicación clara de ello, ahora que estoy a punto de quedarme dormido, me queda claro que es el motivo de la gran alegría que sentí al verla, el mismo que a ratos me desconcierta y me llena de melancolía: todo sigue igual. ¡Todo![1]

(vacío)


[1] Mejor apago esto y me dispongo a dormir, con loca esperanza de saber de ella mañana, y que la alegría se mantenga y se imponga a la melancolía por más tiempo.

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