Categoría: El Trilobite


Lo puedo ver, y siento que, mi miedo es, cierto…

La angustia de no saber qué se es.  Un suspiro desesperado, la luz del mar solo incrementaba el sinsabor de los labios que habían sido. Era esclava en la orilla de la vida humana, recordé el sonido, el aire, la ambiguedad de una solitaria canción de cuna… y su amor.

Mi vida era el temor constante de no saber dónde ir, de reflejarme en las desolaciones de otros. Entre el abismo y mis sueños solo había un paso, del mar, a la luz, de sus labios a la locura, de mi locura a su imagen, del recuerdo a la orilla, desde sus manos hasta mis ojos. Vivaz, corriendo desde el suspiro hasta la sangre.

Si el miedo no es locura, entonces, estoy viviendo de manera incomprensible, me empiezo a hundir, sin control, te grito al fin. El temor al miedo, la gracia que no me alcanzaría, el fin que cazaba; recordaste el grito, mientras yo aguzaba los sentidos por cada alarido, mi acto favorito, tu intento de huir, para qué, solo fue uno de mis malos días. ¿Acaso no deseabas ver lo mejor de mí?

Conversación de Humo…

Sufriste con los silencios que llenaban nuestra tarde…

Temías que no hubiera nada más que decir…

Rebuscaste entre todos tus recuerdos…

Las palabras simplemente no estaban de tu lado…

Buscaste con desesperación que mi mirada te dijera algo…

No soportaste mi silencio….

Tu voz me acariciaba, el silencio te duele…

Recordaste viejas andanzas…

¿Por que no me dejas disfrutar tu silencio?

Consuélate al menos con saber que en tu silencio tus ojos iluminan más…

Deja de temer…

En el silencio no muere una unión como la nuestra…

La tarde aún es joven….

Tu respiración es pausada y tranquila…

El silencio refleja más de tí….

…de lo que puedes imaginar…

…y la imaginación solo se da en silencio…

 

No en un día como hoy de 1810

Estaban un día un pueblo, que quería ser nación, jugando a celebrar, su día de la independencia.

Llegó un hombre sin querer y preguntó: ¿Por qué el alboroto y la algarabia?

Respondieron muchos al unísono – ¡¡¡Éste es el día donde la historia comenzó!!! ¡¡¡Éste es el día en que hay que alzar la voz!!

Nada pudo creer aquel hombre, sin embargo, todo estaba listo para que sus sentimientos se albergaran en las almas de los concurrentes.

Y Dijo. -¿Éste es el día de la mentira? Nada hemos visto, poco sabemos, razones no hay para sentirnos albergados y jubilosos por un cacho de tierra, que en pedazos está cayendo.

Fiesta

Por fiesta se entiende un rito social en el cual las personas marcan cierto acontecimiento o alguna ocasión especial, como un cumpleaños, agasajo, boda, aniversario, etc… reuniéndose y desinhibiéndose o adoptando un rol para la ocasión.

Como rito que es, implica seguir un patrón determinado, en el caso de las fiestas suele estar acompañado de baile, música y comida para la ocasión. Junto con algún ritual más específico según la fiesta de que se trate.

Las personas implicadas en el rito pueden variar considerablemente, desde una familia o grupo social hasta toda una localidad o incluso una nación. Pueden ser periódicas o anecdóticas.

La fiesta es una celebración o conmemoración de un acontecimiento importante para un determinado grupo humano, o glorificación de un individuo o de una categoría de personas, de un héroe, de un santo o de un dios. Aunque sin duda en su origen son mágicas, las fiestas pueden ser religiosas o civiles, nacionales o privadas, publicas o individuales, fijas o móviles, repetidas o únicas. La combinación de algunos de estos elementos genera un gran numero de fiestas diversas.

La fiesta tradicional, y a veces otras fiestas, reviste con frecuencia dos aspectos sucesivos: una ceremonia ritual seguida de diversiones mas o menos paganas. La fiesta fija destaca el tiempo, el paso de las estaciones. Es jornada de descanso, reposo inhabitual que rompe la monotonía de los días. Requiere unas disposiciones mentales que a veces faltan, sobre todo en nuestro tiempo. En la fiesta hay mas alegría en la preparación, elaboración de las hermosas cosas que la constituirán, en el trabajo común. Porque cualquiera que sea la fiesta, debe ser lo más bella posible, pero también la más sorprendente. Es ante todo, fuente de sorpresa. En la fiesta el individuo sale de sí mismo, se libera, caen los tabúes, se olvidan las inhibiciones.  Para facilitar la transformación del individuo, todo debe transformarse a su alrededor.

La fiesta, pues, se opone a lo cotidiano, no esta hecha para durar un día o un lapso muy breve de tiempo. El lujo que exige puede ser real: salen de los armarios colgaduras, bordados, orfebrería, joyas. No obstante también es permitido el artificio; es el reino del papel crespón, de la purpurina, del cartón piedra, los vestidos femeninos no están mas que hilvanados y las telas brillantes palidecerán en breve. Todo se hace para el brillo del instante, y todo se concibe para ser desmontado y quizá destruido.

No obstante para las fiestas pueden hacerse obras duraderas. Se vuelven a escuchar los himnos, los cánticos y las canciones, sin cambiarlos, pero con nuevo sabor, y por otra parte, los mecenas hacen encargos. La fiesta libera al hombre no sólo en el orden psicológico, sino también en sus facultades de iniciativa y de invención creadora. La fiesta se pone en contacto con el arte, aunque el arte sea irrisorio, frágil y engañoso. El tema de la fiesta a su vez ha fecundado a las artes (Fragonard), y algunos artistas han querido fijar su fugacidad, mientras que otros poetas la han aprovechado para mostrar su melancolía.

Estas ideas se plasman en la arquitectura y en la escultura con la aplicación de los conceptos de orden arquitectónico y canon de belleza, en ambos casos la armonía, la belleza, se entiende como la proporción numérica entre las partes (de un edificio o del cuerpo) con el todo.

El Fuego en la noche

Dejaste que mis manos te tocaran una vez más

Envolviste mis sueños con recuerdos y añoranzas

Mis labios se endulzaron con el sabor de tu piel

Y todo estaba listo, solo nos quedaba partir, y tus sueños, y tus labios, y tus manos

Tenían que desaparecer.

Me prestaste tu mirada nuevamente, y como antes, me reflejé en ti

Suavemente te susurre por un instante más, en silencio te gritaba un adiós.

Entre tu boca y mi boca, estaba el mar de insaciable ser.

Te encerraste entre tu piel y mi piel

Desesperadamente matizaste con densa voz mi habitación

Mojé mi boca con el sudor de tu piel,

“Una vez más” dijiste

Y aunque yo quisiera escapar a mi destino

Inevitablemente se dibuja frente a mí

Por la mañana partiremos

El alma de esta noche se extenderá

Hasta que tus ojos se vuelvan en mí.

Efecto entre espejos…

El silencio se volcaba en aquella mirada, recordaste las viejas batallas y los viejos espacios, el cuerpo torpe que se tambaleaba a cada paso, nunca antes te viste así. De rodillas, derrotado, abatido, desgarrado, buscaste en tus manos el motivo, desesperado, la furia nuevamente se apoderó de ti, los gritos, las farsas, las bulas, las memorias que una y otra vez te atormentaban. Y ahí estabas, bajo aquella luna nueva, y gritaste por dentro, era aquella necesidad de destruir algo hermoso. La obsesión que encaminó a la locura, todos estaba hecho y escrito bajo tu silencio. …

…Aquél eras antes, mucho antes de perderte en aquellos ojos, todas las noches salías a su encuentro, le veías pasar, te armaste de valor y buscaste su mirada, te topaste con sus labios, te hundiste entre sus brazos, todo en cada noche. Por las mañanas despertabas olfateando entre su pelo, como si quisieras entender lo que era; su piel nueva y fresca, volteaba y te sonreía, y entre abrazos su aroma se impregnaba en tu piel y viceversa…

…Tomaste su mano, temías romperla, sus ojos se clavaron fielmente en ti, deseabas tanto amarla, hurgabas entre todos tus sentidos, pero te dejaste cautivar por el pelo que caía sobre la cara; no era suficiente, tu rostro se transformó tras su sonrisa, ella se sonrojó equívocamente, y de ahí, la necesidad y la desesperación tomaron las riendas…

Fue todo, aquel rostro plácido, desapareció, su sonrisa cubierta de rojos, su cuerpo maltratado fue tomado por última vez, posado en una mullida cama, el eco de gritos no cesaba, susurraste que todo pudo más que tú, regresaste a tu casa vacía sin el amor que alguna vez anhelaste…

Lo último que recuerdas son sus ojos, el último parpadeo, la última mirada que por fin te desenmascaró…

Agárrense de las Manos…

Tan poco sabemos los unos de los otros, convivimos a ratos, reímos en otros, de repente tenemos breves instantes para intercambiar uno que otro problema que nos asalta la mente, sin embargo, en algunas ocasiones es afortunado  encontrarnos con las palabras de otros escritas en papel o en su versión bloguera; nos acercamos entre nosotros suponiendo un sinfín de cosas, al poder leernos, vamos armando el rompecabezas, en ocasiones, aquello que vemos plasmado nos invita a buscar el diálogo; en otras tantas, nos crea más confusiones, que si bien podemos desfogarlas dentro de nosotros mismos, creando vagos arreglos, desacuerdos o “mal viajes” pero que al final de cuentas quedan en el silencio de nuestra propia mente, en el mejor de los casos labramos la serie de ideas que apoyamos o desaprobamos de aquel que leemos, agotamos los recursos que nos da el encuentro, se traspasa la versión virtual y nos acompañamos con la presencia de ambas partes, frente a frente y mano a mano. Lo esencial del ejercicio en este grupo es conocer las distintas facetas que todos poseemos, comentarlas, sugerir distintos caminos, entre tantas otras cosas.

Por otro lado, vemos que en la mayoría de las veces, lo que diga o haga el otro pasa desapercibido ante nuestros ojos, dejamos que la apatía ante los que conocemos medianamente no sobrepase los límites que se han impuesto. Pocas veces permitimos que nuestro espacio sea invadido, ya sean comentarios, críticas o aplausos, éstos últimos solemos tomarlos con mejor agrado, pero siempre con reservas. El diálogo entre los participantes se obstaculiza debido a la serie de circunstancias que conlleva dar y recibir un escrito. Gran parte de los que formamos este grupo sabemos lo complicado que es revelar situaciones, pensamientos, sentimientos y aún más, compartirlos, sean los lectores cercanos o lejanos, ciertamente cuando son más cercanos los que nos leen más turbio tendemos a desenvolvernos.

En el mejor de los casos, lo que se escribe resulta ser toda una conmoción, ejemplos de eso hemos tenido muchos, hay tantos compañeros que nos han hecho llegar a las lagrimas, o nos alegran el día con cuentos, sueños o poemas. Podemos ver ambas caras de este ejercicio, y ya será de cada quién qué hacer con ellas.

… CL …

Quizá fue lo snob de mi vida, poco a poco me alejé de un mundo que, al parecer, no me servía…

Escuchaba la radio por las mañanas, a cada noticia, una punzada, el dolor ajeno del que tanto me hablaban, apenas sentía las tiernas caricias de aquel gato negro que me saludaba, cada día una pena más, las nuevas tragedias retumbaban por todos los medios. Me cansé de escuchar eso también. Retomé viejas lecturas, ideas de otros, imágenes confusas, sueños cristalizados en esferas de altas categorías; finalmente nada de eso componía mi espíritu. Me puse andar por las calles de lo que siempre había visto, desde hace tanto que no contemplaba aquellos colores, ahora marchitos, gente nueva con las mismas costumbres, nuevas familias y los mismos desencantos. Pasaban caras conocidas, agrietadas por la edad, por el tiempo, a todos los carcome. Y de nuevo me asaltaron aquellos recuerdos de lo que solía pensar, sentir, y hablar. ¡Ah! La nostalgia me embriaga, una sensación de hastío y tristeza, ninguna de las cosas que había deseado en ese entonces era realidad ahora.

Sé que han pasado los años, que el tiempo quizá si me consume, pero nunca me he dejado atormentar con eso, realmente, la vida no me gusta tanto, al menos eso es lo que he sentido desde hace ya algún tiempo. Ni siquiera sé con certeza si andamos persiguiendo hacia lados opuestos. Con frecuencia suelo imaginarme otros modos de vida, quizá si me sumerjo en la rutina que la mayoría añora, con un horario poco flexible, pero un futuro asegurado. Dicen que opciones hay muchas, distintos tipos de vida a escoger, entre más las pienso es peor…

Todo, al final termina escurriéndoseme de las manos…

Antiguos Escritos (1)

CON LA FE HACIA EL ABISMO

1

Después de la tempestad viene la calma. Sangre esparcida por todas las murallas, el piso, la plaza, el color de la masacre, se pierde entre las paredes del gran salón dando un aspecto lúgubre a las estatuas de mis dioses con el fluido de los que los honran y los defienden. Hombres sin alma, sin ápice de vida. Aquellos que eran valientes guerreros luchando a diestra y siniestra en contra de los temibles profanadores blasfemos que insultaban el lugar de mis señores del Olimpo, Caminé por los senderos cobijados por la oscuridad y con la Luna como único testigo de esta maldad. Y yo tratando de encontrar alguna pista para una respuesta lógica a toda esto, pero sin resultado alguno.  A solas con la compañía de un maldito silencio sepulcral que me consumía. Que horrible sensación, estar  rodeado de la muerte, esa egoísta arpía que se llevo consigo el secreto de estos pobres torturados y que al final el dolor fue su único compañero. No hay rastro de los detractores, de los malditos seres del averno, lo que veía era obra suya, no cabe duda. Toda su miseria la descargaron aquí, detestables excluidos, exiliados, despreciables traidores de nuestro amor  y de nuestra fe.

2

La batalla siempre continuaba en otra parte del pueblo, había tanto que hacer, combatir o ayudar, curar o desenvainar, asesinar o intentar conservar la vida. Todo indicaba que ellos traían el antiguo caos dentro de si, aunque sus siluetas a simple vista se confundían con las de cualquiera de los que estamos aquí, sus movimientos eran extraños, como los de un animal carroñero, que se desplaza lenta pero sigilosamente sobre su presa, estudiando el momento para atacar y cuando estaban listos mostraban la fuerza y rapidez de un felino apuñalando hasta desgarrar por dentro los mas posible, enterrando sus cabezas en las entrañas de aquellos pobres y mostrando los órganos como símbolo de victoria. En cuanto alguno dejaba ver el corazón de las victimas, se elevaba un coro enloquecedor y después seguían, sin afectarles nada, ni el llanto de un niño, ni siquiera la suplica de una madre o anciana, nada, solo les interesaba acabar con todos los que se cruzan en su camino.

Era terrible presenciar estos actos, la impotencia me carcome, cuando estaba dispuesto a ir tras uno de ellos, vislumbraba como se había marchado a asestar a otro hombre.

Mis grandes Dioses de las alturas, ¿Por qué han permitido esta barbarie? Su pueblo pide clemencia, ruegan por su auxilio. ¿Nos han abandonado acaso? No permitan que este sea el ocaso de quienes os honran. Tengan piedad de este siervo suyo, que implora un poco de su resplandor para embestir a esta maldad.

¿Que es lo que buscan? ¿Qué intentan al perturbar a nosotros los amantes de la bondad, la tolerancia y la virtud? Pero no comprendí que era lo que sucedía, por que nadie respondía a mis suplicas, ni siquiera volteaban su cara hacia a mi, no les inquietaba, continuaban matando sin misericordia.

Todos esos recuerdos continúan martirizándome, mi descanso aun es perturbado por aquellas imágenes que se que nunca se borraran y este maldito silencio desquiciante no me ayuda a que eso cambie.

Escribir sobre no escribir

Y que tal que no me salía algo digno de presentar, retomar viejas andanzas con pluma y papel, difícilmente convencerían. Ahondar en mi cabeza buscando el sonido de las calles o los colores de una tarde, tal vez con una encerrona en mi cuarto, contándole mis intimidades a una vela hablando de precepciones con el sueño y la vigilia, pero, ni el ardor de la llama inspira mis horas. Si escribo cuando no quiero, ¿acaso podré explicar la sensación de la lluvia en la piel, o el olor  de la noche en mi jardín, o ese exquisito sabor de una sed idéntica en una tarde de martes? Y de nuevo, las mañanas indistintas y las noches de insomnio. Hablar de sueños inconclusos, como todos los sueños son, el perfume de piel contra piel, la impresión de notas en el aire que todo lo llenan. Puedo recurrir a los pocos recuerdos que tengo, aquellos que no han sido suprimidos por dolor o deseo; sin embargo, no quisiera que abismaran mis pesares, como tampoco que mezclaran entre palabras. Y observando el día a día, las horas de sangre, terror y decepciones, pudiera intentar explicarte la historia detrás del caos que a ratos indigna y en otros se actúa, acaso la muerte de unos bajo las manchas de otros; el fastidio de la jornada que presurosa nos alcanza, hablas de triunfos que embrutecen, o las calles que desbordan una jubilosa jauría de necesidad esperanzadora. Comunicarte aquello de lo que todos hablan, es desahogarse en frases cuidadosamente escogidas que pocos siguen, otros destrozan y muchos prefieren omitir. Así pasa, a veces, el escribir se convierte en un riesgo mental, una tortura cuando se escapa el decir.

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