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Leyendo cómo Námaste Heptákis comentó el poema del códice Matritense, me parece que bien dice que se nota en nuestra relación con la poesía que no somos comunidad. Además, late la necesidad de entender por qué. No es sencillo darnos cuenta de qué nos falta cuando nos falta, y por eso está presente el peligro de pensar que lo anterior, todo, era simplemente bueno y mejor. Es la posición más fácil (y errada) que nace de sabernos incómodos y en disgusto, y concluir que si todo está mal es porque ha decaído. El sentido de la falsedad de esto se puede esclarecer haciendo notoria la diferencia entre “lo que pasó primero” y “lo que sostiene lo que pasó”.

Me explico. Decir que se establecía el canto y se fijaban los tambores, que se dice que así principiaban las ciudades, pues existía en ellas la música, suena a que es lo primero que se hacía cuando se fundaba una ciudad, como si este fuera el primero de muchos pasos en el tiempo. Creo que a eso se refiere Námaste al decir sobre el poema que “leerlo así es perder el sentido de lo mejor, obstinarse en la idealidad de lo primitivo, confundir lo salvaje con lo natural, lo pleno con lo caduco, lo real con las ensoñaciones de los confundidos”. Sin embargo, “fundar una ciudad” es una metáfora, porque la ceremonia de fundación es representativa de un estado que ya existe entre hombres que mantienen un modo de ser entre ellos, y no pueden elegir hacerse así. O bien, tal vez no hay tal ceremonia y la ciudad se funda naturalmente sin que los que en ella viven hagan nada más que relacionarse como lo hacen. ¿Y cómo es esto? Pues en concordia, como cuando se entona un canto al ritmo de un tambor, o se tensa el cuero de un tambor afinándolo con la voz. El ritmo es igualdad o semejanza, posibilidad de comparar en proporción; y esto no es en el tiempo. No es lo primero que se hizo para que hubiera una ciudad, sino lo que está allí si acaso existe una ciudad.

El ritmo es una imagen solamente, pero es una muy fuerte. El ritmo entre quienes viven juntos es su acuerdo sobre lo que es mejor para todos, y el canto es la voz con la que cada cual se presenta ante los otros. Ese acuerdo no existe entre nosotros (no escribí “ya no existe”, porque el tiempo no hace diferencia). Por eso no sólo le prestamos tan poca atención a la poesía, sino que cuando llega a suceder que lo hacemos, poquísimas veces hablamos sobre las mismas cosas. Nuestras voces son tan disímiles y nuestros ritmos tan distintos, que si cada quien de los que vivimos en este país sostuviera su parte de canto y su parte del tambor, compondríamos una espantosa pieza de “arte” contemporáneo, mucho antes que una sinfonía.

El origen sonoro de la política

Ha dicho Javier Sicilia que nuestra crisis política tiene como fundamento la incomprensión de la poesía. Lo políticos criminales y los profesionales del crimen no saben de poesía, pues sólo tienen imaginación para la violencia, la violencia carente de sentido, infrahumana, imbécil. Olvidamos la poesía en nuestra vida y con ello olvidamos el buen uso de las palabras: entendernos, sernos otros. Nuestra crisis política, crisis en la fe, es la disolución de nuestra comunidad poética.

Un viejo poema del códice Matritense atestigua lo siguiente:

Se establecía el canto,

se fijaban los tambores.

Se dice que así

principiaban las ciudades:

existía en ellas la música.

Una lectura primeriza y superficial verá en esos versos la confirmación romántica de un pasado ideal: todo era mejor antes, todo es peor ahora. Pero leerlo así es perder el sentido de lo mejor, obstinarse en la idealidad de lo primitivo, confundir lo salvaje con lo natural, lo pleno con lo caduco, lo real con las ensoñaciones de los confundidos.

La sola existencia del arte musical no es suficiente para afirmar la existencia de la comunidad: los conciertos masivos no son comunitarios, son gregarios; los conciertos privados no son comunitarios, sino ornamentales; los conciertos de caridad y buena conciencia no son comunitarios, más bien son canales de desagüe de la filantropía autocomplaciente del mundo moderno. El arte musical como principio -quizá no primero, pero principio al fin- de las comunidades se funda en el canto y en los tambores: cuando se canta lo digno de ser cantado, cuando suenan los tambores de guerra para defender lo más propio de uno. Y sólo puede cantarse lo digno de ser cantado o defender a la ciudad para conservar su propia salud cuando nos entendemos, cuando nos une el mismo bien verdadero que arraiga en la más pura fe de las ciudades… Lo demás es ruido fratricida, y en él vivimos.

Námaste Heptákis

Ejecutómetro 2011: 4503 ejecutados hasta el 6 de mayo.

Coletilla: La Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad es víctima de abusos y vituperios. Algunos se montan en la causa para golpear al gobierno federal, y a ellos contestó Sicilia hoy por la mañana: “Quisiera repetir, porque tal parece que los políticos no entienden, por ejemplo ayer el senador Beltrones diciéndole a Calderón que nos oiga. No, también senador Beltrones, óiganos, no pedimos nada más que salga Calderón a escucharnos y a recibirnos, también lo pedimos a las bancadas de los partidos, a las presidencias de los partidos, ellos también han sido omisos. Calderón tiene 40 mil muertos, una mala estrategia de guerra, pero la mierda la crearon ellos, la destrucción de las instituciones la empezaron ellos y siguen haciendo omisiones, siguen comportándose como delincuentes, esto va para todos los partidos también, que no se equivoquen”. Otros más aprovechan la oportunidad para pedir la rendición del país en manos del narco, a lo que el poeta dijo: “No intentamos frenar la acción de Gobierno, intentamos que el Gobierno piense del lado de la ciudadanía y no para proteger al Estado. Le pedimos al Presidente de la República que no sólo oiga, que escuche, que entienda que no estamos contra nadie, que estamos buscando el bien de la nación, se llama una marcha por la paz, pero con justicia y dignidad, una paz basada en la violencia, basada en el horror no puede ser una paz. Hay gente que ha estado hablando que nosotros queremos destruir las instituciones y no, las instituciones están destruidas, no podemos comprender una guerra mal planeada, mal dirigida, mal llevada, no podemos comprender que nada más entienda (el Presidente Calderón) que los criminales están allá afuera. Si están allá afuera es porque las instituciones y el Estado está cooptado, porque está en muchos sentidos podrido”.

Supongamos por un momento que vivimos felices, que nuestra felicidad se debe al conocimiento exacto y preciso de nuestra esencia, y que esa exactitud y esa cabalidad las debemos a nuestra hermosa razón, esa facultad propiamente humana de aprehender la esencia de todo lo que es y de dar cuenta de ello a otros hombres mediante el discurso, que todo hombre tiene, tan sólo por ser eso que es. Supongamos, entonces, que ya sabemos quiénes somos, pues desde antaño nos han enterado de ello los discursos de personas sabias. Nuestra vida estaría solucionada así. Las dudas serían cosas del pasado. No tendríamos preocupaciones de ninguna clase y podríamos dedicarnos al ejercicio libre de esa misma facultad en la entrega al escrutinio racional de todo lo que nos rodea. Sabiendo el hombre lo que él es, lo que es todo lo demás habría de resultar cosa fácil, y nuestra felicidad estaría asegurada por los siglos de los siglos, pues ese conocimiento de lo que somos es algo que podríamos heredar a la posteridad. ¿Acaso no es eso lo que todos buscamos en nuestra vida? ¿No deseamos el conocimiento y la felicidad sobre todas las cosas? ¿Y acaso no es preferible la felicidad de la mayoría que la infelicidad de la mayoría?

Parece ser que las respuestas a las tres preguntas anteriores son afirmativas: todos los hombres buscamos la felicidad y el conocimiento, y mientras más personas tengan conocimiento y sean felices es mejor. Y tal parece que, a través de la historia humana, las explicaciones científicas,  filosóficas o de cualquier tipo que discurran en serio se han dedicado a eso precisamente, a conocer cada vez más (ya sea a nosotros mismos o al mundo en el cual habitamos y que nos complementa en nuestro ser). Si así son las cosas, entonces ¿qué sentido tendría dejarnos seducir por las palabras de algún autor que quisiese envolvernos en un manto de melancolía, tristeza y terror, que deseara echarnos en cara que hay algo más, en nosotros y en nuestro mundo, que escapa a toda explicación exacta y precisa? ¿Qué actitud tendríamos que adoptar ante un escrito que nos dice que esa felicidad, tranquila y libre, es una mentira, una parcial y cruel falacia que se encarga de ocultar uno de los fundamentos de nuestro humano ser? Lo mejor que podríamos hacer en ese caso sería no prestar atención al supuesto autor que tuviese esas pretensiones, ya fuera desterrándolo como un loco de nuestro alegre mundo de conocimiento y prosperidad, o bien admitiendo sus discursos como una curiosidad divertida, como mentiras eufónicas capaces de entretener a los poseedores de gustos extravagantes, pero que no dicen nada importante ni verdadero respecto a nosotros mismos.

Pensemos ahora en el caso de Edgar Poe, poeta norteamericano, conocido tradicionalmente por ser una de esas almas atormentadas, no pertenecientes al tiempo ni al espacio en que por fortuna les tocó nacer; uno de esos inadaptados a las costumbres y las convenciones sociales, a quienes lo único que les resta es refugiarse en el ejercicio de las letras, y en la entrega plena a formas bellas y novedosas de desnudar el alma humana al través de aquéllas. Pero mejor no pensemos en él como el personaje que la historia de la literatura se ha encargado de crear, sino como nuestro interlocutor; un individuo que intenta decirnos algo que él piensa que es fundamental que los demás conozcan. Lo que es más, no pensemos en él directamente, ni en su persona ni en su vida ni en sus acciones, todo ello llegado a su fin hace tiempo; mejor pensemos en sus palabras, en alguno de sus discursos poéticos, e intentemos ver qué es lo que nos quiere decir, y si acaso ese discurso nos dice algo de nosotros mismos. Os invito, lectores a que lean alguna de las muchas obras que tiene Edgar Poe, ya poemas, ya cuentos, ya ensayos, para que se acerquen, sin descartar de inicio, a una nueva manera de entendernos a nosotros mismos, quizás no peleada con la que ya tenemos. Tal vez así podamos descubrir que somos algo más de lo que siempre pensamos (y que ese algo más no contradice lo demás que ya pensábamos).

 

Abrazos por la patria

se entretienen con juegos tan humanos

que parecen personas desde niños

Juan de Dios Peza

 

Los filósofos clásicos, es sabido, prestaron cuidadosa atención a la educación musical, pues creían que las canciones que entonamos desde niños tienen mucho que ver con nuestro modo de comportarnos. Nosotros, que a decir de algún filósofo contemporáneo ya no tenemos libros sino música, solemos vivir en la más confortable indiferencia sobre lo que escuchamos: lo mismo nos da seguir siendo el rey que estar tan enamorados de la negra Tomasa; da lo mismo que los niños canten narcocorridos, cumbias o reguetones, son sólo canciones que, como dice todo posmo acerca de la palabra, ni nos hacen ni nos dicen nada. Al mismo tiempo, y sólo lo digo por decir, preocupados puristas se escandalizan por la degradación moral y piden la revaloración de la educación cívica desde las ternuras de la vida. En un tono más cercano a los clásicos que a nosotros, Pedro Henríquez Ureña dijo alguna vez: “¡Cuánta importancia tiene que el maestro sepa distinguir entre la genuina y la falsa literatura; entre la que representa un esfuerzo noble para interpretar la vida, acendrando los jugos mejores de la personalidad humana, y la que sólo representa una habilidad para simular sentimientos o ideas, repitiendo fórmulas degeneradas a fuerza de uso y apelando, para hacerse aplaudir, a todas las perezas que se apoyan en la costumbre!”. El buen maestro, enseña don Pedro, busca enseñar buenas cosas. ¿Qué buenas cosas se enseñan a los niños?

A los niños –todavía- se les enseña a jugar. ¿A jugar qué? A jugar juegos de corro. Pensemos uno muy conocido: la naranja dulce. Para jugar “naranja dulce” se requiere un número de niños impar, de modo que, en el primer canto, se escoja a uno de los niños que quede al centro de un círculo formado por los demás participantes tomados de las manos. Los niños cantan y al terminar la canción se abrazan con otra persona de manera que alguien queda sin pareja, en quedando así el solitario toma el lugar del centro y se vuelve a cantar. ¿Qué se canta? Aquí comienzan los problemas, pues versiones del juego hay al por mayor. Una, por ejemplo, dice:

Naranja dulce,

limón partido,

dame un abrazo

que yo te pido.


Si fueran falsos

tus juramentos

en otros tiempos

se olvidarán.

 

Toca la marcha,

mi pecho llora,

adiós señora,

yo ya me voy.

Algunos añaden una estrofa más:

A mi casita

de sololoy

a comer tacos

y no le doy.

En otras versiones se añaden dos estrofas más:

Si acaso muero

en la batalla,

tened cuidado

de no llorar.


Porque su llanto

puede ser tanto

que hasta pudiera

resucitar.

El cambio más interesante se da, sin duda, en el segundo verso de la indiscutible segunda estrofa. Mientras las versiones más antiguas, que yo he revisado, de la canción dicen “tus juramentos”, las más modernas dicen “mis juramentos”. ¿Qué pasó allí?

Busquemos el significado del juego por estrofas. Tanto “naranja dulce” como “limón partido” son interpretaciones de la vida humana: un abrazo anhelado es un momento “dulce”, es decir que es suave y agradable, placentero y gustoso de llevar; la separación de alguien estimado es, por el contrario, “agria”, no nos gusta por agraz, porque del abrazo deseado nunca tenemos suficiente. Los siguientes dos versos sólo confirman nuestra interpretación.

Segunda estrofa. No se entiende si no nos preguntamos por la causa de la separación. Notemos que el poema nos dice que la otra persona plantea un compromiso trascendente a la separación, por tanto es quien da razones para la separación –no porque falten razones, sino para suavizar el pesar ante lo inevitable, i.e. palabras de aliento- y también para futuras reuniones. El poema narra una separación que se promete temporal y yuxtapone la temporalidad de la separación con la atemporalidad de la promesa (por eso se dice “en otros tiempos”, que no tiene ubicación en una línea temporal), atemporalidad que supone una estructura anamnética del alma. Nuevamente, la segunda estrofa de la “naranja dulce” interpreta la vida humana: nuestras promesas no son proyecciones temporales, nuestro compromiso con la verdad va más allá de nuestra necesidad de efectividad y certeza. La segunda estrofa le enseña al niño a no prometer en vano, a reconocer el justo valor a la palabra.

La tercera estrofa revela la causa de la separación: la guerra (“suena la marcha”). Lo importante es que aquí no se despide el soldado broncíneo que deja un amor en cada puerto, sino un hombre abatido por la separación de su amada (“mi pecho llora”) que, a pesar de su pesar, cumple cabalmente con su responsabilidad civil. Además, la despedida no es lastimera: él se va como caballero, ella se queda como buena señora que es.

Es por el sentido honroso de la tercera estrofa por lo que carece de toda razón enseñarle a los niños la estrofa de los tacos, pues no sólo insulta la civilidad, sino también el amor y el respeto a la amada. Igualmente, el cambio que se da de “tus juramentos” a “mis juramentos” tiene que ver con la poca dignidad que en nuestros tiempos se asigna a la guerra.

Por último, el añadido del soldado caído y la prometida lloriqueante no es más que el giro romántico al poema. Sin embargo, no creo que le sea muy conveniente, pues, a pesar de ser un par de buenas estrofas, resta fuerza a la despedida original.

Enseñar compromiso con la patria, respeto por la mujer amada y el buen uso de las palabras es una buena enseñanza; poco importa que tan buena enseñanza se enseñe en juegos, sólo hay que enseñarla bien. Motivos para seguir enseñando este poema no faltan; quizá lo que faltan son los buenos maestros.

Námaste Heptákis

Ejecutómetro 2011: 102 ejecutados hasta la mañana del 8 de enero.

Coletilla: Dicen que también habrá gran elector entre los azules para decidir al candidato por la gubernatura del Estado de México, pues tanto la diputada Vázquez Mota, como el senador Ramírez, como el ahora mudado de puesto Bravo le son cercanos.

Revisitando a Cavafis II

Para los escépticos de

la verdad y la belleza

 

Por demás extraño (Πολύ Σπανίως)

 

Un anciano.

Fatigado y encorvado,

por los años mancillado

-además por los excesos-,

anda apenas cauteloso

por callejas caminando.

En su casa, escondiendo

las ruinas que deja la vejez,

permanece meditando

qué de joven queda en él.

 

Al momento, dos garzones

recitan juntos sus versos,

y del viejo las visiones

pasan vivas, más vehementes,

en los ojos siempre ardientes

de los jóvenes.

Sus mentes vigorosas y sensuales,

sus cuerpos bien torneados y muy firmes,

se estremecen juntos

ante la justa expresión

de la belleza.

 

Ejecutómetro 2011: 62 ejecutados (hasta el 6 de enero).

Coletilla: El candidato de unidad de las izquierdas para la gubernatura del Estado de México hará campaña desde la teoría del complot contra el IEEM.

Revisitando a Cavafis

Vuelve (Epéstrephe)

 

-

Vuelve otra vez y me toma,

amado sentir que vuelve y me toma-

Cuando en el cuerpo despierta un recuerdo

y en la sangre circula el deseo;

cuando mi piel y mis labios anhelan,

mis manos sienten, te tocan de nuevo.

 

Vuelve otra vez y de noche me toma,

cuando mi piel y mis labios anhelan.

-

 

Atento lector, como puedes ver esta revisitación todavía está en proceso -todavía no encuentra su mejor camino, si gustosamente me quieres sugerir alguna variante, puedes consultar aquí la versión griega.

Námaste Heptákis

Revisitando a Catulo III

Mi contribución a la polémica.

Traslado al español del carmen LXXXV

-

Odio y amo.

¿Por qué lo hago?

Tú me preguntas

y yo no lo sé.

Así lo siento

y me atormento.

-

Rento rimas para soneto

Hoy,  lector, un reto creativo: te invito a construir un soneto a partir de las rimas permitidas por las siguientes palabras.

congojarme

decoro

toro

despertarme

quejarme

inodoro

Teodoro

figurarme

sentido

justamente

ardido

frente

cumplido

gente

Námaste Heptákis

Coletilla: Seguimos pidiendo la liberación del auditorio Justo Sierra.

La siguiente nota ha surgido en respuesta al texto Panegírico del chisme, publicado el día de ayer por Námaste Heptákis en este mismo espacio, por lo que pido al lector se remita a la lectura del mismo antes de continuar con la presente.  No te preocupes lector, te espero, tomate tu tiempo.  Puedes encontrar el texto al que me refiero aquí.

¿Ya?… ¿Estás seguro de haber leído con calma?… Siendo así, continuemos:

En el panegírico del chisme, el autos nos muestra a aquello de lo que está hablando como una actividad poética, pues el chismoso ha de componer bien aquello que ha de contar, en tanto que tiene que componer, yo preguntaría al autor, ¿en que se podría fundamentar la veracidad de un chisme?, ¿qué es lo que hace que el chismeado, estoy pensando en quien recibe el chisme, pueda confiar en el adornado relato del chismoso?

Por si esto fuera poco, el autor coloca al chisme como un instrumento mediante el cual se vale el buen chismoso para educar al otro en lo privado, dando por hecho que la poesía educa bien a los hombres, y más aquella que surge de especulaciones fundadas sobre lo que el otro deja ver, que al ser propio de lo privado es mínimo, ante esto preguntaría al autor de tal loa, ¿en qué se basa para decir que la poesía conformada por el hacer del chismoso logra educar a los hombres en los pudores?, ¿qué tan confiable es una educación fundada sobre los pilares de una especulación respecto a lo que hace el otro?.

La loa sobre el chisme es muy bella como construcción poética, pero no muestra, más allá de elogios mal cimentados, por qué el chisme es deseable en una comunidad, no resulta del todo claro que el buen chismoso sea tal debido a que se preocupa por el chismeado, en los dos sentidos señalados por el autor, tampoco es fácil creer que quien escucha atentamente un chisme lo haga para educarse, para evitar lo vil.

Y no conforme, con la maraña de argumentos que presenta el autor para que aquellos que sienten alguna inclinación al chisme se sientan bien, y se vean a sí mismos como educadores de hombres, el autor critica a quien no gusta del chisme acusándolo de progresista, es decir, de andar por la vida avanzando sin mirar bien por donde pisa, más bien considero que quien se ocupa de la vida del otro y trata de sacarlo a la luz, pensando en lo importante que es hacer público lo privado, es quien busca que la humanidad avance hasta caer al precipicio.

Maigo.

Revisitando a Catulo II

Traslado al español del carmen XLIII

-

Ni pequeña su nariz,

ni gráciles los pies porta,

que de ojos negros no es,

ni adecuada es su boca,

de dedos largos revés,

y la elegancia no toca

su lengua por una vez.

Así la saludo, ¿qué más da?

¿Que eres bella, la provincia dice?

¿Y a nuestra Lesbia les da por comparar?

¡Es siglo ignorante y de molicie!

-

Coletilla: Seguimos pidiendo la liberación del auditorio Justo Sierra.

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