Categoría: Dos gallos para Esculapio


Desesperanza

Creo en un solo Dios,

(pero creo en todo lo que me presentan como divino)

Padre Todopoderoso,

(si fuera padre no entiendo por qué no me concede lo que pido)

Creador del cielo y de la tierra,

(ni siquiera estoy seguro de que haya cielo, o Tierra)

de todo lo visible y lo invisible.

(lo invisible es visible gracias al microscopio, así que no entiendo lo que digo aquí)

Creo en un solo Señor, Jesucristo,

(pero estoy preocupado porque no tengo dinero)

Hijo único de Dios,

(con razón Dios no resuelve mis problemas)

nacido del Padre antes de todos los siglos:

(esto no es consecuencia lógica de nada…)

Dios de Dios,

( esto no tiene sentido)

Luz de Luz,

(la luz es relativa, y no hay nada de malo en ello, para qué afirmarlo)

Dios verdadero de Dios verdadero,

(la verdad también es relativa y depende del contexto)

engendrado, no creado,

(yo también fui engendrado)

de la misma naturaleza del Padre,

(esto sólo se explica por trastornos de la personalidad)

por quien todo fue hecho;

(no, todo es hecho para beneficio del hombre)

que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,

(salvarnos de qué, si de no ser por la violencia estamos mejor que nunca)

y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;

(cómo puede Dios salvar al hombre siendo uno)

y por nuestra causa fue crucificado

(el dolor y la humillación no salvan de nada)

en tiempos de Poncio Pilato;

(eso no me consta, no encuentro registros históricos que me lo confirmen)

padeció y fue sepultado,

(si es Dios no tiene porque padecer)

y resucitó al tercer día, según las Escrituras,

(cuáles son las condiciones materiales que permiten una resurrección)

y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;

(en el cielo, en caso de haberlo, hay placeres corporales)

y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,

(qué caso tiene juzgar a los muertos)

y su reino no tendrá fin.

(bueno si promete un reino es conveniente creer esto)

Creo en el Espíritu Santo,

(¿Hay espíritu?)

Señor y dador de vida,

(¡Ojalá algún día el hombre pueda dar vida!)

que procede del Padre y del Hijo,

( esto puede decirse de muchas maneras…)

que con el Padre y el Hijo recibe

(Si no creo en el espíritu, ¿cómo puedo creer en los demás)

una misma adoración y gloria,

(los adoro, pero cuando tengo problemas)

y que habló por los profetas.

(¿qué es un profeta?)

Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.

(ya no me es posible confiar en la iglesia)

Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.

(no estoy seguro de que haya perdón, y menos pecados que perdonar)

Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.

(la verdad no creo que pueda esperar algo)

Amén.

 

La carencia de fe es decir soy cristiano, pero no creer en Dios, en el alma y en que hay algo bueno que va más allá de las posibilidades propias de la inmediatez de la materia.

 

Maigo

Salud del alma.

Salud del alma.

¿Quién me dará descansar en ti? ¿Quién me dará que vengas a mi corazón y lo embriagues, para que olvide yo mis males y me abrace a mi único bien, que eres tú?
Agustín. Confesiones I, V.

Ausencia de Dios significa enfermedad en el alma, y ésta se aprecia en la miseria de los actos que lleva a cabo el enfermo. Quien no deja que Dios gobierne en su corazón actúa con miras hacia lo bueno, entendiendo por bueno lo que no necesariamente es lo mejor, pues la luz que lo guía para hacer determinadas cosas emana de la valoración extrema del poder del individuo, valoración que le impide ser consciente de sus propios límites.

El enfermo del alma, procura satisfacer al origen de la luz que guía sus actos, es decir, sólo se procura a sí mismo, de modo que no le importa contagiar a otros con la vileza de espíritu que le caracteriza, es incapaz de amar, y lo único que genera con sus actos es injusticia y la violencia que de ella se desprende.

Considerando que la violencia se genera en la miseria del alma, y que la violencia genera más violencia, tal parece que el único remedio para sanar a un conjunto de almas enfermas, como una comunidad asediada por el terror de las heridas abiertas, es la búsqueda de la divinidad abandonada, la cual parece del todo imposible cuando ya no existe la fe que sustente dicha búsqueda.

Por desgracia para nosotros, hombres sin fe, sólo Dios es tan misericordioso como para sanar a un alma enferma, es decir, sólo él es capaz de traer la miseria del corazón enfermo hacia su corazón mismo, y hacia el corazón de aquellos que han  sido tocados por la miseria de quien, enfermo, actúa afectando a los otros y a sí mismo. Sólo la presencia de Dios trae consigo el perdón que tanta falta hace a quien necesita perdonar, además de que impide que la miseria que vacía al corazón enfermo vacíe más corazones.

Por desgracia para nosotros, hombres sin fe, sólo la presencia de Dios sana a quienes actúan miserablemente y a quienes de manera dolorosa son tocados por la privación de Dios que impera en el corazón de quien hiere a los otros.

Por desgracia para nosotros, ahora no somos más que hombres sin fe…

 

Maigo.

Una lectura sobre infinitos vacíos.

Cito y comento.

 

SALVIATI: ¿De otro modo qué? Ahora, ya que de paradojas se trata, veamos si de algún modo se puede demostrar que en una extensión continua y finita, no repugna que se puedan hallar infinitos vacíos. Y al mismo tiempo se verá, si no otra cosa, por lo menos apuntada una solución del más maravilloso problema que el mismo Aristóteles puso entre los que él llama admirables (ammirandi), quiero decir entre las cuestiones mecánicas. La solución pudiera ser tal vez explicativa y concluyente como la que el mismo Aristóteles da, y diversa también de aquella que tan agudamente comenta el muy docto monseñor de Guevara. Pero antes es necesario considerar una proposición que nadie ha tratado hasta ahora, de la cual depende la solución del problema, que después, si yo no me engaño, lleva en pos de sí otras nociones nuevas y admirables. Para mejor entenderlo, tracemos con todo cuidado una figura. Con este objeto, supongamos un polígono equilátero y equiángulo, de cuantos lados se quiera, descripto en torno al centro G; y sea por ahora un hexágono ABCDEF; semejante al cual y concéntrico con él, trazaremos otro menor, que notaremos HIKLMN. Prolonguemos indefinidamente hacia S el lado AB del mayor, y en el mismo sentido prolonguemos el correspondiente lado HI del menor, trazando la línea HT, paralela a la AS, y trasportando consigo al polígono menor. Es claro, que por estar fijo el punto B, extremo del lado AB, al comenzar la rotación, el ángulo A se ha de elevar, y el punto C bajará, describiendo el arco CQ, hasta que el lado BC coincida con la línea BQ, que es igual a él. En tal rotación el ángulo I del polígono menor se elevará sobre la línea IT, por ser la IB oblicua con AS; y el punto I no volverá nuevamente sobre la paralela IT hasta que el punto C haya llegado a Q. Ahora bien, el punto I habrá caído en O, después de haber descrito el arco IO, fuera de la línea HT, y entonces el lado IK habrá pasado o OP. Pero, mientras tanto, el centro G habrá marchado siempre fuera de la línea GV, cobre la cual no volverá sino después de haber descrito el arco GC. Dado este primer paso, el polígono mayor habrá venido a apoyarse con el lado BC sobre la línea BQ. Y el lado IK del menor sobre la línea OP, habiendo saltado toda la parte IO, sin tocarla, y el centro G habrá venido a parar en C, haciendo todo su recorrido fuera de la paralela GV, hasta que finalmente toda la figura haya vuelto a ocupar una posición semejante a la primera; de modo que, prosiguiendo la rotación y efectuando el segundo paso, el lado DC del polígono mayor, se adaptará a la parte QX, el KL del menor (después de haber saltado el arco PY) caerá en YZ, y el centro, marchando siempre fuera de la línea GV, caerá en ella solamente en R, después del gran salto CR. Por fin, efectuada una rotación completa, el polígono mayor habrá calcado sin ninguna interrupción sobre su línea AS, seis líneas iguales en conjunto a su perímetro; el polígono menor habrá igualmente impreso seis líneas iguales a su contorno, pero con discontinuidad, a causa de la interposición de cinco arcos, bajo los cuales quedan las cuerdas, partes de la paralela HT, no tocadas por el polígono; y finalmente, el centro G nunca habrá coincidido con la paralela GV, salvo en seis puntos. Con esto podréis comprender que el espacio recorrido por el polígono menor, es casi igual al recorrido por el mayor; es decir; la línea HT en conjunto con los espacios de los cinco arcos. Ahora bien, quiero que comprendáis que esto que he demostrado y expuesto en el ejemplo de los hexágonos, se cumple en todos los demás polígonos, de cualquier número de lados, con tal que sean semejantes, concéntricos y conexos (congiunti), y que supongamos que con la rotación del mayor, rueda también el otro cuanto se quiera menor. Debéis comprender que las líneas, recorridas por ellos, son aproximadamente iguales, computando en el espacio recorrido por el menor, los espacios bajo los pequeños arcos no tocados en ninguna parte por el perímetro de ese polígono menor.[1]

 

Lo primero que hay que notar al leer las palabras del Sr. Salviati, representante de Galileo en el Diálogo acerca de dos nuevas ciencias, es la importancia de las demostraciones geométricas, en especial cuando lo que se pretende mostrar es la posibilidad de pensar lo que se corroborar mediante la sensibilidad junto con lo que sólo se encuentra presente en el ámbito de lo imaginable.

Ahora, la pregunta que aquí surge, es ¿por qué la geometría puede unir lo sensible con lo que sólo es pensable, para dar razón de algo tan cotidiano como el movimiento?, la respuesta a esta interrogante me parece que se encuentra en el comienzo de la demostración aquí relatada. Esta demostración depende de la capacidad del físico para imaginar, en este caso un polígono de seis lados con otro hexágono más pequeño unido al primero por un mismo centro. Para poder llevar a cabo este acto, es necesario tener primero una noción de lado, la cual no sale de la nada, sino que depende de nuestra experiencia cotidiana.

Si bien es cierto que no tenemos experiencia sensible de un hexágono, sí lo es que vemos a la figura en todo aquello que se mueve en el mundo, además tenemos experiencia de cuerpos que poseen volumen y que nos permiten abstraer aquello a lo que posteriormente denominamos superficie.

Así pues, queda claro que es mediante la imaginación que podemos abstraer de lo sensible aquello que se ocupa en las demostraciones geométricas, y que esta abstracción permite pensar a las cosas sin aquellas particularidades que las hacen únicas en el mundo, lo cual permite hablar de manera general, es decir, da lo mismo pensar en los movimientos que se llevan a cabo en la Tierra, que aquellos que realizan los astros.

Por otra parte, hay que tener en mente una cualidad mucho más interesante en el demostrar geométrico que caracteriza al modo de hablar empleado por el Sr. Salviati, la generalidad que se desprende de las demostraciones geométricas evitan las confusiones que por lo general irrumpen en la vida cotidiana, y que conducen a apreciaciones diferentes respecto a un mismo asunto.

Es por ello que en algo tan difícil como la demostración de algo que no se puede corroborar fácilmente, como la existencia de espacios infinitos vacíos, lo mejor es recurrir a demostraciones libres de la variabilidad que existe cuando algo depende de quién y de cómo piense el asunto a tratar.

Tomando en cuenta lo anterior es claro que la demostración geométrica, por mucho es mejor que el habla cotidiana, en especial cuando aquello que se va a tratar es algo que dista de la experiencia cotidiana al grado que sólo es posible corroborarlo mediante la experimentación que se lleva a cabo mediante la imaginación, como es el caso aquí representado por la demostración del Sr. Salviati.


[1] Galilei. G. Diálogo acerca de dos nuevas ciencias. Losada. Buenos Aires 2003. Págs. 49 y 50.

¡Silencio!

Ahora que trato de escribir algo me percato de que las palabras no acuden en mi auxilio; el silencio impone su presencia en mi cabeza, en mi lengua y en mis dedos, los cuales no responden a mis mandatos por atender a lo dictaminado por él.

Me quedo perpleja ante la hoja de papel en blanco, y aún antes de haber dibujado un trazo le veo como si ésta ya estuviera llena, ya no hay nada que pueda dibujar sin mancharla, el silencio se impone y me deslumbra como lo hace la blancura del papel cuando lo coloco en la ventana y un rayo de sol es reflejado hacia mis ojos.

El cegador reflejo del papel me deja ciega, ya no veo con claridad aquello que me rodea, y el silencio se impone ahora más que nunca, no puedo articular palabra, no veo bien y eso me impide desatar los cordeles con los que el silencio me mantiene quieta.

De momento siento mi mente vacía, pero me percato de que estoy pensando en el vacío que siento que me invade y de que quizá podría escribir al respecto, pero de momento no veo con claridad como para que mis palabras puedan corresponder con justicia.

Por más que intento aclarar mi mente el silencio se impone me deja pasmada y alejada de la amable mano de la musa que me asistió antaño.

Maigo

Amor de locos

No hay sentimiento más fuerte que el amor. Quien dude de la veracidad de esta afirmación que se piense cuando ha estado enamorado. El dudoso que reflexione sobre el amor notará que bajo el influjo de Eros es posible realizar actos que parecen dignos de locos como Don Quijote. Después de todo, no es racional que un hidalgo dé maromas en la sierra de Morena para demostrar con ello su amor a una doncella ausente, del lugar y del mundo.

El enamorado es quijotesco, y como tal es devoto a lo que ama, no pierde de vista a su amado, aún cuando éste no se halle presente, todo acto, toda respiración, todo latido del ardiente corazón se realizan en pos de aquello que es visto con el brillo que Eros le dota.

Esta devoción es juzgada por aquellos que no han sido tocados por Amor como mera locura, como una enfermedad de la que hay que curar a toda costa al enamorado, pues no es difícil que la vida se le vaya minuto a minuto persiguiendo al escurridizo amado, y que esta persecución sea un desperdicio del tiempo a los ojos de los hombres racionales y productivos de los que se rodea el quijotesco enamorado.

De todos los enamorados, los más locos, y por ende los más devotos a lo que aman, quizá sean aquellos que están enamorados de la palabra. Esos seres extraños que no poseen nada en las manos, pero que dedican sus días, sus noches, y hasta sus sueños, a cazar milagros, a buscar la más bella de las expresiones para retratar el brillo de todo lo que contiene el corazón del hombre y de la naturaleza.

Algunos se ven tan arrastrados por ese impulso erótico que llevan consigo a muchos Sanchos cautivos, sin siquiera reparar en ello. Esto despierta la envidia de aquellos que sin amar a la palabra la buscan para conquistar seguidores y hacerse de un séquito que les traiga lo que realmente aman, fama y fortuna.

El amante de la palabra, cuida lo que ama, es decir, no habla descuidadamente ni al tuntún con tal de atraer Sanchos; el amante de la fama, en cambio, usa a la palabra y la prostituye hasta que obtiene de ella las ganancias que buscaba, no se cuida de lo que dice más que para no ofender a quien le sigue más de lo necesario. El primero vive para la palabra, el segundo vive de ella y la desecha cuando encuentra algo más placentero que hacer o más productivo, siempre que productivo signifique atender a lo que realmente se ama.

El amante de la palabra es como Don Quijote, pues su vida pierde razón de ser cuando la razón alcanza a sus actos, cuando escribir y leer y hablar es algo que realiza conforme a cálculos que según a lo dictado por un Eros que no entiende de pesos y balanzas. El otro, deja de ser lo que es, un ser que finge amor, cuando comienza a hablar, leer y escribir sin atender a la existencia real de una ínsula de Barataria.

Maigoalida.

Santos pecadores

Pocos, salvo aquellos que viven pendientes de la próxima canonización de Juan Pablo II, se preocupan por la distinción entre una religiosidad gobernada por el deseo de santidad y una que depende del culto, no sólo a las imágenes, sino a todo aquello que se limita en la acostumbrada realización de un rito.

El problema que trata Námaste Heptákis en su texto publicado el día de ayer, tiene una dimensión mayor que el hecho de distinguir entre una religiosidad noble y una gobernada por los símbolos. En buena medida me parece que señala hacia la pregunta por la necesidad de que una religiosidad llevada a cabo conforme a la revelación tenga santos o deseche a todo aquel que haya pecado alguna vez en su vida por no ser intachable.

Es cierto que el texto El oropel y lo santo señala la importancia de reconocer que la canonización es una forma de distinguir aquello que es noble en el terreno religioso, y si bien no aborda la importancia que tiene la santificación en el seno de una religiosidad que apela hacia lo revelado sí deja abierto este problema.

¿Qué hay tras la santificación? ¿Por qué es importante para la religiosidad revelada el señalamiento que se hace a lo noble?, para responder a estas preguntas, me parece que hay que atender a lo que el autor apunta cuando dice que  “Lo santo en su sentido primero sólo puede verse cuando hay experiencia religiosa”. Bella afirmación que aleja de la idea de la canonización de alguien el hecho de que esta signifique un icono más en los altares, al cual pueda rendírsele culto.

Al señalar que lo santo sólo puede verse cuando experiencia religiosa, el autor apunta a un aspecto fundamental de toda canonización, pensada ésta como el reconocimiento de lo noble, quien reconoce lo noble en algún sentido también debe serlo.

De lo que acabo de decir el lector pensará que sólo los santos reconocen lo santo en los demás de modo que una comunidad llena de pecadores se vería incapacitada para reconocer realmente a lo santo. No es eso lo que estoy diciendo, pues eso sería absurdo; sin embargo, lo que no es absurdo es que todo pecador con deseo de ver el rostro del Santo de Israel, sea capaz de reconocer lo difícil que es llevar al alma al crisol del arrepentimiento por todos los pecados cometidos -pues sólo son grandes pecadores quienes reconocen haber pecado y dejan de hacerlo-, y llenarla con el calor de la caridad que significa perdonar a quien la ha ofendido.

Si bien el deseo de santidad no hace a los santos de la noche a mañana, sí puede ayudar a reconocer en las vidas de aquellos que se han arrepentido de sus pecados y se han dejado gobernar por la caridad, el esfuerzo sobrehumano que significa el perdón y el amor a todos los hombres. Este mismo deseo, es el que justifica a la canonización, pues con un real reconocimiento de lo noble, es decir, con un reconocimiento que vaya más allá de colocar un ícono más en los altares, la religiosidad revelada de la que habla el texto arriba señalado se renueva, pues renueva la esperanza del buen religioso en su búsqueda constante de la santidad.

DULCE TENTACIÓN.

DULCE TENTACIÓN.

Aléjate de mí Satanás.

Mateo. 16, 23.

Hoy siento deseo por lo prohibido, por aquello que resulta indefendible, tanto que sólo se me ocurren argumentos muy débiles para justificarme ante el espejo si es que me dejo llevar por el deseo que hoy me invade.

Sé bien que si me dejo llevar, hoy mismo accederé al placer que significa traspasar los límites que me han sido impuestos por la idea de lo que es mejor, ¿pero esa sensación valdrá la pena como para que traspase tales límites?

No estoy pensando en el arrepentimiento que llegan a sentir aquellos que se quejan de las consecuencias de sus actos, cierto es que hay muchas acciones que son mal vistas por los demás, y que al realizarlas lo único que queda por hacer es esconderse del juicio ajeno para no recibir castigo alguno o simplemente no hacer caso de ese juicio.

Ese arrepentimiento no me parece lo suficientemente valioso como para negarse a la posibilidad que nos ofrece aquello que nos tienta, basta con no atender a lo que digan los otros para no sentirse mal con lo que se hace o lo que se hará.

Además el juicio que los otros hagan sobre mi persona no es valioso cuando los otros no lo son, y en cierto modo es sencillo ver a los demás como seres cuyo pensamiento sobre mis actos no tiene importancia cuando veo que los demás no comparten algo conmigo. Fuera de la comunidad y dando prioridad al individuo, no afecto a nadie si dejo que mis antojos y deseos me dominen, aunque sea una vez en la vida.

Pero, aún cuando quiera imaginarme como un individuo aislado, o despreocupado de los demás, no alcanzo a ver una buena razón para realizar mi deseo, algo me impide dar rienda suelta a mis antojos, ¿serán escrúpulos, temores que pueden interpretarse como la cobardía que caracterizó a los hombres que compartieron su tiempo con Napoleón?, no sé bien que sea, pero es algo valioso que quiero preservar.

No encuentro un buen argumento para justificar un acto prohibido, veo que prefiero el dolor de soportar la fuerza que posee la tentación que el dulce sabor que me dejaría dejarme llevar por ella, y aún cuando me duele decir que no a algo que deseo mucho y sintiendo que me lastima alejar de mí a aquello que tanto me atrae,  mi deseo de mantener resguardado aquello que considero vale más que el placer y el dolor me lleva a soportar tal sufrimiento.

Celos

Aqueste cielo caduco

donde sea un monumento

para los siglos futuros,

desengaño, de que son,

o ya justos, o ya injustos

los celos –dígalo yo-

el mayor monstruo del mundo.

Calderón de la Barca.

 

Felipe:

 

Raro os parecerá que también me dirija a vos mediante líneas. Lo hago porque no soporto tanto tiempo vuestra ausencia, sé bien que os vi esta mañana, y que os tendré nuevamente frente a mis ojos esta noche, cuando volváis de cacería o quien sabe de dónde.

No soporto la idea de que vos estéis con otra, no me importa si noble o campesina y me he tomado la libertad de enviaros esta misiva con una de mis damas de confianza, aún cuando bien me aconsejan que no debería perseguiros más cuando salgáis a los jardines de palacio a entreteneros con el deporte de la caza de la zorra, me gustaría saberos completamente mío, y estar segura que la zorra que estás cazando efectivamente es un animal y no a otra mujer.

Confío en la dama que lleva esta carta, no porque sepa que es una persona íntegra, sino porque bien sabéis que es fea, al igual que todas mis damas de compañía, por vos me rodeado de fealdades, pues no soporto que volváis la mirada a una que no sea yo.

¡Ah!, si pudiera Felipe, os tendría encerrado en una torre para que no tuvieras más ojos que para mí, pero no puedo, y aún así no tendría la certeza de vuestra fidelidad, no sé porque no soy suficiente como para que vos no busquéis en otros brazos lo que bien sabéis que nunca os niego.

He demostrado ser buena esposa, os he dando hijos e hijas demostrando con ello mis cualidades y la bondad de la fertilidad que Dios me ha concedido para vos, sólo para vos vivo, y siempre atenta a vuestros deseos. No entiendo porque me engañáis tantas veces, porque vuestras miradas no son sólo para mí, quizá gozáis con mis celos, quizá no os he demostrado suficiente mi amor por vos.

Comienzo entonces a demostraros, aún a sabiendas de que vos estáis de cacería, que espero realmente sea así, espero que me contestéis esta misiva, necesito saberme dueña de vuestros pensamientos, de vuestras miradas cuando lleguéis a mi lado.

Contestad por favor, pues así me percato de que vos efectivamente me decís la verdad, que ya no me engañáis, espero poderos encontrar fácilmente, pues quizá después de mi carta llegue a visitaros hasta el claro donde se encuentra el amor en que me pierdo.

 

Juana

El trabajo femenino.

Dicen por ahí que mañana es el día internacional de la mujer, lo cual supone que mañana todos aquellos seres humanos que se diferencian de los demás por pertenecer a la especie femenina deben portar con orgullo su cromosoma X.

El problema de festejar algo que ha sido elegido por la Naturaleza, y que por tanto está tan alejado de la voluntad humana, no se limita a lo absurdo que resulta sentirse orgullosa por haber nacido con un cromosoma y no con otro. Al festejar algo que no depende de la virtud o de la excelencia humana todo festejo pierde sentido, pues da lo mismo celebrar ser mujer que  festejar por no ser perro o festejar la victoria que se sigue a una gran batalla.

Al celebrar el carácter femenino de algunos miembros del género humano como si este fuera un logro, es decir, como si fuera el resultado de una elección y un trabajo constante muestra la necesidad de instituir un día para festejar a aquellos que tras un arduo trabajo consiguen nacer siendo varones.

Sé bien que mis palabras suenan absurdas, en especial cuando son recibidas por los atentos oídos de una feminista. Pues aquellas que ven el día internacional de la mujer el reconocimiento de la labor realizada por uno de los miembros de la sociedad, me dirían que lo festejado en este día no es la acción llevada a cabo por un cromosoma, sino que lo festejado es el trabajo femenino.

Ante este tipo de objeciones, cabe preguntarse ¿cuál es el trabajo femenino que es festejado durante el día internacional de la mujer?, ¿en ese día se celebra la elaboración del trabajo doméstico?, si es así resulta raro que se festeje la elaboración del trabajo que se lleva a cabo en la intimidad del hogar mediante alharacas públicas.

¿No será más bien que lo se celebra en el día internacional de la mujer, sea el acceso que tienen las mujeres al trabajo realizado por los hombres? Es probable que lo festejado sea ese acceso, pues en buena medida es lo que se ha obtenido al buscar la existencia de equidad entre hombres y mujeres. Pero entonces lo que se festeja no es a la mujer o al trabajo que se ha caracterizado como fundamentalmente femenino, sino al hecho de que la mujer se parezca más y más al hombre y a que adquiera dignidad de ser humano mediante el trabajo masculino.

Si atendemos a la preocupación constante porque la mujer salga del hogar y se deshaga lo más pronto posible de las obligaciones que supone el poco importante trabajo que supone la crianza y la educación de los hijos, vemos que lo festejado en el día internacional de la mujer, es que aquellos individuos que portan un cromosoma X hagan las labores que generalmente correspondieron a quienes no tenían la tarea de cuidar del hogar.

Tal parece que lo único que da sentido a la celebración del día internacional de la mujer, es el supuesto de equidad que sostiene a las sociedades modernas, donde la igualdad ya no sólo es formal, sino que ha de ser práctica para que tales sociedades funcionen. Igualdad que equipara lo público y lo privado, en detrimento de lo privado, pues se pone énfasis en lo valioso de lo público y en lo importante que es compartir lo denigrante de lo privado señalando que en casa los pantalones los llevan los dos, hombre y mujer.

Maigo.

Feminismos y telares.

La lucha por la igualdad entre los hombres que da fundamento a la revolución francesa, también da lugar a un movimiento social que originalmente buscaba igualdad de derechos políticos para las mujeres y que devino en un desagradable movimiento de guerra contra los hombres, me refiero al feminismo.

Concuerdo con Cigarra en su texto publicado el día de ayer, cuando señala que el feminismo ha caído en una guerra de mujeres contra hombres, y a ello añadiría que es a partir de una comprensión muy simplona pero primara respecto a lo que significa la lucha de la igualdad del hombre y la mujer que inicia la lucha por la igualdad política que caracterizó al principio al movimiento feminista. Lucha que ha caído en la búsqueda constante de domesticar al hombre, y de cambiar de lugar con él.

Acerquémonos un poco al feminismo, a fin de ver con mayor claridad lo que hay tras sus buenas intenciones.

Es claro que las mujeres francesas que lucharon por la igualdad política entre hombres y mujeres, y que fueron quienes acuñaron el término feminisme, del que proviene nuestra palabra en español, consideraban como aspecto fundamental de la vida política la necesaria igualdad entre hombres y mujeres, en especial cuando ya se había decretado la igualdad entre todos los hombres. Desde la revolución francesa ya no hay lugar para jerarquías entre los individuos, ahora todos son ciudadanos, y como tales todos pueden acceder al poder.

Sin jerarquías que gobiernen en la vida pública de la comunidad, la pérdida de las jerarquías en la vida privada era de esperarse. Antes de la igualdad entre los hombres, que ahora son ciudadanos con igual posibilidad de acceder al poder público, era claro que el lugar del ente masculino era la plaza pública, pues desde ahí buscaría llevar lo necesario para el sustento del hogar. Quien se ocupaba de la vida privada y de lo que ocurría en el lugar donde ésta se llevaba a cabo era la mujer; ella tenía una labor que si bien no brillaba públicamente sí era de vital importancia para el mantenimiento de la comunidad y hasta de la especie, pues en el hogar es donde se forman los individuos formal y biológicamente hablando.

Quien educaba para lo privado era la mujer, y como lo privado es fundamento de lo público, el valor del primero no es menor, sólo diferente. Del valor que tiene el gobierno de lo privado da cuenta Fray Luis de León, cuando señala la importancia de que la mujer se ocupe del gobierno de su hogar, antes que de las vanidades propias de quien se presenta en público, tales como la vestimenta y el maquillaje.

Pero, una vez que se ha determinado la igualdad entre los hombres, lo que supone hacer a un lado las cualidades propias de cada uno de los sujetos que conforman a la comunidad, las diferencias entre lo público y lo privado también se hacen a un lado, y la educación de los nuevos miembros de la comunidad es vista como algo nimio ante la posibilidad de acceder al brillo que trae consigo el gobierno de lo público.

Esta disolución entre lo público y lo privado hace que las feministas sean las primeras en considerar que el trabajo propio del hogar es insignificante comparado con el que se lleva a cabo en la plaza pública, de ahí que busquen el reconocimiento público de lo que ocurre en el hogar, que es donde se encuentra la cama, o al menos se encontraba hasta hace algunas décadas, pues ahora éste objeto propio del hogar se exhibe con honores en la plaza pública para señalar con ello que es más importante que el reconocimiento de las diferencias y por ende de las cualidades propias de cada sujeto que conforma a la comunidad.

Así pues, el feminismo en tanto que lucha por la igualdad entre hombre y mujer, y a veces degenera en la búsqueda del dominio de la mujer sobre el hombre, enseña que virtuosa es aquella que domina lo público y que entierra al hombre en lo privado y que descuida lo privado para ocuparse primordialmente de lo público.

Triste es pensar que desde la lectura del feminismo más virtuosa es Climtemnestra por haber matado a su marido que la dulce Penélope tejiendo en su telar.

 

Maigo

 

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