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No en un día como hoy de 1810

Estaban un día un pueblo, que quería ser nación, jugando a celebrar, su día de la independencia.

Llegó un hombre sin querer y preguntó: ¿Por qué el alboroto y la algarabia?

Respondieron muchos al unísono – ¡¡¡Éste es el día donde la historia comenzó!!! ¡¡¡Éste es el día en que hay que alzar la voz!!

Nada pudo creer aquel hombre, sin embargo, todo estaba listo para que sus sentimientos se albergaran en las almas de los concurrentes.

Y Dijo. -¿Éste es el día de la mentira? Nada hemos visto, poco sabemos, razones no hay para sentirnos albergados y jubilosos por un cacho de tierra, que en pedazos está cayendo.

Destinos, Historias. Cantos y desencantos

(1) De árboles y Ciudades

Imaginemos que podemos cortar de tajo a una ciudad completa ¿Podríamos ver, como sucede con los árboles, los anillos? ¿la forma atrapada del primer brote? ¿hacer el cálculo de cuando sufrió una peste, una quemazón o  –quizá– algún año de especial y nutricio desarrollo?

Que no sea equiparable la vida con los casos del árbol y la ciudad, ni aún el de un vegetal y un hombre es cosa que,  por cordura y experiencia, debe resultarnos evidente. Sin embargo me parece que podríamos tomar por análogos los anillos del tronco y la historia de un hombre, una comunidad, una cultura.

En efecto, aquello que habrá de darnos cuenta de como transcurrió éste o aquél tiempo será en nuestro caso algo más sutil que un corte transverso, es un análisis, una comparación crítica entre lo que solía suceder con lo que sucede. Aquél tiene sequías y aquí hay carestías; allá hay plagas y enfermedades, acá tenemos presencias nocivas, crímen organizado y actores no-genuinos.

Sin necesidad de creer en la noosfera de los biólogos se puede mantener la imagen y la suposición ya que tal tipo de acercamiento puede brindárnoslo la historia. Que si bien, aquí ya suponemos la ventaja de que el corte no matará a la ciudad como sucede con el árbol, hay divisiones que son inevitables. También es enormemente necesario tener en cuenta que aunque tales tipos de cortes se hacen con afanes científicos, no hay una ciencia unificada, sino variedades.

Lo que tengamos por historia es lo primero. Aquí no se pretende polemizar con la historiografía, pues lo que buscamos es entender al hombre, no producir alguna fórmula convencional para la urdimbre de alguna clase de obra intelectual. Tampoco viene a cuento el rumbo actual de dicha discipina, a lo sumo nos interesa el orígen del término, pero tan solo en la medida que pueda servirnos para entendernos.

Imposible ignorar el término original que, para nosotros que estamos a la distancia de un diccionario de aquél, remite tanto la investigación, como a un tejido y hasta a las velas de los barcos.

Cuán provechoso resulta dar vida a aquellas secas definiciones a través del mito de las Moiras, las tres hermanas que misteriosamente reparten la fortuna a los hombres, la primera hila en una rueca, la segunda entreteje las hebras  en el telar y la tercera corta los hilos que somos cada uno de nosotros, nos asigna la hora de la muerte. ¿Qué resultado de esta misteriosa urdimbre sino la humanidad misma? De aquí que entendamos las primeras líneas de la Metafísica de Aristóteles y de Las Historias de Heródoto como investigaciones, a pesar de su tan diversa naturaleza: ¿qué sería una investigación sino aquél momento en que gracias a los empeños intelectuales podemos acercarnos a algo y distinguir de una complejidad tan familiar como misteriosa, un entramado?

Que en la actualidad busquemos a tientas los anillos del árbol de la ciudad, en la historia, antropología, sociología, etnografía,  y que por ende, hallemos solo fragmentariamente las respuestas, es análogo a buscar la naturaleza del hombre y los animales en los genes.

Breve historia de Naucalpan.

1. Orígenes Tlatilcas y la Colonia.

En lo que hoy es el espacio político de Naucalpan se asentó una de las primeras culturas de la cuenca lacustre del altiplano, la llamada Tlatilca. Restos de su presencia por estas tierras se encontraron en los márgenes del Río Hondo. Sus trabajos de cerámica y herramientas, estudiadas por Román Piña Chan fueron datados en tres mil setecientos años de distancia con respecto a nuestros días, aproximadamente [Cervantes, 1999:98]. Entre las cañadas se desarrolló el centro urbano de Tlatilco, cosmopolita y numeroso en habitantes, durante el horizonte Preclásico de Mesoamérica (1400 a 1300 años antes de la era cristiana). Influenciado por la cultura Olmeca, al igual que el centro urbano de Cuicuilco, al sur de la Cuenca, está presente el culto al jaguar, así como en numerosas figurillas de alfarería.

Posteriormente los centros ceremoniales de la pirámide del Conde, investigada por el Doctor Manuel Gamio, es datada entre el mil y los mil doscientos años después de nuestra era, adjudicada a la influencia Chichimeca, y el del Cerro de Moctezuma, en 900 años antes de la era cristiana. En 1467, vencido el señorío tepaneca de Azcapotzalco, por la Triple Alianza (Texcoco, Tenochtitlán, Tacuba), es cedido el territorio Tlatilca, poblado de Otomíes, al señorío de Tlacopa (Tacuba) [Cervantes, 1999:91].

Durante la colonia, Hernán Cortés entregó como regalo de bodas a Isabel Moctezuma Tecuichpo, hija de Moctezuma II, en encomienda el territorio completo de Tlacopa, incluido el actual Naucalpan [Cervantes, 1999:91]. Con el tiempo pasó a ser parte de la Alcaldía Mayor de Tacuba. Durante los primeros años de la invasión y posterior dominación católica se construyeron las iglesias de San Bartolo Naucalpan en 1595 y Los Remedios en 1575, además de las de San Lorenzo Totolinga, Santa María Nativitas, Santa Cruz Acatlán, Santiago Occipaco, San Juan Totoltepec y San Rafael  Chimalpa. La explotación de sus canteras, sus minas de cal y de arena tuvieron gran auge debido a la cercanía con la Ciudad de México y las construcciones que en ella se realizaban [Cervantes 1999:9-92].

2. De Villa de San Bartolomé al “milagro” industrial e inmobiliario.

Después de la guerra de Independencia el pueblo de San Bartolo Naucalpan fue anexionado al territorio vecino de Tlalnepantla por un corto tiempo, durante la erección del Estado de México, el 2 de marzo de 1824. Naucalpan se convierte en municipio el 1° de enero de 1826 con una población de 2 813 habitantes [Cervantes, 1999:93].  A pesar del título recién adquirido, la situación política del país no le permitió disfrutar las ventajas de tal entidad político territorial; y es hasta 1974 que cambia su denominación de “Pueblo de Naucalpan” al de “Naucalpan Villa de Juárez”, nombrada así por el congreso estatal, en mención de haber sido sede de la presidencia itinerante de Benito Juárez y su hogar temporal.

En julio 1867 comienza la actividad en la Fábrica de Hilados y Tejidos de Río Hondo, inaugurada oficialmente por el presidente Juárez dos años más tarde. Con ésta, comienza una lenta pero ambiciosa experiencia industrial en la naciente Villa, continuada por la presencia de Hilazas La Abeja y El Molino de Trigo. Aunque completamente dedicada a la economía agrícola, la Villa poco a poco alberga a pequeñas industrias en las orillas de sus ríos. Años más tarde, durante la presidencia de Porfirio Díaz es inaugurada la línea de ferrocarril México-Acámbaro y la estación San Bartolo [Cervantes 1999:93].

En 1906 el siglo iluminaba a Naucalpan y se inauguraba el alumbrado público, contribuyendo al impulso industrial, interrumpido por la guerra de Revolución. En ella participaron numerosos personajes del municipio en las principales columnas revolucionarias, sobre todo entre zapatistas y carrancistas. Cuando parecían calmarse las aguas, las acciones bélicas de los Cristeros comenzaron en 1929. Un año más tarde el censo anunciaba 9 809 habitantes, apenas seis mil más que cien años antes [Cervantes, 1999:93].

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial el municipio no será el mismo, tomando un vertiginoso y acelerado camino. El desarrollo industrial es concentrado en el oriente del municipio, muy cerca del Distrito Federal. Éste, frenado su desarrollo industrial por causa del espacio, es auxiliado por su vecino, el Estado de México y sus municipios mejor comunicados con la urbe, absorbiendo la expansión febril. Después de la administración de Miguel Alemán Valdés, buena parte del oriente y norte del municipio llegó a poder de su hijo, Miguel Alemán Velasco, como en el caso de el Rancho La Herradura, lugar  dónde se construiría la Plaza El Toreo de Cuatro Caminos  en 1947 y Ciudad Satélite [Ibarra, 1997:107].

A partir de la segunda mitad del siglo pasado, los municipios mexiquenses fronterizos con el Distrito Federal experimentaron un cambio drástico, en especial aquellos ubicados al norponiente de la capital. La integración a la expansión del área metropolitana fue realizada a través del fortalecimiento y ampliación de centenares de parques industriales, de la construcción de vías rápidas para automóviles que comunicaran a las periferias con el centro de la ciudad, a través de los cambios en el uso y explotación de las tierras, antes destinados a la producción agrícola e industria mediana, ahora transformándolas en zonas habitacionales y comerciales, así como a través de la construcción de inmuebles de servicios públicos, estatales y federales. El proyecto de Ciudad Satélite inicia en 1957 y su asociación de colonos se hace de una posición influyente y poderosa en la política urbana del municipio desde su fundación en 1964 [Cervantes, 1999:93]. En el mismo año del inicio de ciudad Satélite, se le concede el título de “Ciudad” al municipio de Naucalpan, esto, además de la creación del Parque Industrial Alce Blanco y la construcción del Periférico en su tramo Norte en 1955 [Ibarra, 1997:93], el cual conecta a la carretera a Querétaro, modificaron el aspecto provinciano de Naucalpan hacia un municipio ejemplar de la industrialización y poblado por una clase media pujante. Como ejemplo de ello, tan solo en veinte años el crecimiento demográfico fue sorprendente, pasando de 29 876 habitantes en 1950, a 382 184 habitantes en 1970 [Ibarra, 1997:112].

Para albergar a esa cantidad de habitantes el municipio no se dio abasto en su planeación y fue rebasado por la necesidad de las masas de migrantes atraídos por la industrialización. Es así que desde la década de 1960, lugares de alto riesgo, como el ejido de San Luis Tlatilco, zona minada, de cuevas y a orillas del río Hondo, fueron habitadas y dieron origen a las colonias populares densamente pobladas del sur del municipio, como la colonia el Molinito, ubicada en el ejido mencionado [Ibarra, 1997:115-116].

En 1971 es inaugurada Plaza Satélite, primer mall, centro comercial estilo estadounidense, en América Latina. Cinco años después el congreso estatal otorga el nombre definitivo del municipio, Naucalpan de Juárez [Ibarra, 1997:121-122].

Como consecuencia del desorden urbano y la demanda servicios básicos en las recientes colonias populares, a finales de la década del setenta y mediados de la del ochenta, surgen distintas organizaciones entre los antiguos ejidos de San Antonio Zomeyucan, Los Remedios, San Lorenzo Totolinga y San Rafael Chamapa. Estas organizaciones son la Unión de Colonias Populares del Municipio de Naucalpan, la Organización de Colonias Populares del Estado de México y la Unión de Colonias Populares [Ibarra, 1997:151-153].

En 1982, bajo la presión de empresas de inmuebles y el descontento de los vecinos de las zonas residenciales reticentes a la continua construcción sin freno, el llamado ejido de Oro -por la cotización que llegó tener el ejido de Santa Cruz Acatlán-, ubicado al lado del periférico, frente a las Torres de Ciudad Satélite, es destinado para la construcción del parque estatal Naucalli y no para la construcción de centenares de casas más [Ibarra, 1997:122-123].

En 1984, después de ocurrida una explosión dentro de las instalaciones de la empresa Simex, ubicada en la colonia Modelo, los vecinos del fraccionamiento Hacienda de Echegaray y los de aquella, unen esfuerzos y logran la retirada de la empresa a finales de la misma década[1].

Con todo ello, Naucalpan llega a la última década del siglo XX como el municipio más industrializado del país, y como uno de los que cuentan con la mayor cantidad de servicios para sus habitantes.

El priismo dejó la presidencia de Naucalpan en la elecciones municipales de 1997. Enrique Jacob Rocha, nieto e hijo de antiguos presidentes municipales, fue el último edil de extracción priísta. Con una crisis económica resentida especialmente en los estratos medios y en la industria inmobiliaria, las estructuras políticas tradicionales no resistieron el embate de una fuerte participación ciudadana. En el conjunto de cambios políticos del país, Naucalpan fue campo de batalla entre una ciudadanía profesionalizada y organizada, a veces oficialista, a veces de oposición, pero siempre centrada en los intereses entre particulares. Para las organizaciones populares o vecinales, no residenciales o de fraccionamientos, el corporativismo, la represión o la cooptación funcionaron regularmente.

Cervantes Zebadúa, Ricardo Poery. 1999. Naucalpan de Juárez: Monografía municipal. Toluca Gobierno del Estado de México, Instituto Mexiquense de Cultura y la Asociación Mexiquense de Cronistas Municipales A.C.

Ibarra García, María Verónica. 1997. El cacicazgo urbano: como proceso estructurador del espacio político. Tesis para maestría en Geografía. México, DF. UNAM. FFyL.


[1] Información adquirida en conversaciones con María Guadalupe Ibarra Martínez, mi madre, habitante de la colonia Modelo y participante de las movilizaciones.

La primera internacional -un esbozo-

A continuación presento un trabajo iniciado en el blogg Alea jacta est el 6 de noviembre del año pasado acerca del libro “La Internacional Obrera”, escrito por Víctor García (Tomás o Germinal Gracia) producido por Editorial Jucár, en la ciudad de Madrid, año de 1978.

En la historia de la Asociación Internacional de Trabajadores, conocida a la postre como La Primera Internacional, se encuentran los orígenes de buena parte de las discusiones internas del movimiento obrero socialista, sobre todo a lo que concierne a las propuestas definidas como marxistas y anarquistas, así como sus distancias con la democracia liberal o las revoluciones nacionales. En este repaso de la obra de Germinal, quiero apuntar tres cuestiones, primero la adopción internacional de la lucha de clases en la práctica, segundo la diversidad de las reivindicaciones y controversias discutidas durante sus congresos y conferencias; y por último, tres posiciones teórico-prácticas decisivas en el desarrollo de la Internacional,  el papel de Marx junto con los comunistas y reformistas germanos y anglos, la de los herederos proudhonianos del cooperativismo federalista-mutual y la de los colectivistas antiautoritarios alrededor de Bakunin.

1.- Antecedentes: Reciprocidades y efectos internacionales.

La Asociación Internacional de Trabajadores nace el 28 de septiembre de 1864, en Saint Martin’s Hall, Londres, bajo la aprobación de una asamblea de trabajadores franceses, tradeunionistas ingleses, trabajadores republicanos italianos y periodistas alemanes. Pero ella tiene varios antecedentes.

Si bien bajo el manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, la consigna por la unidad proletaria internacional ya había sido lanzada en 1847, su práctica había sido una tardada respuesta. En 1855, Joseph Dejacque, Ernest Coeurderoy, Pelletier, así como varios socialistas residentes entre Londres y Nueva York, suscriben el programa de una Asociación Internacional y el Manifiesto a los Republicanos, Demócratas y Socialistas de Europa. Congruentes con sus lineamientos antiautoritarios la asociación abole su propio Comité Central en 1859,   declarando: “Negación absoluta de todos los privilegios, negación absoluta de toda autoridad; emancipación del proletariado. El gobierno social no puede y no debe ser más que una administración nombrada por el pueblo, sometida a su control y siempre revocable por él cuando lo juzgue conveniente”. Aunque aislado el fenómeno no tardó en reformularse.

Para los trabajadores industriales europeos, más que para algunos ilustrados y políticos, las condiciones que se asomaban tomaban un cariz cada vez más agobiante. Los viejos gremios de oficios, guildas y asociaciones de compagonneges eran rápidamente arrasadas por las exigencias nuevas de la industrialización, en un momento de expansión y continuo cambio. Los tiempos del taller del maestro, la disciplina con la herramienta y las jerarquías maestro-aprendiz no contuvieron al capital impulsado por la maquinaria a vapor ni las nuevas formas de organizar el trabajo. De distintas formas se fue moldeando esta posición frente a la maquina y el trabajo, en muchas el boicot y la destrucción de las maquinas fueron las medidas de los obreros. Pero el desempleo y la pobreza urbana, hicieron redefinir las tácticas de lucha que tomarían para sí. Las condiciones industriales para las masas urbanas y migrantes campesinas en eran las mismas para buena parte del continente Europeo y los grandes lagos del Norte de América. El insuficiente salario, la desocupación provocada por la introducción de maquinas, las largas jornadas de trabajo y la precarización de las salud eran tan solo algunas de las constantes en cada centro de trabajo.

Las soluciones no vendrían aisladas, tenían que ser amplias, internacionales, bajo el principio de solidaridad recíproca. De hecho, en los lugares de intenso intercambio comercial y actividad febril, como el Canal de la Mancha, la solidaridad constituyó la estrategia de resistencia idónea para los trabajadores. Ugo Fedeli en la introducción de la obra explica: “El desempleo en el seno de los tejedores franceses ejercía su influencia sobre la industria y los trabajadores de Inglaterra. Las conquistas logradas por los albañiles ingleses, a su vez, influían sobre las condiciones de los albañiles del otro lado del Canal de la Mancha”. En 1861, los albañiles organizados de del Reino Unido hacen un llamado de auxilio internacional después de una huelga de cinco meses, desde París y desde Nápoles los trabajadores envían apoyo económico y mensajes de aliento para la lucha de los trabajadores de la construcción. Dos años más tarde, 1863, la acción conjunta entre los trabajadores textiles de Francia e Inglaterra reporta éxito para ambos, y el proyecto de una internacional de trabajadores va cobrando fuerza.

En el ínterin de estas acciones de solidaridad un encuentro político internacional ocurre durante la Exposición Universal de Londres en 1862. Una delegación cercana los 200 trabajadores, patrocinada por el gobierno de Napoleón III, tolerante a los sindicatos en ese momento, es recibida fraternalmente por las Trade Unions inglesas, quienes proponen crear una entente obrera, base de una Internacional. Un año más tarde, en el Saint Martin’s Hall, durante un acto a favor a la independencia de Polonia, el reencuentro entre trabajadores franceses, británicos y europeos emigrantes, sirvió también para reafirmar la utilidad de los congresos Internacionales y las organizaciones obreras interrelacionadas por correspondencia, como medios de comunicación por excelencia para lograr una organización de base internacional y mejorar la situación de los trabajadores.

2.- Amplio espectro de indefiniciones tácticas. (Estratégicamente inacabadas, en la práctica)

La etapa de los cinco primeros congresos de la AIT (Ginebra 1866, Lausana 1867, Bruselas 1868, Basilea 1869  y la Haya 1972) nunca fueron una clara continuidad de posiciones absolutas, definidas en irreductibles términos, ya que antes o después de cada congreso los acontecimientos mundiales, urdidos en tierras con nombre y pobladores enfrentados a la realidad política y económica, eran procesos donde  gran parte de sus afiliados participaban de alguna manera, desde sindicalistas activos como obreros, propagandistas en la prensa, agitadores intelectuales o litigantes en defensa de sus camaradas, todo ello desde su participación en sus secciones locales, en sus federaciones por oficio o rama industrial hasta el ámbito internacional.

De los considerandos preparados en 1865, de nuevo en St. Martin Hall, debido a la postergación del congreso ese  mismo año, podemos extraer una visión incluyente, “sin distinción de color, de creencia o de nacionalidad”; obrerista, donde la emancipación económica “debe ser obra de los trabajadores mismos”; internacionalista, abierta a soluciones de un problema no “únicamente local o nacional”; y anticapitalista, señalado “que la sujeción del trabajador al capital es la fuente de toda esclavitud política, material y moral”.

En su primer congreso, Bruselas 1866, la base del orden del día fue propuesta por los trabajos realizados el año anterior por el consejo francés plagado de activos miembros de diversos oficios. Los puntos concernientes sobre la finalidad y los medios de la asociación en la lucha contra el capital, las condiciones infrahumanas del trabajo y la duración de éste, el trabajo de mujeres y niños en esas condiciones, la crítica a del papel de los ejércitos frente a la producción,  los cuestionamientos a la influencia religiosa en el ámbito político y social y las posibilidades del asociacionismo como apoyo muto fueron sus contribuciones. Pero no quedaron fuera de ese congreso las discusiones acerca de las posibilidades de las sociedades obreras y el trabajo cooperativo, la impertinencia de los impuestos, las instituciones internacionales de crédito, y el rechazo a la invasión rusa a Polonia. De toda esa discusión no surgieron acuerdos concretos pero los planteamientos vertidos con anterioridad ilustran la diversidad de posibilidades que albergaban sus debates.         

Una controversia tuvo una importancia que a la postre pesaría en gran medida, la concesión en la participación de los intelectuales a condición de no fungir como delegados. Esta discusión, entre la presencia o marginación de los trabajadores no manuales, será abordada con detenimiento en la próxima entrega. Una de las declaraciones radicales del congreso fue por la abolición del trabajo asalariado, asegurando que se debe ir más allá de  la defensa o el aumento de salario.

De la orden del día y los debates de Lausana 1867 resaltan los posicionamientos claramente proudhonianos, sobre todo en cuanto al impulso del crédito sin interés, basado en instituciones bancarias que motiven la formación de cooperativas, proveyendo del capital necesario para acceder a la maquinaria, en lugar de ser sustituidos los obreros por ellas. Todo ello con un marcado acento mutualista y federalista.

En cuanto a la educación es tomada como un derecho inalienable de la liberación del proletariado, siempre y cuando sea marcada por un tenor cientificista, alejada de la religión y de relativa gratuidad, a debate el tema de los impuestos. En el punto también se propuso, curiosamente, la creación de un idioma universal que contribuyera “con la unidad y a la fraternidad de los pueblos”. Así mismo se propone el trabajo de educación de las masas a través de talleres-escuela donde se alfabetizaría con la iniciativa de las diferentes asociaciones obreras. El papel del estado se pone en tela de juicio, sobre todo por los franceses, que ven en la familia el ámbito natural de la educación y no al estado como apropiado para dicha tarea de apariencia intrusiva, pero al final se cuela una posición reivindicativa del estado bajo la excepción en la incapacidad del progenitor para hacerse cargo de la educación de su progenie.

Precisamente el estado estaba en la mira del orden del día en su sexto punto. Definición y misión del estado.  La gran contienda teórica se apostaba entre la posición sajona de la propiedad colectiva de la tierra, sobre todo, pero también de los servicios públicos, transportes, crédito público, o las minas, es decir la socialización de los medios de producción, y por el otro lado, los franceses y suizos claros defensores del principio de la propiedad individual aldeana, más orientada a la resistencia del control estatal urbano. En las resoluciones el estado es definido como simple ejecutor de leyes votadas por sus ciudadanos,  apunta que las naciones deben de hacer de los estados los propietarios de los medios de transporte, y además que la administración de la justicia sea realizada con profundidad en su investigación y por un jurado integrado por ciudadanos “que busquen las causas del crimen o error”. Finalmente la definición de la propiedad colectiva quedó pendiente en cuanto a quién debe y cómo debe administrar aquella.

En otro punto, las libertades políticas quedan en un marasmo para reconocerlas como instrumento de emancipación o como una medida parcial insuficiente sin una revolución económica y social, quedando fuera de ella las posiciones rehacías a la acción política institucional de los anarquistas, y apoyando la participación obrera en los procesos electorales y en las negociaciones fabriles. En el último punto del orden del día se deja de manifiesto la posición opuesta a la guerra “por pesar sobre la clase obrera” y promueve las campañas por la abolición de los ejércitos permanentes.

 … continuará: congresos III, IV y V, además de la tercera parte Marx, Proudhon y Bakunin.

Supongamos que tiene razón…

La metamorfosis de los conceptos bueno y malo.

Se tiene la creencia de que se puede criticar el modelo moral actual por el hecho de que cada vez más se va haciendo obsoleto, rezagado del “progreso” social, este modo de querer romper el molde, se debe a las nuevas respuestas científicas y tecnológicas que imprimen una gama de nuevas “causas” que explican el actuar. Es por eso que cada vez, nos alejamos más del análisis de esto que se pretende derribar, es por esa razón que he decidido exponer cuales fueron los pasos con los cuales la concepción de bueno y malo se desarrolla. El camino que seguiré para esclarecer esta perspectiva, será a partir del sub-apartado: Doble Prehistoria del bien y del mal, contenido en Humano demasiado humano, así como tambien apoyaré la argumentación en el tratado primero: Bueno y malvado, bueno y malo; de la obra Genealogía de la Moral. En ambas obras, Nietzsche, nos muestra los criterios de valoración que se han tomado para dar un juicio en torno a lo bueno y lo malo, criterios que trataré de analizar en el presente escrito.

De inicio debemos apuntar la atención hacia el por qué los conceptos bueno y malo se han contrapuesto, tomando como referencia la entrada del cristianismo, la cual, veremos como se desarrolla y que factores influyen para su intromisión y las consecuencias que se ven reflejadas en la actualidad. Esta referencia se debe a que desde esta perspectiva, la doble prehistoria, manejada por Nietzsche toma fuerza y se hace presente. Pero, para esta aclaración tenemos que remitirnos al texto: “El concepto de bien y de mal tiene una doble prehistoria: es, a saber, primeramente en el alma de las razas y de las castas dirigentes.”[1] Hasta donde creo entender, en esta frase, el llamado que se hace es a marcar los atributos pertenecientes a ambas posiciones, antes de que se llevara a cabo la ideología de igualdad, compasión, amor al prójimo; la sociedad daba por asentado la supremacía de un cierto numero de hombres a los cuales una jerarquización mayor les era absolutamente necesaria, debido a las acciones que realizaban conforme a su estirpe. Lo cual sin lugar a dudas, marcaba las posiciones entre ambas clases, pero, cuáles son los atributos de los cuales gozaban las castas dirigentes, a qué nos referimos con esto, es el siguiente punto a tratar.

En la obra, Genealogía, el autor nos deja observar que el concepto de bueno, deriva de una metamorfosis conceptual, en torno a lo que era entendido por noble, entendido desde un sentido de estatus social, es decir, un aristócrata, aquel personaje perteneciente a una escala superior de la sociedad. Aquellos que nacían en una familia, con un prestigio, una solvencia económica considerable, casi afirmando que no tiene preocupaciones para un desarrollo social y vital. Básicamente enfocado a la conservación de su rango, y en el mejor de los casos, elevarlo. En este desarrollo del individuo aristócrata, se derivó hacia un sentido ya no estatal, sino anímico, debido a su estado privilegiado, o elevado, sin necesidad de preocuparse por aquello que subsistía en un rango menor que el suyo. Paralelamente a este concepto de bueno, se desarrolla del sentido de un hombre perteneciente al vulgo, el plebeyo, derivando así lo que se llamó malo. [2]De nueva cuenta encontramos que para derivar estos términos, debemos situarnos en una situación de estado, pero con miras hacia un nivel de jerarquización bajo. Es decir, aquel personaje perteneciente a una gama de problemas que conllevan a una necesidad de conservación, más tortuosa, y con menores posibilidades de satisfacción.

En esta visión podemos notar primeramente las modificaciones de los términos desde una perspectiva estatal y de cómo este modo de vida es desde ambos casos llevado hacia el ámbito moral, puesto que estos son modos de vivir, de un lado con mayores posibilidades de satisfacción, con acciones enfocadas a una finalidad meramente individual, es decir, acciones que permiten el bienestar del individuo que las realiza, su conservación, su obtención de placer en mayor medida, casi necesario. Contrario, el modo de vivir del plebeyo, el cual realiza mayor esfuerzo en su propia conservación, y las acciones que realiza para esta finalidad, son siempre ligadas a un estado servicial, única manera para alcanzar la satisfacción de necesidades básicas.

Pasemos a otro aspecto importante para la exposición de este tema, para ello me remito al texto de Humano…, “Se pertenece, en calidad de bueno, a la clase de los buenos, a un cuerpo que tiene espíritu de cuerpo, porque todos los individuos están ligados entre sí por el sentimiento de la represalia. Se pertenece en calidad de malo, a la clase de los malos, a un revoltijo de hombres avasallados, impotentes, que no tienen espíritu de cuerpo. Los buenos son una casta, los malos una masa semejante al polvo.[3]

Si bien, hemos expuesto los conceptos de bueno y malo desde un ámbito social, ahora, debemos ir más allá, y observarlos desde la perspectiva de un tanto primigenia, apoyándonos en el argumento nietzscheano enfocado al llamado: espíritu de cuerpo, el cual podemos encontrar en situaciones épicas, donde la naturaleza de los individuos marca la pauta para abordar de una manera palpable la jerarquía entre fuerte y débil, esto como principio. Hemos visto que las castas dirigentes, dado que su desarrollo tiene mejores condiciones, por lo cual, es más fácil encontrar en este grupo, individuos con una condición física favorable para una batalla, tomando tambien en cuenta que tiene mayores posibilidades de cultivar su cuerpo, otro aspecto, más allá del físico son, las capacidades que posee este individuo para enfrentar una batalla y conservar su vida, esto tiene que darse de igual manera, por una valoración de la misma, una valoración hacia si mismo, que debe ser mostrada ante el oponente. “Los juicios de valor caballeresco-aristocráticos tienen como presupuesto una constitución física poderosa, una salud floreciente, rica, incluso desbordante, junto con lo que se condiciona el mantenimiento de la misma, es decir, la guerra, las aventuras, la caza, la danza, las peleas y, en general, todo lo que la actividad fuerte, libre, regocijada lleva consigo.”[4] En oposición esta aquel hombre que, no tiene una condición física propia del combatiente, no muestra interés en un cultivo de su cuerpo, sea esto, bien por el medio en el que ha nacido, en el cual, los aspectos que favorecen al primero, quedan anulados por las condiciones de vida del segundo, por ende, su naturaleza se muestra débil, y se ve vencido, avasallado, destruido.

La naturaleza tanto estamental, física y anímica, de clase dirigente, busca una que combata ante el de manera similar, es por eso que de nueva cuenta, los criterios de valoración de bueno y malo, se ven modificados de nueva cuenta, podemos apoyarnos con el siguiente párrafo: “A quien tiene el poder de pagar con la misma moneda, bien por bien, mal por mal, y así lo hace en efecto, a quien, por tanto, ejerce agradecimiento y venganza, se le llama bueno, que en impotente y no puede pagar con la misma moneda, pasa por malo.[5] Aquellos que nacían en un ambiente aristocrático, estaban continuamente estimulados por los privilegios por los que no tenían necesidad de sufrir, es decir, estaban a su completo alcance. Como se mencionó anteriormente, las acciones que realizaban eran enfocadas hacia ellos mismos, hacia la conservación de sí y mantenimiento de lo que ya gozaban. Su afán de represalia, era con miras hacia una lucha en la que salieran vencedores frente a un ser semejante, en eso consistía su actuar, su satisfacción y de ahí, su felicidad.[6] Este tipo de hombre, no podía concebir una separación entre acción y felicidad, el placer de sentirse superior, era a partir de él mismo, él busca, encuentra y vence. Quizá, razón por la cual, veía con desdén a aquel que podía oprimir con facilidad, aquél que no representaba ningún reto a su naturaleza, ese individuo débil, no entraba siquiera en consideración para el perteneciente a la casta dirigente. Por el contrario, el individuo perteneciente al vulgo, los momentos de “felicidad” que obtiene, son por medio de un estado de pasividad, debido a la impotencia que le caracteriza, su naturaleza mezquina, le obliga a luchar contra demonios que él mismo ha creado, su “paz” la encuentra cuando tiene un momento de relajación, cuando no tiene que moverse para sentirse bien, para este tipo de individuos, la felicidad es descanso, la felicidad es un momento sin emoción, un momento en el cual, no tiene que hacer nada, cuando puede descansar. No tiene que retar nada, ni a sí mismo, prefiere un letargo a una afrenta, se conforma con una situación tranquila.

La situación en la que se encuentran estos personajes, tendrá necesariamente un desenlace que transformará los criterios de valoración de manera drástica, la cual se deja ver intensamente, en la rebelión de los hemos llamado hasta ahora débiles. Habrá que preguntarnos, cuál es el móvil de dicha rebelión, y para intentar responder esto, debemos recurrir a ese resentimiento engendrado y creciente en el alma de las razas,  bajo la idea de una igualdad entre individuos, un bien común, se esconde el sentimiento de odio, un afán egoísta que mueve al oprimido que es ahora conciente de su superioridad en número, y de que aquél a quien obedece necesita de sus servicios, he ahí donde comienza a maquinar la manera de implantar esta idea en aquellos que lo acompañan en su desventura. Su lema: la unión hace la fuerza, viéndose como impotente de manera individual, enfoca este odio, como reacción, se apoya en los otros iguales a él para llevar a cabo su cometido, se crea la ilusión de que saldrá vencedor, y que mejor que la invención de un ser supremo amoroso, que protege a los desvalidos, un ser que da amor, que da protección, una imagen superior que no desprecie como lo hace el de casta dirigente. Una ideología necesaria, para intentar justificar su pobreza de espíritu. Crear una moral apropiada, una moral de engaño para evitar el dolor de sentirse menos.

Es así que, la idea de igualdad, derivada de este resentimiento, modifica sus padecimientos como, humillación, desprecio, se convierten en símbolos de lo malévolo, si no me toma en cuenta, es malo, si me humilla, es malo. El egoísmo de los poderosos es ahora visto como un símbolo de maldad, puesto que el hombre como ser social, necesariamente debe relacionarse de manera respetuosa y agradecida sin importar el rango al que se pertenezca, para crear un ambiente de armonía, sin recelos, dónde todos deben ayudarse mutuamente, idea que ha tomado fuerza a través de los tiempos. El oprimido pretende de esta forma, subsistir cómodamente, con más momentos de pasividad que es lo que satisface su ser. Las figuras heroicas de origen noble ahora son transformadas como villanas, un ejemplo, la metamorfosis, desde esta perspectiva oprimida, de Aquiles, que es visto como villano, asesino, vil, sin compasión, el que no perdonó la vida de Héctor, el que utilizaba su fuerza para causar dolor.

La ilusión de no sentirse menos, de evitar a toda costa sobrepasar sus propios límites, su cobardía ante la búsqueda de nuevas alternativas, su conformismo de ser visto como el desvalido, como el infeliz, como el digno de lástima, su creación moralista a partir de estos supuestos, es lo que le permite verse reflejado en los demás, crearse esa ilusión y salir ileso de ella. Es así como una raza de envenenados, enferman los criterios para juzgar que actos pueden ser considerados buenos o malos. De esta manera es como logran una marginación de las castas superiores, atribuyendo que sus actos egoístas, malgastan la convivencia y la armonía, este modo de ser en masa, de no hacer distinciones, de no enfrentarse a nada, una valoración de fuerza desde una perspectiva compasiva. Ahora es como se obtiene la idea de que, aquél que soporta más golpes tiene mayor puntaje en la escala, los aguanta sin quejarse, ser avasallado es la nueva fuerza. El sentir empatía con el que sufre, tener lástima por él, es uno de los narcóticos donde se refleja de manera más abierta esta mascara que cubre al egoísmo, se esconde bajo el argumento de amor al prójimo, para no ser juzgado por sentir placer en la superioridad.

Hemos visto hasta ahora, el cómo se han juzgado los actos buenos y malos, enfocados en estos dos modos sociales, la moral que se mantiene es sin duda el efecto de esta creencia de que se puede conceptuar por medio de ellas, por el hecho de querer afirmar que las acciones realizadas se pueden justificar sólo mediante estas perspectivas. Es por eso que, la metamorfosis de valores, cayó necesariamente en el error. Se ha observado que los que se llamaron superiores, han quedado relegados, lo cual, parece contrario a ellos, el vulgar en una jugada astuta, quedó como el vencedor. La omisión de análisis de las acciones emprendidas por cada uno de estos extremos ha originado esta doble prehistoria de la moral. El catalogar, o jerarquizar a los individuos por medio de una visión inmediata de actos, ha dado pie a una ilusión del hombre por creer que desde esta perspectiva de lo inmediato puede ubicar su modo de ser en alguno de estos extremos, es, quizá más sencillo atribuirnos particularidades generadas de una comparación a tientas, que adentrarse en el análisis de lo que movió el actuar que tomamos como modelo.

Nuestra moralidad actual ha crecido en el terreno de las razas y de las castas dirigentes.” [7]


[1] Nietzsche, Friedrich, Humano demasiado humano, Biblioteca EDAF, México, 2003. Pág. 74.

[2] Cfr. Nietzsche, Friedrich, Genealogía de la Moral, Alianza Editorial, Madrid, 1995, Pág., 33.

[3] Nietzsche, Friedrich, Humano demasiado humano, Biblioteca EDAF, México, 2003, Pág. 75.

[4] Nietzsche, Friedrich, Genealogía de la Moral, Alianza Editorial, Madrid, 1995, Pág., 38.

[5] Humano demasiado humano…,  Pág. 75.

[6] Cfr. Genealogía…., Pág. 44.

[7] Humano demasiado humano…,  Pág. 75

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